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INFLACIÓN
La cesta de la compra, ese conjunto de productos que conforma el consumo básico de los hogares, dejó de ser una rutina doméstica para convertirse en el termómetro más preciso del malestar económico que atraviesan millones de familias. Desde antes de la pandemia, el precio medio de los alimentos subió un 38,5 %, según los últimos datos publicados en agosto de 2025 por organismos oficiales y estudios independientes. Esta cifra no solo refleja una tendencia inflacionaria sostenida, sino una transformación profunda en los hábitos de consumo, en la composición de las cestas y en la capacidad adquisitiva de los hogares.
Lo que antes llenaba dos bolsas con 50 euros, ahora apenas llena una. El pan, la carne, los huevos, las legumbres, la fruta y el pescado alcanzaron máximos históricos. En el último año, el chocolate subió un 21,6 %, los huevos un 18,3 %, la carne de vacuno un 15,1 %, la carne de cordero un 11,7 %, las frutas un 8,8 %, las legumbres y hortalizas un 8,4 % y el pescado un 6,2 %. Estos incrementos superan con creces cualquier subida salarial registrada en el mismo periodo, lo que provocó un desequilibrio profundo entre ingresos y gastos.
Desde julio de 2021, los alimentos y bebidas no alcohólicas se encarecieron un 33 %, mientras que el análisis de la cesta básica arroja un encarecimiento del 16 % en los últimos 4 años. Aunque la inflación general acumulada desde 2019 se sitúa en torno al 22,3 %, los alimentos fueron el auténtico motor del encarecimiento, con subidas que desangran el bolsillo de las familias.
El tamaño medio de la cesta de la compra cayó casi a la mitad en los últimos 4 años, pasando de 23 a 12 productos por visita al supermercado. Esta reducción no se traduce en un ahorro proporcional. El gasto medio por compra apenas descendió un 13 % en el último año, pasando de 32,5 euros a 28,2 euros. Es decir, se paga casi lo mismo por menos productos. Esta paradoja revela que los precios siguieron una tendencia ascendente, especialmente en los alimentos básicos, lo que provocó que muchas personas hayan renunciado a algunos alimentos.
El 51 % de los hogares españoles reconoce que llega justa a final de mes. La pérdida de poder adquisitivo es evidente, y las ayudas sociales no logran compensar esta erosión. El nuevo consumidor español adoptó estrategias de supervivencia: compra menos cantidad por visita, busca más promociones y descuentos, y acude con mayor frecuencia a los supermercados para fragmentar el gasto mensual. Las marcas blancas ganaron protagonismo, concentrando más del 80 % de las ventas en algunos establecimientos.
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