Obituario | Plácido Romero Bernardo: un cobijo para sus amigos
OBITUARIO
"Plácido siempre fue un cobijo para sus amigos", señala uno de sus conocidos sobre Plácido Romero
Con frecuencia los dioses son crueles con los mejores. Les corroe la envidia. Sufrió mucho Plácido estos años. Cierto, nunca se arredró. La última vez que lo vi, caminé con él al borde del Miño. Él, con su inseparable perrita. Le dije: “Es sabia y sabe de ti”. Plácido asintió en silencio.
Somos de la misma generación. En su documental, ”Pretérito Imperfecto”, refleja la calle Aduana de Verín. Allí crecimos los dos a pocos metros. Al final de la calle vivían personajes variopintos con un halo atado a la cintura. Cuando fuimos creciendo, nos dimos cuenta de que era una tribu de represaliados políticos con los que nos costaba hacer amistades.
Los padres de Plácido eran zamoranos. Su padre padeció cárcel durante la guerra civil. Después de rodar por España, dio con Verín. Él cuenta que su padre, al llegar a este trozo de mundo, dijo: “Este valle es el mejor del mundo, nos quedamos aquí”. Y allí se instaló. Se metió en el comercio del vino, le fue bien y creó “El Bodegón”, un negocio que está en el imaginario colectivo de la villa. Su padre le enseñó todas las claves y lo preparó para ser su sucesor. Decía él: “Burlé mi destino”. Así fue, su hermano mayor, Manolo, culto, profesor, logró convencer con muchas dificultades a su padre para que emprendiese otro camino en la universidad. Su hermano Manolo era tan especial que la propia Pilar Rahola, alumna suya, escribió su obituario en la prensa catalana.
Allá se fue Plácido para aquel Santiago rebelde cuando mandaba el general ferrolano. Allí lideró muchas veces manifestaciones y estuvo el día en que el Príncipe Galín entró en la facultad con un burro vestido de catedrático. Siempre en primera línea de fuego, sin descuidar los estudios. Después de una multitudinaria movida, el comisario le dijo: “Estás fichado”.
Decidió un estilo de vida creativo. Pronto descubrió que su pasión era el audiovisual. En sus obras, por ejemplo en “Pretérito Imperfecto”, está su alma que es su infancia, una mezcla entre la pedregosa Zamora de sus orígenes y su niñez en el Verín fronterizo y clandestino. Nos ha dejado documentales brillantes. Entre otros, “Cesteando”, la vida de un mozo que regresa al rural para trabajar con las manos. Reivindicó a Pato, un olvidado humorista y actor verinense. Te invito pues, lector, a visionar cualquiera de los films de este hombre auténtico. Cierto es que los recuerdos son el legado más hermoso que nos deja quien parte. Y Plácido siempre fue un cobijo para sus amigos.
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