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De esta forma terminó el 'culebrón' que había protagonizado Quinn con la Justicia irlandesa y norirlandesa, después de que la semana pasada un tribunal de Belfast rechazó, a petición del Anglo, la solicitud de protección por bancarrota presentada por el empresario.
Al declararse en bancarrota en Irlanda del Norte, Sean Quinn, de 67 años de edad, podía haberse beneficiado de la legislación británica al respecto. De esta forma hubiese podido volver a hacer negocios y liberarse de su deuda en solo un año, frente a los doce que establece la legislación de la República de Irlanda.
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