Otilia, la monja franciscana que recorre las calles de Ourense repartiendo alimentos y dignidad

UNA VIDA ENTREGADA A LOS DEMÁS

Otilia lleva casi 20 años repartiendo alimentos entre las personas sin hogar del centro de la ciudad. “Hay que ayudar a quien lo necesite”, asevera.

Publicado: 17 ene 2025 - 07:00 Actualizado: 17 ene 2025 - 15:08
Otilia, monja franciscana, reparte alimentos a una persona sin hogar.
Otilia, monja franciscana, reparte alimentos a una persona sin hogar.

El reloj marca las 10,50 horas. Acaba de finalizar la misa de las 10,30 horas en la Catedral. Entre los fieles es fácil distinguir a Otilia Sampedro, monja franciscana. En riguroso gris con el hábito de la orden sale equipada con su característico carrito morado con el que reparte alimentos entre las personas sin hogar del centro de la ciudad.

A sus 89 años, sale a diario, haga frío o apriete el calor. El trayecto es corto. Desde Lamas Carvajal hasta las puertas de la iglesia de San Francisco. Sin embargo, el número de personas que atiende cada día no suele bajar de la decena.

La franciscana Otilia lleva toda su vida entregada a la infancia en el colegio Franciscanas de Ourense y a los pobres
La franciscana Otilia lleva toda su vida entregada a la infancia en el colegio Franciscanas de Ourense y a los pobres

Lleva casi 20 años realizando esta labor. “Reparto desde que estoy jubilada. Fruta, pan, fiambres, agua, todo lo que nos sobra en la orden lo traigo al día siguiente”, explica. Su ruta está marcada. Va a tiro fijo a por las personas que más lo necesitan. Todos conocen a Otilia y Otilia conoce las historias de vida de todos. La mayoría son hombres de mediana edad e inmigrantes, pero también hay algún ourensano.

Ruta solidaria

Primera parada, iglesia de Santa Eufemia. A sus puertas le espera Pedro. Al ver a Otilia en la distancia, en su rostro se dibuja una sonrisa. “A Otilia le estoy agradecido de por vida”, afirma.

En la calle del Paseo se concentran gran parte de las personas sin hogar a las que ayuda. A muchos de ellos, como a Plácido, barquense de 38 años, que lleva diez viviendo en la calle, Otilia les ofrece la única oportunidad de comer algo durante el día. En el parque de San Lázaro, se encuentra con Andrea, una joven inmigrante colombiana. “¿Qué tal tus hijos?”, le pregunta Otilia. Y es que su labor va más allá del reparto de comida. El tiempo ha forjado una relación personal con la gente que atiende.

En menos de una hora el trayecto está finalizado. Toca volver a misa en los franciscanos. Se despide restándole importancia a su labor. Como si no fuera ejemplar. “Hay que ayudar a quien lo necesite”, asevera.

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