Un Maside de récord: 8 victorias seguidas 35 años después

El Maside actual consiguió igualar una racha de ocho victorias seguidas que logró el equipo de la temporada 1989-90

Álex Bardelás (i) y Tomás Gamallo (d), con el presidente del club, Roberto Rodríguez.
Álex Bardelás (i) y Tomás Gamallo (d), con el presidente del club, Roberto Rodríguez. | Xesús Fariñas

El Maside, tras vencer al Melias, igualó el registro de ocho triunfos seguidos del equipo masidao que en la liga 1989-90 terminaría ascendiendo a la Preferente.

Álex Bardelás (28-8-1992), uno de los actuales capitanes, aún no había nacido cuando sus antecesores lograban esa cifra: “Para todos nosotros es un orgullo y más para mí que soy un chico del pueblo que jugó en sus juveniles”.

No todo eran rosas cuando comenzó la temporada, ya que antes del cambio de entrenador el equipo era colista, con apenas nueve puntos. La llegada de Mindo Surribas lo cambió todo: “De aquellas las cosas no se daban y cuando anímicamente estás mal, a la mínima ocasión nos metían gol, nos veníamos abajo y sabíamos que no íbamos a ser capaces de remontar. Ahora se da todo lo contrario. Mindo nos dijo que confiáramos más en nosotros y nos levantó en lo anímico porque estábamos hundidos”.

De las ocho victorias, las últimas siete fueron como local. “En la primera vuelta los resultados eran malos y ahora que volvimos a nuestro campo, ya renovado, que es muy grande, los rivales sufren mucho y a partir del minuto 60 se les hace muy cuesta arriba. Pensábamos que podía ser un factor que nos iba a influir, pero ninguno pensaba que ganaríamos esta cantidad de partidos”.

Con los actuales 30 puntos aún pueden soñar con acabar en la parte alta: “En el vestuario pensamos que si en la primera vuelta hubiésemos sacado tres o cuatro partidos estaríamos ahora pensando más para arriba que para abajo”.

El Maside del pasado

El interior o extremo Tomás Gamallo (23-12-1963), que era de Listanco, un pueblo cercano a Maside, integraba aquel Maside que entrenaba el mítico Camporro: “No es el fútbol actual, antes era más fuerte, pero ganar tantos partidos se debía a las dimensiones de nuestro campo, uno de los más grandes de la provincia y los rivales en las segundas partes eran cuando patinaban. Había mucha rivalidad con el San Amaro, el Amoeiro y el Cea”.

Aquel registro y posterior ascenso supuso “algo importante, pero aquel equipo tenía algo que falta mucho hoy, la unión, date cuenta de que de allí fuimos varios a trabajar a la fábrica del presidente, casi 11 jugadores”.

Entre las anécdotas, Gamallo recuerda la personalidad del técnico del equipo. “Era muy personal, muy directo, cercano al jugador y cuando entrenábamos físicamente éramos como toros. Además, me unía una gran amistad y la vida nos deparó que él me entrenara, luego yo a su hijo Abraham y este a mi hijo, en el Pabellón”.

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