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Acaba de irse Juan Manuel Iglesias Rivera, ourensano de pro, socialista convencido y muy conocido por el Ourense de siempre, aunque probablemente a las nuevas generaciones se les escape su figura y su trayectoria, brillante, en su paso por la política y por el servicio a la Administración. Esta última circunstancia se debe en gran medida a los catorce años que residió en Lugo, cuando fue nombrado gobernador civil de esa provincia por el primer gobierno de Felipe González, a finales de 1982. Cesó en 1996, como consecuencia del triunfo electoral del Partido Popular, con Aznar al frente. Regresó luego a Ourense, incorporándose a su plaza en la Consellería de Traballo, en donde permanecería hasta la jubilación.
Nacido en Ourense en 1938, era licenciado en Derecho por la Complutense, ejerciendo como abogado laboralista antes de incorporarse como funcionario a la Administración del Estado y posteriormente de la Xunta, en la que llegó a ser jefe de servicio en la Consellería de Traballo. Entró en la política activa en los albores de la democracia como militante del Partido Socialista Popular que lideraba Tierno Galván, en el que llegó a ser secretario provincial y en el que compartió militancia con Anselmo López Morais, Manuel Väzquez Conde o Jacobo de Arce Temes, desaparecidos los tres hace años. Después de la práctica integración del PSP en el PSOE, los cuatro mencionados siguieron haciendo política y alcanzaron puestos destacados en la organización y en el ámbito institucional.
Iglesias Rivera fue concejal y teniente de alcalde en el concello de Ourense, siendo elegido parlamentario autonómico en 1981, la legislatura constituyente del Parlamento gallego. Estaría apenas un año en su escaño, puesto que tras la victoria socialista en las generales de 1982, fue designado gobernador civil de Lugo. Allí dejó profunda huella y le recuerdan todavía hoy con respeto el rigor en sus funciones, su sentido de la responsabilidad y por la cercanía con los ciudadanos, de los que se declaraba humilde servidor.
Abandonadas las responsabilidades institucionales volvió a Ourense para incorporarse a su puesto de funcionario. Siguió ligado al partido desde un perfil discreto, aunque ello no le impidió colaborar con la agrupación local e incluso figurar en la ejecutiva gallega que presidía Emilio Pérez Touriño. De hecho, a finales del siglo pasado, fue uno de los participantes activos del equipo que medió en la profunda crisis que atravesaba el socialismo en O Barco, de la que salió la propuesta de Alfredo García como candidato a las municipales de 1999, iniciando un liderazgo que todavía se mantiene.
Por esa época, recibió la propuesta para presentar candidatura a la alcaldía de Ourense, aunque finalmente no dio el paso adelante, seguramente por la falta de un ambiente interno propicio. Y así se abonó a convertirse en espectador atento de lo que pasaba a su alrededor, dedicado al trabajo y la familia, aunque sin perder nunca la condición de ciudadano afable que disfrutaba del paseo por las calles de Ourense y compartía bonhomía con sus gentes hasta que la salud se lo permitió.
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