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Una de las mayores riquezas de Galicia es el bosque. La industria forestal de la comunidad representa el 1,8 % del PIB, lo que supone el 1,3 % del empleo total de comunidad.
Por lo tanto, se trata de una actividad a tener en cuenta. Además, mantiene unos 80.000 empleos en Galicia y garantiza la actividad de más de 3.000 empresas. Muchas de ellas crean y sostienen la mala laboral del rural.
Por lo que respecta a su explotación, existe un factor multiplicador de las rentas que son las talas.
La Consellería de Medio Ambiente calcula una tala anual media de unas 80.000 cortas de madera, que han beneficiado a unos 50.000 propietarios forestales en los últimos 10 años, con un nivel de ingresos de aproximadamente 300 millones de euros.
Esto antes de que la madera llegue a la cadena de transformación, donde puede llegar a producir en torno a los 1.000 millones de euros.
Pero esta riqueza está amenazada. La ola de incendios que afectó al bosque el pasado verano es un claro ejemplo. Galicia, con Ourense a la cabeza, lidera el triste ránking de hectáreas quemadas en este tipo de siniestros.
Los factores son múltiples: el clima, últimamente seco, y con menos nivel de precipitaciones que la media habitual; una tierra envejecida y despoblada que ya no encuentra en el bosque un medio de vida; pero, como aseguran la mayor parte de los expertos, es la unión del factor del minifundismo y del abandono del monte, por la supuesta falta de rentabilidad, el mayor problema de gestión.
Los datos son claros: un cálculo aproximado nos dice que por cada 100 hectáreas que arden en Galicia, 70 son de propietarios particulares. A ello debemos sumar, que según la Xunta, solo en torno al 10% de la superficie forestal gallega está ordenada. Estas cifras nos indican donde se encuentran los principales problemas.
Mecanismo de protección
Distintos mecanismos se han ido desarrollando en la búsqueda de soluciones. El desarrollo de la Ley 7/2012 de Montes de Galicia, que establece el aprovechamiento de los productos característicos de los terrenos forestales, y facilita la aprobación de deslindes entre montes vecinales en mano común y propiedades particulares.
La Ley también recoge como mecanismo de actuación para permitir la agrupación de fincas, el uso de las llamadas Sofor, Sociedades de Fomento Forestal. En la actualidad existen un total de 11 sociedades, entre las cuales agrupan a 489 propietarios de 4.023 parcelas, alcanzando las 2.000 hectáreas de terreno.
En este formato, los propietarios constituyen una sociedad mercantil de responsabilidad limitada, que permite realizar, de forma conjunta, el aprovechamiento forestal.
Con esta figura mercantil pueden coexistir dos figuras, la del propietario de terrenos como fundadores y socios capitalistas que invierten capital en una industria rentable.
Este modelo pretende convertir el bosque en un activo a invertir, atractivo por la presencia de deducciones fiscales y por una supuesta rentabilidad que el tiempo decidirá si es atractiva.
La reciente creación de Axencia Galega da Industria Forestal es otro mecanismo con aspiraciones de puesta en valor del sector forestal.
En este caso, centrado en el gremio de fabricación y con la pretensión de que la industria asuma un papel líder en la gestión directa del monte.
Además de ser incentivador de la innovación, la sostenibilidad y el desarrollo del negocio internacional del sector. En este último punto decir que actualmente el sector es líder a nivel nacional en ventas al resto de España y al mercado internacional.
A pesar de los avances, el sector tiene quejas en su gestión diaria, caso del exceso de burocracia para la gestión del bosque, o la dificultad de plantar especies en ciertas zonas del rural.
A nadie se le escapa que el sector muestra, a pesar de sus cifras, un gran potencial, tanto de puesta en valor del monte, como de desarrollo del rural gallego, siendo un gran creador de empleo.
Vista la situación, sin duda se debe asumir por parte de todos los agentes sociales que la intervención en el bosque es cuestión de aunar a todas las partes, y a buena parte de los gallegos, ya que se calcula en más de 600.000, los propietarios de alguna sección del monte.
Por lo tanto, cualquier avance del bosque debe ser una cuestión de "muchos" donde se equilibren intereses cruzados, con falta de interés y afrontado cuestiones estratégicas como el desarrollo del eucalipto en la geografía gallega; el fomento de industrias auxiliares que le aporten un verdadero valor al monte no solo por tala (setas, castañas, etc).
Y todo esto en el equilibrio de la sostenibilidad del paisaje y su entorno con el fin de potenciar la marca España (Galicia) Verde como motor del turismo de una Galicia con aspiraciones de 6 millones de visitantes al año.
Pero lo más importante del debate es definir la relación que debe establecerse entre el paisaje y quien lo habita, y en que manera se alcanza el equilibrio para que pueda seguir habitándolo.
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