El paraguas que salva la crisis covid: el 60% cobra ya de la Administración

EN OURENSE

La emergencia disparada en abril se estabiliza, pero Cáritas detecta cada vez más necesidad de cubrir gastos básicos, como la luz

Brais Iglesias / David Babarro

Publicado: 26 jun 2020 - 07:47 Actualizado: 27 jun 2020 - 11:15

Ourensanos esperan su turno en la entrada de la oficina a última hora de la mañana de ayer (MARTIÑO PINAL).
Ourensanos esperan su turno en la entrada de la oficina a última hora de la mañana de ayer (MARTIÑO PINAL).

Cerca del 60% de la población en edad de trabajar depende directamente de la Administración como consecuencia de la pandemia, un paraguas que está permitiendo contener una emergencia social que se estabiliza, aunque con algunas alarmas.

A los pensionistas (94.000) y el personal que trabaja al servicio de las diferentes Administraciones (casi 19.000), se unen al paraguas del Estado otras 23.602 personas – 10.000 parados que cobran subsidio y 13.000 en Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE)–. A este montante, se añaden 5.000 ourensanos con prestaciones no contributivas y los cerca de 2.000 que perciben rentas de inserción social. Y, como colofón, 10.000 autónomos que cobraron por cese de actividad .

Un cóctel de 155.000 personas bajo el paraguas de la Administración, casi un 60% de los ourensanos mayores de 16 años, una burbuja que logra contener un futuro que se prevé difícil, "escalofriante", apuntan desde Cáritas. Solo la rápida desescalada ha conseguido ejercer de contrafuerte. El Banco de España lo pone negro sobre blanco. Ourense es la quinta provincia en la que mayor porcentaje de personas han salido del ERTE (un 22%). Solo Murcia, Navarra, Álava y Palencia la superan. En todo caso, algunos sectores tendrán una prórroga, que ayer se confirmó hasta el 30 de septiembre.

Huella social palpable

En Cáritas, desde el inicio de la pandemia han atendido a más de 3.700 personas. En solo tres meses, atendieron un tercio de lo realizado a lo largo de 2019, Solo por las parroquias, con 2.450 personas atendidas en la pandemia, pasaron casi la mitad de usuarios que lo habían hecho el año pasado. "Los datos del año van a ser escalofriantes", avanza la directora de Cáritas Diocesana, María Tabarés. En el comedor social llegaron a servir 692 menús, aunque ahora se va "estabilizando", con algo más de medio millar, cifra que sigue siendo más de doble que antes. "Estamos viendo que las necesidades de la gente que no tiene para pagar la luz o gastos básicos están aumentando mucho, en algunos casos los ERTE no llegan, otros no tienen acceso a él, el ingreso mínimo todavía no está... Es más necesario que nunca que haya gente que colabore, a los que más les cuesta salir es a los de siempre", añade.

En Cruz Roja, notaron cómo en abril se "disparó" la demanda, una situación que ahora se ha "estabilizado", según explica Ángela Ramallo. Han vuelto a atender de forma presencial, después de la "adaptación" durante el confinamiento, donde "los teléfonos estaban siempre ocupados". Han retomado la atención individualizada y el Plan de Empleo. Ahora, a su labor se suma el "asesoramiento y ayuda con los trámites" para el Ingreso Mínimo Vital.

“El colectivo está muy mal"

Uno de los colectivos que está sufriendo es el de los rumanos de etnia gitana. "Lo está pasando muy mal. He estado en contacto con asociaciones de toda España y abogados. Estamos sufriendo y no sabemos exactamente la cifra de extranjeros que han fallecido. He hablado con entidades, pero al estar desbordadas, hay familias de que no han podido recibir lo que necesitaban. La situación no es fácil", explica Puiu Costache, de la asociación de gitanos rumanos de Ourense.

Sistema de citas colapsado en la reapertura de la Seguridad Social

La reapertura de la oficina de Atención e Información de la Seguridad Social sufrió ayer un colapso en su sistema de citación debido al aumento del número de solicitantes para el ingreso mínimo vital. La gente, consumida por los nervios y las prisas, se agolpó en la puerta, buscando información sobre los procedimientos para ser atendidos, mientras que guardias de seguridad y trabajadores del lugar intentaban poner algo de orden en la concentración.

El estado general de las citas previas, el método empleado para asistir a los interesados en la ayuda, fue de colapso en todas sus plataformas: “En la página web no te dan cita porque está saturada. Llamas y te saltan diferentes buzones de voces grabadas diciendo que el servicio no está operativo. Llamé muchísimas veces para conseguir una cita, y lo peor es que yo no vengo a lo de la renta mínima”, explica Olga, una autónoma que acudía a la oficina a entregar documentación referente a otro tema. A medida que llamaban a las personas citadas, otras llegaban al punto de información a preguntar qué debían hacer, sin recibir una respuesta clara.

“Llevo más de tres horas esperando aquí, desde las nueve de la mañana. Un chico muy amable que pasaba cerca me tuvo que ayudar. No me iba el correo y no te deja hacerlo por la página web, que está colapsada. Literalmente hice 50 llamadas, espero que por lo menos no me las cobren", comenta apresuradamente Cristina, al tiempo que vuelve a la mesa de la terraza donde se encuentra el hombre que la ayudó a conseguir la cita.

A este problema se suma la "desproporcionada cantidad de datos que piden, y que ni uno mismo sabe", dice Rebeca, otra de las solicitantes que esperaba pacientemente su turno en la entrada.

Las discusiones comenzaron a aflorar a medida que se acercaba la hora de cerrar, y que, por suerte, no pasaron de acalorados intercambios de opiniones entre los presentes. La trabajadora que llamaba a los citados, tuvo que justificarse ante las protestas: "Nosotros no tenemos nada que ver con los números. Son los que nos dan para pedir cita. No les puedo decir nada más".

José Manuel, uno de los guardias de seguridad, pedía paciencia: "Siendo el primer día está todo en desarrollo. Entiendo que el sistema esté saturado, pero sin cita previa no se entraba antes, y ahora, menos todavía. Paciencia".

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