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Ourense estará a finales de año "rodeada” de radares fijos. Un proyecto firmado por el Concello de Ourense, cifrado en casi un millón de euros, traerá controles de velocidad permanente en todas las salidas de la ciudad. Concretamente, se instalarán en las calles Otero Pedrayo 18, Gómez Franqueira 35, Pena Trevinca 40, Nosa Señora da Saínza 54 y la avenida de Marín 42, además de en Seixalbo, entre los números 10-12, y otro en la N-120 a la altura del kilómetro 571, en la salida de O Pino. Sumados al que ya se prepara en la N525, supondrá que todos los vehículos que entren o salgan de la ciudad pasen por esos controles de velocidad.
Una situación que desde la Federación Española de Técnicos de Educación Vial (Fetevi) consideran idónea para que los ourensanos “se quiten el estigma del afán recaudatorio”, según comentó uno de sus portavoces. La federación cree que la llegada de estos dispositivos puede ser una oportunidad perfecta para “dar un giro de 180 grados en la política de afán recaudatorio”, según los mismo técnicos, y optar por un sistema más informativo y disuasorio que sancionador.
“Hay radares informativos y disuasorios que tendrían cabida en los que se van a instalar”, comentan desde Fetevi, “cuentan con paneles que comunican al conductor que va a una velocidad superior a la permitida sin sancionarle. Se han instalado en ciudades como León, con muy buenos resultados”, añaden los técnicos.
La federación considera que el punto de instalación del primer control en el término municipal “está justificado, porque en ese punto siempre se han registrado velocidades elevadas. Y hay que recordar que, a 50 km/hora, hay un 90% de posibilidades de que un accidente sea mortal”, recuerda su portavoz.
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