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Juegos Olímpicos de Tokyo 2020
La grandeza de Teresa Portela es casi imposible de cuantificar. Más allá de su estratosférico palmarés, culminado en Tokio con la medalla olímpica que le faltaba, una buena forma de hacerlo puede establecerse en que los sueños y anhelos de cualquiera forman parte de lo cotidiano para la palista de Aldán. Ordinario para el común de los mortales, extraordinario para la canguesa. En Sidney 2000 ya había cumplido el de ser olímpica. Un año después, el de sus primeras medallas en citas internacionales. Y al siguiente verano ya era campeona de Europa y del mundo por primera vez. ¿Qué más le quedaba por hacer?
Pues todo. Unos logros que solo unos pocos alcanzan en una carrera entera servían de pistoletazo de salida para una trayectoria de nivel histórico. Incomparable. Portela siguió acumulando éxitos deportivos hasta colgarse 15 preseas mundiales y 17 continentales. Y siguió escribiendo la historia del olimpismo estatal hasta alcanzar las seis participaciones que le dejan como la única mujer española que ha competido en media docena de Juegos.
Pero, como siempre en su vida, Teri ha ido más allá. El más difícil todavía. Con 39 años y un estado de forma impecable, mantenido durante todo el año extra de espera por la pandemia, la canguesa se plantó en Japón. Como el cronómetro no engaña, la morracense hizo lo mismo que venía haciendo en entrenamientos y selectivos. Estuvo a su nivel. Y brilló con luz propia donde nace el sol.
Ese desempeño le ha servido para colgarse la “ansiada medalla” -no paraba de repetir este calificativo en el aeropuerto-. Fue de plata. “Estoy muy feliz pero no la cambiaría por ninguno de los trofeos que he conseguido a lo largo de mi carrera”, dijo en Peinador nada más aterrizar. Ni falta que hace, porque esa plata, esos seis Juegos, esas 32 preseas internacionales, esa medalla Castelao. Ese ejemplo de longevidad deportiva compaginado con su vida familiar. Es todo suyo. Nadie se lo quita. Pero esto no ha terminado todavía. Quedan más paladas que dar, más entrenamientos que completar, más competiciones en las que luchar. Cuántas serán, lo decidirá ella. Pero faltan tres años para París 2024 y nadie en su sano juicio descarta a Teri Portela para unos séptimos Juegos. “Me guío por mi sensación y por los tiempos. Mientras sean adecuados, adelante. Independientemente de lo que ponga en el DNI”, expresó. Adelante, pues.
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