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Cada Nochevieja, en casa de la matriarca de Taboadela Luisa Iglesias hay una fiesta. Nació hace 108 años en la misma casa en la que vive ahora. Siempre ha soplado las velas en el mismo salón, pero desde hace siete años, una de las mujeres más longevas de la provincia da la bienvenida al Año Nuevo -y al suyo propio- con otra alegría más. La pequeña de la casa, su bisnieta Alexia, también nació la noche de Fin de Año. Ambas comen tarta juntas, pero con 101 años de diferencia. Cuando todas las miradas del 1 de enero apuntan a los primeros bebés del año de cada provincia, Luisa presume de ser impasible al tiempo. Y aunque los achaques empiezan a asomar -casi no camina-, la familia siente que cada 31 de diciembre su matriarca vuelve a nacer como uno de esos niños que ocupan las portadas de los periódicos por la hazaña de ser los que estrenan el calendario.
Luisa Iglesias, es, con toda probabilidad, la mujer más mayor de la provincia, a falta de estadísticas oficiales. Hace unos meses falleció la hasta ahora mujer más longeva conocida de Ourense, una vecina de Trasmiras, que alcanzó precisamente los 108. Para encontrar a la ourensana más anciana hay que remontarse a Josefa, de Cartelle, que falleció en 2017 con la friolera de 111 años. Ahora mismo, hay ourensanas con 107 años en Parada de Sil y San Xoán de Río. Luisa, que dice que no toma ni una pastilla al día y que tiene la memoria intacta, hereda el trono de la eterna juventud.
La centenaria siempre vivió en Taboadela, donde es muy querida. El día de su cumpleaños, el alcalde y la concejala de Servicios Sociales se acercaron a tomar el café con ella para entregarle un detalle como vecina más longeva del municipio. Aceptó con gusto.
Tuvo cuatro hijos y en casa se juntan una quincena de bisnietos para tomar las uvas, tradición que sigue cumpliendo la centenaria a raja tabla. “Sempre estivo na misma casa, adicándose ao campo e cultivando as viñas ata os 90 e pico anos. Gústalle falarnos das cousas de antes, ten a memoria perfecta”, cuenta uno de sus nietos, Pablo.
La familia más cercana también vive en Taboadela y están muy pendientes de Luisa que, últimamente, ya no puede caminar bien. Como anécdota, todos pasaron el coronavirus con alguna que otra dificultad. Pero Luisa, ni se inmutó. “Foi a única da familia que parece que o colleu e nin o soubemos”, dice el nieto, hijo de la hija más joven de Luisa, que tiene 62 años. Las fuerzas le fallan para andar, pero todavía no lo hacen para soplar 108 años rodeada de los suyos.
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