UNA HISTORIA COMO REGALO
El cuento de un carballinés para enseñar a sus hijas a quererse
UNA HISTORIA COMO REGALO
Alejandro López Álvarez es biólogo marino, pero cuando la vida se le volvió cuesta arriba hace dos años encontró en la escritura una manera de canalizar la tristeza. En sus momentos de inspiración volcó sus sentimientos en las palabras y dio forma a una historia como regalo para sus dos hijas pequeñas. Esa muestra de cariño se ha convertido en el libro “Las amigas del espejo”, un texto con el que debuta en la literatura infantil.
“Quería regalarles a mis niñas un libro en el que ellas fueran las protagonistas, para enseñarles qué hacer cuando las cosas se ponen difíciles y deben salir de su zona de confort”, explicó el escritor carballiñés durante la presentación de su obra este sábado, en la librería Escolma. Estuvo acompañado de sus hijas, Emma y Lúa, que dan nombre a los personajes principales del cuento.
“Las amigas del espejo” es un relato sobre “aprender a quererse, valorarse y confiar en uno mismo”. Sus páginas siguen a dos hermanas que se ven obligadas a mudarse a una nueva ciudad por el trabajo de su madre. Allí no conocen a nada ni a nadie; sus amigos ya no están a su lado y en medio de un ambiente desconocido deben afrontar un problema: el acoso escolar. “Como padre, el bullying es algo que me aterra. Con este libro quiero darles mi apoyo para que se fortalezcan y se digan a sí mismas: ‘Somos estupendas, somos listas. Valemos mucho’, aunque alguien les quiera hacer creer lo contrario”, expresa López con contundencia.
el relato transforma las vivencias de infancia del autor en una guía para que ningún niño se sienta solo en el colegio
El autor cuenta que las Emma y Lúa de la vida real no han pasado por el mismo proceso que las heroínas de su cuento. Pero él sí: “Mi madre, profesora, cambiaba continuamente de lugar de trabajo. Y mudarme cada poco tiempo fue una experiencia que me marcó. Todos los recreos me quedaba solo, sentado en una silla del patio. No entendía por qué yo debía pasar por eso siempre que comenzaba a sentirme bien en un sitio, rodeado de amigos. Quise retratar lo que me pasó y lo que yo sentí para ayudar a quien pueda estar pasando por lo mismo”.
López adaptó su escritura a la forma de pensar de un niño de ocho años para que la moraleja de la historia les llegara sin las interferencias del lenguaje adulto. Añadió, eso sí, el elemento mágico de un espejo que ayuda a las protagonistas a ganar seguridad personal.
López no trabajó solo. Sus hijas estuvieron presentes desde que se sentó a escribir. Por eso le gusta decir que los tres son autores del libro. De hecho, antes de enviarlo a la editorial Apuleyo, Emma y Lúa hicieron los primeros dibujos que después adaptaría la ilustradora Ayelen Calabro a su propio estilo.
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