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La violencia nocturna, la desobediencia, los atentados a agentes y las peleas cotizan al alza desde que finalizó el confinamiento. Sin embargo, durante el último mes experimentaron un crecimiento aún mayor y con protagonistas que generalmente se presentaron armados en escena. Otra característica que los caracteriza es que tienden a juntarse en pequeños grupos y son de joven edad, incluso menores.
Desde diciembre, se contabilizaron ocho agresiones y reyertas, todas ellas ocurridas de madrugada. La última fue el pasado sábado en Doctor Fleming, a la salida de un pub. Más de 20 personas se vieron implicadas en una pelea a varias manos en la que, pese a tener conocimiento, la policía no intervino. “Una sola patrulla para tanta gente podría ser peligroso, así que nos coordinamos con otras dos antes de ir”, explican desde el Cuerpo Nacional de Policía. Finalmente, se resolvió por sí sola. Un mes antes, el 19 de diciembre, había ocurrido lo mismo pero entre dos mujeres. La Policía Local intervino y los agentes también resultaron heridos. Cinco días antes, un hombre que iba acompañado por otro, agredió a un policía local que le pidió que se identificase, dado que horas antes había propinado un golpe a un médico en el hospital. No lo hizo y lesionó al agente.
El 4 de enero, un joven de 29 años amenazó de muerte a un viandante con un cuchillo. La víctima simplemente iba caminando de madrugada con sus amigos cuando el agresor se sacó un cuchillo de la ropa y comenzó a gritarle.
La semana de Navidad, la Policía Nacional detenía a un joven por un delito de lesiones en la plaza del Corregidor. Eran las 3,45 horas de la madrugada. Cuatro compañeros salían de trabajar cuando se toparon con un grupo de seis integrantes. Fueron a por ellos a base de patadas y puñetazos, a uno le llegaron a romper el tabique nasal y otro le repartieron varios cortes con una navaja.
Dos días después, detenían a tres jóvenes que increparon y lanzaron botellas a otro que estaba en un bar jugando al futbolín. Lo hicieron entre cinco y generaron a la víctima un traumatismo craneoencefálico.
Otro delito que se incrementó considerablemente el último trimestre fueron los robos con violencia. En solo un mes ocurrieron cinco. El último ocurrió la semana pasada, cuando siete jóvenes -uno menor de edad- presuntamente amenazaron a otro hombre para que este les entregase su teléfono móvil. Según relató, le pusieron un machete en el cuello y le aseguraron que “lo iban a mochar”.
Cinco días antes, agentes de la Policía Nacional detenían a un lucense que había intentado llevarse a la fuerza el bolso de una mujer con la que se cruzó por la calle, antes de que amaneciese. No era la primera vez que lo hacía, sino que unas horas antes había agredido a otra mujer en las mismas circunstancias.
Además, el 30 de diciembre, un ourensano de 48 años empujaba a un conocido que horas antes le había invitado a una consumición en un bar. Lo tiró al suelo, le dio bofetadas, puñetazos y le pidió 50 euros. No consiguió el dinero pero, forcejeando con la víctima, consiguió sustraerle el teléfono y la cazadora. No son casos únicos, a mediados de diciembre una banda propinó una paliza a dos amigos que volvían a casa.
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