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Economía
O lamentarse o lamerse las heridas y salir adelante. Ourense, tantas veces trasteada por las crisis, se mira en el espejo de otra: el coronavirus es una desgracia, tal vez otra oportunidad. A la provincia la pilla mayor, pero no exhausta. Más de 300.000 habitantes (y bajando), 108.000 pensionistas, un tercio de habitantes por encima de los 65 años, pero eso ya pasaba antes de la pandemia. Ahora, a esos factores hay que añadir más paro, menos actividad, menos consumo. Pero hay vida más allá. Tras el diagnóstico, el tratamiento para afrontar la nueva realidad.
"La tierra ha estado siempre ahí, es nuestro gran recurso, nuestro gran elemento vertebrador, tenemos experiencia y tenemos que añadirle capital humano, que es lo que toca". Andrés Mazaira, coordinador del Observatorio Económico Ourensán, es un firme defensor del sector primario, de la industria agroalimentaria, de la capacidad de transformar el caudal natural de la provincia. "Es el momento, nos hemos dejado ir antes por otros caminos, pero debemos regresar a este", subraya.
Desde la crisis del Covid-19, por sectores destaca en Ourense el crecimiento del número de empresas (+3,40%) y trabajadores (+ 1,77%) en el sector primario y la evolución de empleados es menos negativa en la provincia que en Galicia o España. Incluso en la mitad de las comarcas se ha logrado crear empleo. Xosé Carballido, ingeniero agrónomo, asume que la pandemia ha sido para la agricultura y la ganadería "un choque tan brutal e inesperado, que pode modificar definitivamente os hábitos de consumo, polo que será necesario explorar novas vías de comercialización".
Llama a administraciones y consumidores a "evitar que esta crise leve por diante as explotacións agrícolas e gandeiras e as industrias transformadoras como as adegas, queixerías, elaboracións artesanais, etc". Recuerda que esa malla de actividad "forma o entramado dun rural que foi e será esencial para a produción de alimentos".
Entre otras medidas, Carballido propone "un alivio da presión fiscal e financieira, moratorias e redución dos custos fixos e incluso apoios directos ás rendas naqueles casos que poida existir o risco de peche ou desaparición da propia explotación agraria ou negocio". Mazaira, a su vez, ve ahora una oportunidad para "modernizar y hacer aún más competitivo el sector agroalimentario", sumando agricultura, madera, silvicultura, industria agroalimentaria y transformadora de lo primario, "focalizarnos aprovechando las posibilidades de la digitalización y aplicando ahí talento, capital, innovación y conocimiento".
David Martínez, economista, también ve la oportunidad de "un desplazamiento de la capital hacia el rural para desarrollar aquellos productos que pueden ser exportables y cubrir el autoconsumo". Opta por aprovechar el liderazgo en patatas, vino, hortalizas y otros productos " y poder exportar para traer dinero de afuera".
Patricio Sánchez, subdirector del Foro Económico de Galicia, también percibe que "si uno de los sectores referentes y palanca de la crisis sanitaria ha sido el agroalimentario, la provincia debe aprovechar su potencial y fortalecer la generación de su valor añadido".
Pero las acciones no llegan por generación espontánea. Sánchez invoca "liderazgos fuertes, colaboración y coordinación institucional", pero también "una mejor organización de la cadena de valor, sobre la relocalización de ciertas actividades estratégicas y en torno a las relaciones económicas y sociales de proximidad".
La provincia se encara hacia unos meses de contracción en la actividad y el consumo, por lo tanto, a un incremento del paro. La industria, que mantiene más de 15.000 empleos directos debe apostar por impulsar los procesos de digitalización, "sencillamente porque no hay alternativa", como subraya Andrés Mazaira.
Francisco Javier Rodríguez, director de la Escuela Superior de Enxeñería Informática, avisa que "afrontar lo digital no será una opción y nuestro tejido productivo debe invertir en ello al igual que se invertía en maquinaria tras la revolución industrial".
La provincia no puede perder esa batalla porque, como indica Francisco Javier, "una transformación digital real implica un nuevo liderazgo, implica nuevas formas de pensar y nuevos procesos guiados por software, representando todo ello un cambio integral de la empresa y de su actividad".
El sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) sigue creciendo en Ourense, pero necesita velocidad. Se acerca al millar de empleos, la mayoría con edades en torno a los 30 años.
La Escuela de Informática es un extraordinario vivero y roza el pleno empleo. Su director recuerda que "en Ourense contamos con un ecosistema de empresas y profesionales de la informática que pueden ser una pieza clave en consolidar una industria de software que, desde Ourense, cree productos de transformación digital exportables a todo el mundo". Y para ello no hace falta auxilio externo porque, como matiza, "en nuestra mano está potenciarlo mediante la generación y atracción a dicho ecosistema de inversiones y talento".
El economista David Martínez también aboga por "fabricar cosas tangibles y no servicios, así como generar cambios en los modelos de negocio hacia la digitalización y los sistemas sanitariamente sostenibles". Entre otras medidas, urge también una apuesta por la innovación y la capacitación industrial.
La construcción, otro de los pilares de la actividad, con más de 8.000 empleos deberá apostar por nuevos modelos de negocio, con nuevas soluciones en el campo residencial. Miguel Gil, presidente de la Fundación de Estudios Inmobiliarios, cree que es posible el retorno a ciudades pequeñas como Ourense, también al rural. Por otra parte, las grandes constructoras deberán seguir engordando fuera su cartera de pedidos porque la obra pública no se licita al ritmo de los últimos años en el mercado interno.
La provincia ha hecho una apuesta por el turismo como elemento estratégico, pero los viajes estarán limitados por una temporada y las estancias, condicionadas a la nueva normalidad. El termalismo, siempre en el discurso, pocas veces en la realidad, asume serios retos. Pedro Araújo, profesor de la Facultad de Ciencias del campus y experto en apartados como geotermia o termalismo, lo tiene claro: "El futuro de Ourense Capital Termal pasa por un cambio profundo del modelo actual, de escaso valor añadido". Y agrega: "Hemos de ser conscientes de la riqueza que atesora nuestro subsuelo y que su puesta en valor no sólo mueve nuestra economía si no que mejorará nuestro bienestar y la imagen que se puede trasladar de la sociedad ourensana". Araújo establece una cadena de prioridades como que "el apoyo de las administraciones a los diferentes proyectos balnearios debe ser claro y diáfano, sin menospreciar la apuesta por otros productos de alta potencialidad".
Recuerda además que la geotermia, "en tiempos en que las energías fósiles alteran nuestro planeta", se presenta como una herramienta para el desarrollo urbano y territorial. Y aboga por un nuevo subsector, inédito en Ourense, la generación de productos cosméticos, alimentarios o de bebida "que son exportables y comercializables en el exterior". Así, y solo así, entiende Araújo que las potencialidades de la provincia harán de ella "una marca en torno al termalismo".
Pero todas las apuestas requieren una conjunción de iniciativas de todos los agentes sociales. La propia sociedad y quien le representa, las instituciones. José Ángel Vázquez Barquero, profesor de Fundamentos del Análisis Económico en la Facultad de Empresariales, recuerda que "Ourense tiene capacidad financiera suficiente para afrontar la crisis con recursos propios". En todo caso, cree que urge "recuperar el diálogo social e institucional y abandonar iniciativas megalómanas, porque no es el momento de ocurrencias", en una clara alusión al gobierno de la ciudad.
Pero esta crisis, de origen sanitario, afecta a las personas y en ellas se debe pensar. El economista David Martínez apuesta por atender a los colectivos más castigados (comercio, hostelería, autónomos) para salir adelante a la misma velocidad. Ante situaciones tan complejas, como avanza Barquero, "el consenso político y social es más importante que nunca".
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