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COPA DEL REY
Probablemente, la única Copa del mundo que, aunque acumules ronda tras ronda, no deja resaca. El Ourense CF volvió a disfrutar de la mística de este torneo ante todo un Valencia. Porque una mala clasificación actual no ensombrece una historia. Un lujo para un O Couto que ya sabe lo que es disfrutar de experiencias similares y siempre gusta repetir. Una fiesta en la previa, el durante y el post, donde los gorros y las bufandas miraron a los ojos al frío.
Hay una liturgia copera que se cumple con devoción y es esperar por los autobuses de los equipos. Abrió fuego (con botes de humo azul incluido) el equipo ourensano. Sonrisa por aquí, un “chócame las cinco” por allá, con los niños entregados y con David Pérez liderando en velocidad al grupo rememorando su etapa de extremo. Un cuarto de hora después, turno para el Valencia. Muchos auriculares y pocos saludos, exceptuando a Pepelu y Hugo Duro, que tuvieron el detalle de sacarse alguna foto con la chavalada. Gritos de “sí se puede” entre las miradas atónitas de algún vecino despistado, que de todo hay en la viña del señor, mezclados con los clásicos “Peter, vete ya” de los aficionados valencianos que no tragan al propietario y que se calentaron la garganta y el hígado con bebidas espirituosas.
Con la música atronando con un gusto por los éxitos de hace unos cuantos años, la grada supletoria llenándose poco a poco y una majestuosa luna vigilando las charlas sobre el césped de los jugadores el ambiente iba “in crescendo” en el estadio ourensano.
La salida a calentar hizo que los teléfonos móviles florecieran. No sobran fotos o vídeos cuando se trata de una cita de esta magnitud. También esa suerte de quién es quién, tratando de reconocer a los jugadores más reconocibles del conjunto “che”, muchos con guantes porque esto no es el Mediterráneo. Guantes que no hicieron falta para aplaudir a los ourensanos, más hechos a la “rasca” y con la banda sonora del Equipo A de fondo.
Atentos a cualquier detalle, más fotógrafos que en la boda de la hija de Aznar, todo con esa sensación de que muy bien, pero que empiece ya lo bueno. Más bien, lo mejor. Mientras, papel de aluminio para fuera y bocadillo para dentro, que el hambre no entiende de fútbol.
Y el balón comenzó a rodar y llegaron las primeras ocasiones para Sadiq y Jairo, uno por cada bando, mientras la pantalla del VAR aparecía entre los banquillos como un vigilante silencioso. Primera vez que la tecnología arbitral pisa O Couto.
Los gritos de “corrupto” hacia el árbitro se mezclaron entre los ánimos y los aplausos en una primera mitad de combate nulo. Descanso para comentar la jugada y a moverse para desentumecer los músculos.
La reanudación fue desequilibrándose a favor de los visitantes. Dos mazazos que pudieron ser bien distintos si el palo no se cruza en el camino del “talismán” copero Ángel Sánchez. Los cánticos de “a Segunda” (no mayoritarios) sobraron en un partido de guante blanco.
El VAR se fue con el precinto puesto y el Ourense se despertó del dulce sueño copero. En unos años alguien dirá “¿te acuerdas de aquella temporada?”. Pero esto sigue y la liga no da tregua. El premio es demasiado gordo. Toca pasar página, recordarla con una sonrisa y pelear para conseguir la permanencia. No es tan glamouroso, no atrae tantos focos, pero es fundamental.
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