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OURENSE NO TEMPO
A toro pasado sería fácil decir que don Herminio Puertas Díaz fue un “visionario”. ¿Cómo si no se puede llamar a quien con tan solo 21 años y la cartera llena únicamente de ilusión abre una tienda innovadora en la populosa Vigo? El objetivo: vender artículos de gran consumo a bajo coste; algo que llevaba un tiempo “asomando” en el mercado, con los llamados 0,95, pero que él consiguió lanzar con gran éxito. (En los 80, a modo de “innovación”, nacieron los "todo a 100", y actualmente ese nicho de mercado lo ocupan "los chinos".)
El secreto, o mejor los secretos, fueron además de su capacidad de trabajo, el hábil uso de técnicas de marketing y conseguir una increíble red de distribución, comerciales incansables que introducían sus productos en todo tipo de pequeños comercios, lo que, acompañado de sus grandes tiendas, generaba un volumen de operaciones que le permitían comprar a precios impensables para la competencia. La expansión terminó en el año 57, con 10 tiendas situadas en los mejores puntos de la geografía gallega y todo un edificio en el centro de la ciudad olívica. Por cierto, el nombre de Tobaris he leído que hay quien intenta convertirlo en una reivindicación política, pero no me encaja en absoluto; el parecido con "tovarich" (camarada, en ruso) no creo que pase de eso: un simple parecido.
Nacido en León en 1912, casi nada se sabe de él hasta que a los 21 años abre su primera tienda en la Galería de las Tiendas de Vigo (calle Príncipe; no la ubico con exactitud, pero supongo que fue Galerías La Norma, enfrente del histórico estudio de Jaime Pacheco). Únicamente conocemos su pasión por la profesión periodística, unos escarceos colaborando con el diario Pueblo a raíz de sus viajes a Nueva York, la creación de su revista comercial Tobaris y su boda con María Ballcell, hija de otra prestigiosa familia del comercio vigués.
En Ourense abrió su cuarta “gran superficie” en diciembre de 1947. Contaba con la experiencia y prestigio que le daban dos tiendas en Vigo (1933 y 1940), y la de Pontevedra. La ubicación elegida todos la recordáis, en la calle del Paseo 3, al lado de Calzados Celestino (hoy una tienda de pret a porter) y aunque no lo he podido confirmar, dio nombre a toda la galería, de manera consensuada con los propietarios. Nacían así Galerías Tobaris en Ourense, a pesar de que don Herminio solo alquilo los tres primeros locales y cuatro o cinco unidades de escaparate. Si recordáis las Galerías, los locales estaban entrando a la derecha, a excepción de Radio Villanueva, que ocupaba un minúsculo local a la izquierda (donde muchos vimos por primera vez aquellos “objetos del futuro”, los relojes Casio), y el mítico y llorado bar La Barra que se situaba al fondo (por cierto no hace mucho descubrí y creo que ya os comenté que La Barra comenzó su andadura siendo una marisquería, lo de los bocadillos de calamar fue a posteriori...).
Herminio Puertas en 1951. Vigués de adopción, leonés de nacimiento.
Ya que empecé, permitidme que recuerde los negocios que acompañaban a estos, y que por mis datos fueron mayormente longevos: el estanco-bombonería de Dos Hermanas, la tienda deportiva de Fernando Bouso y una elegante camisería: Del Carlo, de la familia Carvajal, que en los últimos tiempos dio paso a otra de ropa de niños: Picos.
Pero volvamos a Tobaris. El primer encargado fue Telmo Chantada, a quien sustituyó Antonio Sabas a finales de los 50; ellos se encargaban de que el escaparate fuera un espectáculo, por la variedad que mostraba durante todo el año. Eran los comienzos de la expansión del plástico y su versatilidad era muy valorada; pero no se quedaba en eso la oferta: bolsos, carteras, peines, bolígrafos, bisutería, incluso aquellos rulos de plástico que nuestras madres se ponían en la cabeza para parecer marcianas, ¡estaban como cabras! ¡Ah! sin olvidar los artículos de souvenir turísticos: esbeltas andaluzas compartían escaparate con aquellas Carmiñas, y las replicas de gaitas.
Tema aparte, las navidades. Ahí el protagonismo pasaba a los juguetes. Enormes camiones (que nunca tuve), escopetas con el corcho sujeto con una cuerda (que poco duraba, la cuerda...) competían con muñecas y cocinas de juguete entre fuertes con sus vaqueros e indios y todo tipo de artilugios de plástico que los enanos mirábamos con ilusión.
Pero al hablar de Tobaris y su fundador, es obligado citar la sutil y directa publicidad que durante todo el año se hacía en prensa. Revisando cualquier año de nuestra región, se puede ver cómo después de la campaña navideña no había santo ni celebración que no tuviera en Tobaris el artículo ideal para regalar, sin olvidar las campañas del duro (todo por cinco pesetas). Entre una campaña y otra, Tobaris durante la infancia de muchos de nosotros fue un lugar de paso casi a diario. Y ¡no!, los bocadillos de clamares no eran otra técnica de venta de don Herminio, ése es otro tema...
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