Nikaury Rosario, soñar a lo grande, un justo derecho del joven emigrante

LA NUEVA OURENSANÍA

Una ilusionada Nikaury Rosario comparte su experiencia en Ourense durante los últimos cuatro años. Llegó con ambiciones las justas, pero poco a poco se va animando. Anhelar algo más que un trabajo por dinero, es una demanda legítima y honrada.

Miriam Blanco/ Marta Vázquez
Publicado: 15 oct 2024 - 07:10 Actualizado: 15 oct 2024 - 09:43
NUEVA OURENSANÍA | Nikaury Rosario

Paramos a Nikaury Rosario Beato por la zona del Barbaña porque imposible no fijarse en su magnífico pelazo. Una argamasa de cabello castaño y rizado, de una belleza agreste pero a la vez domesticada, poco común por estos lares. La joven dominicana de veintidós años se da la vuelta, y descubrimos su increíble mirada, dos ojos pardos del tamaño de una nuez que parecía que hasta hablaban. “Sí claro, te paso mi teléfono”, accede con dulzura. Nikaury encarna la definición de encanto. Días después nos contará entre tantas otras cosas, que le gustaría intentar el sector del modelaje. Pues ya estás tardando, piensa una, a ver si de alguna marca de Textil Lonia le cae un trabajo.

Sobre Moca, su patria

Vino Nikaury de Moca, una pequeña ciudad de República Dominicana que alberga riesgos, de acuerdo con su opinión, y la ubicación de su barrio. “Me crié en un lugar de personas humildes”, explica. Lindaba su residencia con Viejo Puerto Rico, un distrito popular que, por desgracias más que por alegrías, sale a veces en los diarios. Cuenta que su vida transcurría casi en un encierro, para evitar delincuencia y otros males. “El hecho de ser mujer te limita en muchas cosas, yo lo he vivido en persona”, revela sobre la cuestión del género. Allí como aquí la exposición al peligro dista de ser paritaria.

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“Mi madre trabajaba muchísimo, en una fábrica de tabaco, poniendo en riesgo su vida por los tóxicos”, nos cuenta. Mestieres de un mundo lejano, que tratamos de pintar con sus palabras. “La música es algo muy de tradición allá”, contrarresta. Imaginamos un paisaje de balcones poblados de merengue, bachata y salsa, alimentando con sus melodías las plantas.

Rumbo a Ourense

“Mi padrastro y mi madre se conocen ya desde pequeños, vivían en el mismo campo”, revela. Allá es como se le llama a los pueblos, aldeas y emplazamientos rurales. “Con los años surgió el amor, y aquí estamos”, comenta. Ese hombre de sangre latina que cuece hoy pulpo en Ourense, las trajo a su madre y a ella. “Vino nueve años antes, trabaja en el restaurante Peregrinus”, informa, por si alguien quiere ir a probarle una tajada.

“Yo soy muy artística, de detalles, y el ver la arquitectura de aquí, fue un choque, al principio me daba hasta miedo”, aclara. “Empecé a trabajar en hostelería mientras estudiaba auxiliar de enfermería”, explica. “Me fui acostumbrando al gallego y bien”, puntualiza. “Después me salió un curso de emprendimiento para jóvenes”, explica. Cuenta que esta formación le cambió la vida. “Hice un certificado de profesionalidad de marketing y fue enamorarme”, aclara. Quiere estudiar Nikaury con el tiempo Marketing y Publicidad en la universidad, tras ponerle nombre a sus “creencias limitantes”. “Pensaba que no me iba a ir bien haciendo otra cosa”, explica, y se muestra entusiasmada de encontrar otros caminos a la enfermería.

FotosEntrevista-Nikaury (8)
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Trabaja ahora Nikaury en un establecimiento de comida preparada del centro, cerca de donde vive con su familia, en la calle Bedoya. “Hay una señora que viene cada dos días a comprar dos pollos de corral troceaditos para su perrita”, explica. “Ese gesto me causa mucha ternura”, confiesa, al hilo de hablar de la clientela.

“Nunca dejar de aprender”, dice sobre sí misma, y por lo que ha contado previamente se ve que sabe encontrar la chispa en cualquiera de sus faenas. “Modelaje y ayudar a los demás, aún no sé en qué, informar, educar”, comparte Nikaury algunas metas.

“Al año de venir gasté mis ahorros para volver de visita a República Dominicana”, comenta, “quizá fue una locura”, no quiere ser malinterpretada. Esta frase ofrece la clave que nos corrobora que Nikaury Rosario pasará de ourensana emigrante a ciudadana plenamente asimilada. El venir aquí puede que fuese por una cuestión de supervivencia, o buscar mejorar la vida, pero no tiene por qué seguir siendo un drama. “Para mí un hogar es un lugar donde te sientes cómoda y segura, y donde hay gente con la que te encuentras bien”, aclara.

“¡Dominicana, y ahora de Ourense!”, responde ella sobre sus orígenes, a los clientes que le preguntan en el trabajo. “Dígoche eu!, le dirán tantos, su expresión favorita en gallego, nuestro idioma que ya casi habla.

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