El sueño de la escultura urbana

Reportaje

El interés por decorar la ciudad con esculturas está relacionado con su desarrollo urbano. Es algo común desde mediados del siglo XIX, y por tanto a la moda. No es asunto menor, más allá del acierto, el tema influye en la apreciación ciudadana.

Publicado: 02 may 2021 - 05:09 Actualizado: 04 may 2021 - 09:25
El despertar del imponente granito de Carrera al final del Puente del Milenio invitaba a hacer lo propio con la ciudad. (Fotos: José Paz)
El despertar del imponente granito de Carrera al final del Puente del Milenio invitaba a hacer lo propio con la ciudad. (Fotos: José Paz)

No fue robada, apareció -por suerte- entre unos arbustos, semitapada, detrás del edificio de Cruz Roja. La semana pasada tuvimos constancia de la desaparición de tres esculturas en el Parque Miño, un lugar sin vigilancia y abierto por la noche; dos de las esculturas ya estaban custodiadas por la empresa concesionaria, una a restaurar, la de Arturo Baltar; ahora, la tercera, la de Xosé Cid, reaparece maltrecha como un alma en pena. Todo semeja un mal sueño.

Todo un museo

Ochenta, en números redondos, es la cifra de piezas escultóricas hoy patrimonio del Concello de Ourense. Imágenes que modelan y moldean -en el transitar del día a día- la visión ciudadana, así como la valoración proyectada por la propia urbe, más allá de matices estéticos o valores plásticos, a veces bien cuestionables.

OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. Pablo Iglesias, de Ramón Conde. José Paz
OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. Pablo Iglesias, de Ramón Conde. José Paz

Desde el Paseo, al Posío; del Parque Miño hasta la Chavasqueira, donde reina, a veces sumergida -no podía ser menos- la sirena de Acisclo Manzano. Acisclo, el escultor más citado; Buciños, Cid, Conde, Faílde, también el pintor Quessada. La más antigua, muy al estilo del XIX, la erigida por una comisión ciudadana en honra del insigne y venerado sabio Padre Feijóo, de 1887; la última, Muller durmida, de Antonio Faílde, donación de su hijo -2019- y ubicada en la calle que lleva el nombre del gran escultor. Muchas, levantadas en honor de personajes meritorios, desde Concepción Arenal, promovida por cuestación popular, en 1898, hasta la de Estanislao Reverter y Antonio Colemán -sufragada por la Diputación- en honor de quienes promovieron la actividad automovilística en Ourense. Vicente Risco, Ferro Couselo, Blanco Amor, Florentino Cuevillas, Otero Pedrayo; cada ciudad ensalza a sus más destacados ciudadanos y los proyecta en bronce o granito. Pero también las hay de marcado acento costumbrista, como acontece con La Lechera, La Castañera, o con O Carrabouxo, en honor al popular personaje creado por Xosé Lois en las páginas de este periódico.

OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. Antón Faílde, escultura en rúa Antón Faílde. José Paz
OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. Antón Faílde, escultura en rúa Antón Faílde. José Paz

Las hay alegóricas, casi etéreas como las ninfas surgidas de la mano de Acisclo en el mural realizado para la remozada piscina de As Burgas, en 1989, que convive in situ junto a la abstracción del añorado Luis Borrajo, A casa da nube. De las de más valía, una del periodo franquista, en la figura de un ángel alado sosteniendo la imagen de una figura abatida en “combate”, muy propio de la época que llegó a portar en su parte posterior una imagen de yugo y flechas de la Falange. La valía de Francisco Asorey queda fuera de toda duda, incluso en esta pieza de tanta intencionalidad por parte de los promotores del régimen. La mayoría de las obras se erigieron a finales del pasado siglo -años 80-90-, momento en el que muchas ciudades entraron en un afán competitivo por rellenar los espacios públicos, plazas, avenidas, y jardines; posteriormente, rotondas. Su poderío, al calor del boom urbanístico se percibe hoy. En todas las urbes sucede algo semejante.

OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. O Mouchiño, de Quessada. José Paz
OURENSE 28/04/2021.- Escultura pública en Ourense. O Mouchiño, de Quessada. José Paz

Si las Bellas Artes -históricamente- dignificaban el espíritu, dar vida a una obra que perdure no está al alcance de todos, no todo arte puede ganar la eternidad, ni todos los artistas pueden ser Rodin, o Miguel Ángel. La obligatoriedad de destinar el uno por cien de toda construcción pública elevó la apuesta artística en unos años donde era mucha la que se promovía y la apuesta por el escultor local aumentó la nómina considerablemente. Las calles hoy están llenas de buenos y malos ejemplos; muchos políticos -y ciudades- se convirtieron en agentes artísticos, bien asesorados algunos y con un proyecto de desarrollo urbanístico envidiable; otros se limitaron al mero ornato y hasta a entorpecer el tránsito. Ourense ha vivido momentos interesantes donde la cultura y sus protagonistas han sido motor, al menos al calor de la calle, en un ambiente propiciado por artistas populares y queridos. Pero las circunstancias económico-sociales han mudado, y ciertas instituciones, cargadas de soberbia, hasta han renunciado a la obligatoriedad de ser acicates en promover algo tan esencial. Si bien es cierto que algunas esculturas -Afiador, San Rosendo, el Ángel- fueron remozadas el pasado verano, otras avergüenza verlas en el olvido; al margen de los últimos episodios del Parque Miño. Pues eso.

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