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El reloj marca las 7,45 horas, el termómetro se sitúa bajo cero. El sol aún no ha hecho acto de presencia. Más de medio Ourense aún duerme, pero en sus calles son varias las personas que llevan horas trabajando en una de las madrugadas más gélidas en lo que va de invierno. Operarios de limpieza, jardineros, obreros, repartidores y hosteleros. Todos bregan con el frío para tener la ciudad a punto para el comienzo del día.
Nuestra ruta comienza en una Avenida de Santiago desierta, casi inhóspita. Los valientes que han madrugado se agolpan en el interior de los bares. Calentitos y desayunando antes de comenzar su jornada laboral. Una jornada que para Concha Martínez, operaria de limpieza del Concello, comenzó a las 6:00 horas. Nos pide celeridad. No quiere pararse mucho, sino se “congela”. Cubre a diario la limpieza de las calles de O Vinteún, pero confiesa que “nunca había pasado tanto frío como esta semana. La madrugada del martes al miércoles no había quien entrara en calor”, asevera.
Más abajo. En la Avenida das Caldas. Los obreros de la senda norte sur comienza a trabajar. Entran cada día a las 8,00 horas. “Llegamos antes que sol y nos vamos más tarde que él”, bromean.
“Llevo una térmica y tres capas más, pero aun así noto el frío. La clave está en moverse, si te paras pierdes”,
Continuamos dirección centro. El día comienza a abrirse paso con la salida del sol, pero el mercurio no da tregua. A medida que nos acercamos al casco histórico la actividad laboral va a más. En la Plaza Mayor nos topamos con Francisco. Desde hace 12 años monta a diario las terrazas de varios negocios de la zona. “Llevo una térmica y tres capas más, pero aun así noto el frío. La clave está en moverse, si te paras pierdes”, explica.
Otro que ya ha vivido muchos inviernos trabajando es José Vázquez. Comienza cada día su jornada laboral a las 5,00 horas. Madrugador, como pocos, limpia los cristales de la mayor parte de negocios de la calle del Paseo. “Lo que peor llevo son las manos, las tengo congeladas”, apunta.
A su lado, en los jardines del Padre Feijóo trabajan sobre el terreno dos operarios del Concello. “Llevamos muchos años trabajando, estamos curtidos al frío, pero lo de esta semana lo hemos vivido pocas veces”, nos cuenta Jesús.
Finalizamos nuestra gélida ruta en el Parque de San Lázaro. Son casi las 9,00 horas, pero el termómetro sigue bajo cero. Felisindo Tesouro lleva ya dos horas limpiando los parques de la ciudad. “Lo llevamos como se puede. Estaba mejor en cama, pero hay que dar el callo”.
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