ACCIDENTE FERROVIARIO
España, de luto

El reto del piso para estudiantes

REPORTAJE

Más alla de estudios y clases, en el día a día de muchos universitarios hay otros retos; el buscar y compartir vivienda, al margen de necesidad, es una experiencia, y no fácil

Publicado: 11 ene 2015 - 08:54 Actualizado: 20 ene 2026 - 19:15
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La vida de estudiante es una circunstancia cómoda, un tiempo para despertar a la vida adulta sin las exigencias que vendrán después, y aunque se intuyen, todo semeja tregua y bandera blanca. Si a ello sumamos compartir piso, bien por estar alejados del hogar familiar o por necesidades vitales, el cóctel parece un reto perfecto.

Son jóvenes, entre 21 y 24 años, estudiantes, ahora residen de manera temporal en Ourense.

Algunos se conocieron por casualidad, otros ya eran pareja; los hay que viven de sus padres, otros ya están independizados. Otra coincidencia: antes de vivir en un piso lo hicieron en residencia de estudiantes, en la de "As Burgas", una opción interesante, según cuentan, pero cuyo cierre obligó a dos centenares de estudiantes a buscar otras alternativas. Las otras residencias, Florentino Cuevillas -54 plazas- o la Universidad Laboral -200 plazas- no siempre cumplen las pretensiones buscadas; restricción de horarios, falta de intimidad, el hecho de no disponer de cocina el fin de semana o el tener que dejarlas en el período de vacaciones suponen límites e inconvenientes.

Cuestión alimenticia

Diez de la noche, hora de cenar. La anunciada visita del periodista no supone argumento para modificar nada, menos en lo alimenticio. La pequeña cocina es lo más parecido a un camarote al estilo de los ¨Hermanos Marx". El aceite, la sal, la lata de atún, la lechuga, los fiambres, el pan de sandwich se cruzan desafiantes mano a mano en un destino controlado; el fuego también existe, un mix de macarrones y zorza, previa descongelación, es el plato más atrevido. En un tiempo récord de no más de diez minutos, todos los comensales estarán sentados en el salón comedor dispuestos al trámite de la cena.

Samuel Núñez, 24 años, O Carballiño, remata este año ciclo de TAFAD -Técnico de Administración de Actividades Físicas y Deportivas-. Antes había cursado estudios de INEF y Filosofía, pero la experiencia no funcionó adecuadamente; es consciente de que cuando acabe el ciclo de FP en curso se buscará otros complementos formativos. Esta noche su menú serán dos sandwiches de jamón y queso. Tania Taboada, 23 años, O Carballiño, cursa último curso de Trabajo Social: "Estoy con las prácticas, después me queda el trabajo de fin de grado, y a ver si abandono Ourense después de tantos años". Tania ha vivido en residencias varios años, en la de Florentino Cuevillas; el año pasado compartió un pequeño piso con otros estudiantes, entre ellos Samuel -su pareja- en la avenida de Buenos Aires, por el que pagaban 200 euros. Por el de este año, con calefacción y comunidad incluida, en la calle Juan XXIII, son 500 euros. Esta noche no hay complicaciones, toca un bocata de fiambre. Neida de Andrade, 24 años, Cabo Verde, ya remató Turismo y ahora está haciendo un mAster -en Turismo- y cursa algunas asignaturas de Administración y Dirección de Empresas, una especialización hacia la que quiere orientar su carrera. Vivió con sus padres en Lisboa hasta que estos regresaron a Cabo Verde y ella con una tía recaló un tiempo en Verín. Sus familiares más próximos ahora son unos primos en Canarias. Trabaja -antes ya lo hacía los veranos- desde hace dos años de camarera, hasta las cinco de la tarde y después a la Universidad. Antes de compartir piso, éste es su primer año, estuvo cinco años en la Residencia Florentino Cuevillas, de la que era colaboradora -plazas a concurso que a cambio de servicios les eximen de pago-. "Yo para el primer año recomiendo residencia, después ya no, los más jóvenes se inclinan por la fiesta y tú necesitas estudiar y dormir y resulta complicado", comenta Neida. Esta noche a ella le toca ensalada compartida con Amal Mahfod, saharaui, de 21 años, quien estudia 3º de Turismo. En Galicia ha vivido con familias de acogida, antes en Padrón, ahora está ya independizado. Pelín reservada, habla con un marcado acento galaico, algo que contrasta con sus rasgos árabes. Este es el segundo año que vive en piso, antes estuvo en residencias.

Andrea Cabaleiro, 22 años, Mos. Está en 4º de Turismo, pero por exceso de créditos ha de dejar el trabajo de fin de grado para el curso que viene; ha hecho prácticas profesionales en el Parador de Baiona "e no furancho da miña familia, que cando abre -tres meses- boto unha man". Andrea, además de la cocinillas, es alegre y extrovertida, habla con gheada y dice encontrarse bien en cualquier parte. Esta noche, los macarrones y la zorza son suyos; al mediodía cruzó salmón a la plancha y patatas. Después, otro atracón, de estudios y la noche en vela, mañana tocan dos exámenes.

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