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reportaje
Setenta y cinco años después –junio de 1944– de que comenzaran las obras de construcción con la cimentación de los arcos , y sesenta y siete años después –el 23 de septiembre de 1952– de que el primer tren, cargado con los técnicos y los ingenieros que lo hicieron posible, cruzase el viaducto, éste está siendo sometido a la reforma y "puesta a punto" más importante desde aquella fecha. Se trata de hacer posible el paso del AVE por encima de esta joya de la ingeniería de la mitad del siglo XX.
Un primer proyecto del ingeniero Cantero Villamil en 1912, y otro proyecto de 1933, que no llegarían a construirse, darían paso al proyecto definitivo firmado por el ingeniero José Luis Tovar Bisbal, en hormigón armado, material que sustituiría a la madera y el hierro de los puentes más modernos. La presencia de rocas en el fondo del río dificultaría mucho la cimentación de los arcos, la escasez de madera para la infraestructura y de un año previsto para la obra. Los obreros que hicieron posible el puente, entre los que se encontraban presos –como era habitual en las obras estatales de la posguerra–, se alojaban en barracones instalados en las márgenes del río.
La inauguración definitiva se celebró el 1 de julio de 1957 en presencia de Francisco Franco, quien se bajó del tren antes de cruzar el viaducto privándose así de la hermosa panorámica de la ciudad y del río que se ve desde allí. En estos 75 años de existencia, por las vías del viaducto cruzaron el Miño las imponentes locomotoras de vapor, arrastrando los expresos nocturnos, los TAF, los TER y los Talgo, único tren inventado por un español, además de numerosos trenes de mercancías.
Con la inauguración del viaducto se completaba la línea Zamora-Ourense-Coruña iniciada en los años veinte del siglo XX y paralizada drásticamente en 1932 cuando el entonces ministro de Fomento, Indalecio Prieto, pronunció la radical frase: “Ni un real más para el ferrocarril gallego”. Las obras se reiniciarían en la posguerra con un gran impulso dado desde el gobierno de Franco .
Cuevillas: "Representante de los tiempos de ahora"
Del viaducto escribió Cuevillas en La Region: “Es el representante de los tiempos de ahora, de masas compactas, de colores grises, de elementos indiferenciados y sin acuse”.
Esbelto, hermoso y desafiante, el viaducto revaloriza el hermoso paisaje, hasta entonces protagonizado por el Puente Viejo y el Nuevo. En los primeros años del Viaducto los ourensanos solían llegar hasta el bancal de piedra del Puente Nuevo, atravesando un paseo de árboles plátano, donde se sentaban a ver pasar trenes por el nuevo puente. No estaría mal plantearse la posibilidad de que este puente fuera accesible a los vecinos a algunas horas del día para contemplar desde allí el Miño, la ciudad y los demás puentes.
Nota: Parte de esta información y las fotos proceden del número 31 de los Cuadernos de Historia y Arqueología de la asociación ourensana "Carrileiros”, del que son autores Paco Boluda y Manuel Hernández, y del estudio del Viaducto realizado por un grupo de estudiantes de Caminos en 1999.
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