El autoengaño

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 25 may 2026 - 07:00
Sonia Torre
Sonia Torre | La Región

Escuché en un podcast una curiosa confesión. Una de las participantes reconocía que, a veces, mentía a su psicóloga porque quería caerle bien y que no pensara que estaba fatal. “Soy patética, lo sé”, aseguró. Yo no la definiría así. Conozco a gente que no le cuenta la verdad a su médico y niega dolores o males para, imagino, mantener el espejismo de la salud que, tarde o temprano, se desvanecerá. Las trampas a nosotros mismos son muy frecuentes, sin que muchas veces profundicemos en el objetivo real que perseguimos. Yo misma, para no ir al gimnasio, me he inventado mil veces ocupaciones diversas para consolarme diciendo, “ya se ha pasado la hora, qué le vamos a hacer”. Es curioso el asunto del autoengaño.

¿Por qué estamos dispuestos a mentirnos, inventándonos cualquier excusa, si solo nos perjudicamos a nosotros mismos? La psicóloga cobró igualmente al final de la sesión, aunque sin poder hacer su trabajo, al desconocer la verdad. Lo mismo que mi gimnasio la cuota mensual.

¿Qué subyace en cada mentira que nos contamos? ¿El deseo de justificarnos o justificar a otros, la necesidad de perdonarnos por algo que no queremos hacer pero que pensamos debemos hacer, minimizar algunos errores o ignorar problemas reales que nos quitan el sueño?

Es cierto que, en estos tiempos de confusión y de Inteligencia Artificial, diferenciar realidad y ficción resulta complicado, pero no imposible

Si autoengañarnos resulta tan fácil y natural, aún sabiendo que en la mayoría de los casos somos los únicos dañados, ¿por qué entonces no dejarnos engañar si eso nos reporta algún beneficio o incluso convertirnos nosotros mismos en grandes mentirosos para lograr lo que tanto anhelamos, bien sea una victoria personal o infringir una gran derrota al contrincante?

El problema es que, como decía el poeta Alexander Pope, “el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”. Y de ese madeja en la que acabamos enredados con peligro de asfixia, solo podemos encontrar la salida si asumimos la tarea de buscar la verdad y afrontarla con valentía. Aunque no nos guste, aunque no sea la que que esperábamos encontrar.

Es cierto que, en estos tiempos de confusión y de Inteligencia Artificial, diferenciar realidad y ficción resulta complicado, pero no imposible. Solo hay que mantener la alerta y las ganas. En el fondo siempre reconocemos ese pequeño resorte que nos hace sospechar que estamos ante una trampa, aunque puede que nuestros intereses nos empujen a caer en ella de todos modos.

En ese caso, deberíamos estar obligados a asumir las consecuencias, con la prohibición de señalar a otros y pidiendo perdón a los damnificados, aunque a veces llegue tarde.

Podemos empezar por engañarnos menos a nosotros mismos, aún corriendo el riesgo de no caerle bien a la psicóloga.

Contenido patrocinado

stats