Viajante comercial, un oficio que se resiste a desaparecer
Los distribuidores tratan de adaptarse a las nuevas formas de venta apoyando al comercio local
A muchos les resultará familiar la profesión de viajante, aunque puede que a otros les parezca un oficio propio de otros tiempos. Y es que no es nada fácil sobrevivir en un mercado dominado por las grandes multinacionales, en donde los consumidores pueden conseguir un producto en cuestión de segundos sin salir de casa. A propósito del pasado mes del Comercio Local, los viajantes apagan sus vehículos por unos minutos para repasar su trayectoria profesional a lo largo de los últimos años.
Los viajantes son las personas encargadas de distribuir la mercancía de algunas empresas a los comercios de venta directa. Se trata de uno de los sectores cuya desaparición se anunciaba ya con el avance tecnológico debido a la crisis que vive el pequeño comercio y a las nuevas formas de consumo. Sin embargo, este oficio se mantiene en pie desde sus inicios en la revolución industrial, por lo que no parece tan sencillo deshacerse del contacto humano, por más que nos empeñemos en intentarlo.
Para ellos, el cara a cara sigue siendo la mejor estrategia de venta. Es el caso de José López, un comercial de Lugo que vende ropa interior y productos de mercería entre los distintos municipios de la provincia lucense y A Coruña. “Lo más importante es hablar con los clientes. No hay ninguna máquina que pueda sustituir el calor humano y el directo”, afirma el vendedor, que viaja por Galicia de lunes a viernes desde hace 26 años. “Al final creas una relación muy estrecha con el cliente”, admite.
GRANDES CAMBIOS EN EL SECTOR
Linos Fernández, uno de los 26 comerciales que trabaja el textil de mujer en Ponferrada desde hace ya 40 años, nota un cambio “enorme” desde sus inicios en este ámbito. “Las tiendas de toda la vida ya no venden como antes y nosotros lo notamos muchísimo”, asegura Linos, que ha disminuido su frecuencia en carretera a raíz del repunte de compras por internet. “Ahora solo viajo tres meses en invierno y dos en verano por toda Galicia y León”, explica. “La gente ya no valora tanto conseguir productos únicos y de calidad”, dice Linos.
Pero no todo iban a ser malas noticias. Ángel Castro desde Ourense, que vende ropa de hogar a parte de la provincia de Lugo, el Bierzo, Asturias y Ourense, reconoce que las nuevas tecnologías también juegan un papel muy productivo en su trabajo actual. “Las redes sociales nos permiten ir a tiro fijo en algunas ocasiones y ahorrar algunos kilómetros de trayecto”, dice Ángel, que se dedica a este oficio desde hace 40 años. “Ahora viajo 1.000 kilómetros de media a la semana”, dice el ourensano. “Al final no queda otra, es renovarse o morir”, dice tajantemente el vendedor.
Los viajantes no son cosa del pasado, por ahora, gracias al continuo progreso que llevan a cabo desde el sector, pero su trabajo depende de muchos otros. “Las ventas de nuestros clientes se redujeron mucho, no solo con la pandemia, sino desde los últimos diez años y esto nos afecta mucho como vendedores”, afirma Ángel. Y es que el salario del viajante se constituye, todo o parte, en base a comisiones de porcentajes sobre el importe de las ventas efectuadas.
Las empresas se hacen cargo de los gastos de movilidad, hospedaje, comida y vehículos de los comerciales. Es por esto que los viajes son cada vez más espaciados en el tiempo, ya que las ventas no permiten desplazarse con tanta periodicidad. “Muchas personas prefieren ir a centros comerciales y consumir productos que tiene todo el mundo”, explica Linos, que desde hace más de diez años solo trabaja durante cinco meses. “Viajo tres meses en invierno y dos en verano”, indica.
Estos trabajadores todavía son uno de los motores que mantiene viva la economía y la personalidad de muchos barrios y pueblos. Su labor, muy poco visibilizada entre la población, contribuye a que vecinos y turistas puedan acceder al producto local con el valor añadido del calor humano. Ellos luchan a contracorriente en un mercado que amenaza su oficio.
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