Música y lenguaje oculto de la vida

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Todas las mañanas del mundo
Todas las mañanas del mundo

A pesar de su tristeza congénita, “Todas las mañanas del mundo” (Galaxia Gutenberg, 2023) es una obra que, página a página, intenta dar respuesta a una de las preguntas más audaces que nos podamos hacer: ¿qué es lo verdaderamente importante? Lo curioso es que Pascal Quignard desgrana esta interrogante desde unos días primaverales en que sus personajes se agitan en busca de sentido, en una lucha obstinada contra las brumas, las lluvias y el frío que gobiernan Francia buena parte del año.

La novela recrea un sobrio desparpajo familiar anclado en la muerte y el vacío de la pérdida. En una casa a orillas del río Bièvre, Monsieur de Sainte Colombe vive con sus hijas, Madeleine y Toinette. Es un viologambista que se halla en la cercanías de la vejez, y su aspiración máxima es comprender a través de la música, el lenguaje oculto de la vida que no cabe en el lenguaje impostado de las palabras. Esta obsesión tiene su origen en la muerte de su esposa, y en la consecuente culpa de no haberle acompañado en el inesperado desenlace final tras el parto de sus hijas, por hallarse tocando para un amigo en París que había pedido morir bebiendo un vino de Pousey, y oyendo un poco de música. La gran ironía es que Sainte Colombe, por auxiliar una previsible muerte ajena no pudo estar al lado de la persona que más le importaba en el mundo.

Y es entonces que esta rabia la convierte durante años en un entrenamiento furioso que podía durar quince horas diarias. Sin pretenderlo, alcanzó una maestría que le colocó muy por delante de los grandes maestros de su tiempo. Su aislamiento lo convirtió en un trofeo deseable para el rey Luis XIV. Pero Sainte Colombe se hizo célebre a base de renuncias: sentía que la música era algo que no debía ser contaminado por la mano de ogro del poder, y así, mientras más huraño se volvía, tocando en una cabaña que mandó a construir en una morera de su finca, más irresistible y enigmática se tornaba su figura. Es entonces que, atraído por este magnetismo, un joven y superdotado Marin Marais, que sí aspira a convertir la música en un instrumento al servicio de su vanidad personal, a duras penas logra ser aceptado como su alumno, gracias a los ruegos de Madeleine.

Es el contrapunteo entre el arte utilitario, y el arte que evade complacer la vanidad de los cortesanos. Muchas preguntas se imponen. ¿Implica el arte sacrificar a los demás con tal de alcanzar un propósito? ¿Trasciende el arte la vida, o al revés? La novela trabaja con inteligencia temas como el pensamiento contemplativo y nuestra relación con los muertos. Pero más allá de esto, sin las mujeres que dan profundidad a la trama, la obra no sería más que un burdo enfrentamiento de egos. Son ellas las bisagras de sentido en esta carpintería de ficción que su autor ha urdido con sobriedad y belleza.

Por sus obras los conoceréis

Pascal Quignard (1948) es un escritor francés apasionado por la música. En 1994 se dedicó a escribir a tiempo completo. Entre sus obras figuran Todas las mañanas del mundo (1991), y El amor el mar (2023). Su trayectoria ha merecido los premios Goncourt y Formentor.

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