"Estrella distante" de Roberto Bolaño: ejercicios caligráficos en el cielo de Chile
LOS LIBROS QUE LEO
"Estrella distante", es para el lector europeo, una puerta de entrada a la novelística latinoamericana posterior a la estética boom. El texto acerca la lupa a la relación del arte con los regímenes totalitarios, y es, sobre todo, un estudio sobre el mal y la fascinación que ejerce.
En la Barcelona de mediados de los 90, malvive un escritor chileno en doble cuarentena; la de la edad, y la que se ha impuesto en una especie de autorreclusión voluntaria.
Un día, en medio del hambre y el hastío, recibe la visita de un detective privado, Abel Romero. En primer momento el escritor no lo sabe, pero es el único que podría reconocer a Carlos Wieder, un asesino serial del Chile de 1973. Es el momento en que el pragmatismo de una investigación necesita, para llegar hasta el final, de algo tan desprestigiado y susceptible de burlas como la intuición literaria.
Solo el escritor Arturo B. podría identificar estilísticamente el discurso poético de Carlos Wieder que se esconde tras el seudónimo de Jules Defoe en el fanzine neonazi “Los Vigilantes Nocturnos de Arras”. De este entramado de acción parte “Estrella distante” (Alfaguara, 2022) de Roberto Bolaño, pero el río de la novela no nace precisamente en esa escena, sino veinte años atrás, en el Chile del golpe de Estado a Allende por el general Augusto Pinochet.
En ese pasado lejano, el narrador y testigo de excepción, es un escritor veinteañero que acude al taller del poeta marxista Juan Stein en la ciudad de Concepción. Allí, las trillizas Garmendia son las estrellas, admiradas por Arturo B., Bibiano O´Ryan, y la menos ingenua del grupo, la Gorda Posadas. El deslumbramiento y la envidia estallan al unísono cuando aparece Alberto Ruiz-Tagle, falso nombre tras el que se oculta Carlos Wieder, un poeta con un gran atractivo físico, unos versos crípticos, y una “cordialidad distante”, que termina seduciendo a las mujeres del taller. Pero llega el golpe de Estado, y con él el tsunami del horror: Carlos Wieder se ha quitado la falsa cabeza de hule de Alberto Ruiz-Tagle, y se ha mostrado como lo que es; un piloto de la Fuerza Aérea Chilena, que con humo gris y negro escribe los primeros versos del Génesis en el cielo de Concepción.
Lo peor viene después: Wieder asesina atrozmente a las hermanas Garmendia en su casa de campo en Nacimiento, y meses más tarde inaugura una exposición fotográfica con cuerpos mutilados de estas y otras víctimas. Es el triunfo de la muerte y la impunidad; es la destrucción del mito buenista del arte: para Roberto Bolaño, el arte no solamente puede refinar el mal, lo legitima bajo la pátina de una pérfida distinción.
El resto de la novela revela al lector los desenlaces trágicos o anodinos de cada uno de los miembros del taller de Juan Stein, aunque buena parte de sus peripecias transcurren en el empeño de dar con el paradero de un Carlos Wieder cada vez más escurridizo. “Estrella distante”, 30 años después de su aparición, sigue siendo la crónica de una generación perdida, la del narrador. Su tolerable grosor es un estudio sobre la banalidad del mal y una desmitificación de los alcances de la justicia. Leerla es celebrar un tipo de literatura que incomoda y seduce a la vez, esa que no destiñen las lejías del tiempo. Yo confieso que he terminado de leerla con unos lentes que me prestó el propio Roberto Bolaño.
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