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Los padres que llevaban a sus hijos al colegio y los empleados que apuraban para llegar a su lugar de trabajo se vieron sorprendidos pasadas las 8,00 horas de este miércoles por un helicóptero que sobrevolaba la ciudad, aunque especialmente la calle Celso Emilio Ferreiro. Al principio, muchos lo atribuían a los controles de velocidad que está llevando a cabo Tráfico estas fechas, pero con el paso de los minutos, los que subieron por la calle mencionada anteriormente se dieron cuenta de que sucedía algo más grave.
“Vi llegar a dos coches de la Guardia Civil y bajarse de ellos a unos diez agentes para entrar en el número 12”, explicaba el dueño de un negocio de la zona. Otro, hostelero, señalaba que el registro había comenzado a las siete de la mañana, ya que él los vio entrar porque estaba trabajando y, según añadió, duró “más de una hora”.
Para acceder al edificio, los agentes forzaron la puerta dejándola con daños visibles. “Está todo el cristal roto”, era el comentario más habitual entre los viandantes que caminaban por la acera, sorprendidos por el estado en el que había quedado el acceso, como se puede ver en la imagen.
La misma sorpresa se llevaron los vecinos de la Urbanización Monterrei cuando vieron aparecer a más de una decena de agentes de la Benemérita y de Vigilancia Aduanera. La zona cuenta con numerosos chalets ocupados en su mayoría por familias, por lo que el ambiente suele ser tranquilo.
Allí, la Guardia Civil registró la vivienda número 16, ubicada en la calle Siete. También inspeccionaron la zona del motor de un turismo de la marca Audi de color blanco que se encontraba allí aparcado. Entre tanto, el abogado de uno de los presuntamente implicados se encontraba sentado en el bordillo de la acera esperando bajo el sol, mostrando una actitud relajada.
“No nos lo esperábamos, la verdad es que no sabemos quiénes son los que viven en esa casa, van y vienen, parte del año está desocupada”, contaba una vecina de la zona. Mientras, otra residente esperaba impaciente a que los agentes terminasen su labor para poder tirar la basura al contenedor.
Sin embargo, también hubo residentes de la urbanización que no se percataron de lo sucedido. “No me enteré de nada, si vino la Guardia Civil, yo ni la vi”, aseguraba un vecino que pasaba por la zona haciendo deporte un cuarto de hora después de que se fuese el dispositivo.
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