RELEVO NA ORGANIZACIÓN
Fin de etapa da comisión do Entroido e Santo Cristo de Laza tras 10 anos
Entre los muchos elementos patrimoniales propios de los que presume Ourense, uno de las más característicos son sus entroidos, cuya riqueza se refleja en las diferentes nomenclaturas que adquiere en el territorio: antroido, entruido o entrudio. Declarados por la Xunta como Bien de Interés Cultural, la máxima protección del patrimonio, en el mapa provincial sobresalen un total de siete entroidos reconocidos como fiestas de interés turístico.
Cinco de ellos lo son a nivel gallego (Laza, Maceda, Manzaneda, Viana y Vilariño de Conso), si bien estos tres últimos aspiran a ser de interés nacional a través de una candidatura conjunta del conocido como “Triángulo Máxico de Alta Montaña”. El Entroido de Verín, por su parte, sí goza de la declaración de fiesta turística a nivel nacional, mientras que el de Xinzo es el único en serlo a nivel internacional. Ambos forman junto a Laza el “Triángulo Máxico” tradicional del entroido ourensano.
Pero si algo tienen en común son los trajes típicos de cada festividad, ejemplificados por las distintas caretas propias que permiten a quien las lleva encarnar a las figuras protagonistas: boteiros, cigarrones, felos, mázcaras, pantallas y peliqueiros.
Detrás de estos personajes se encuentran hombres y mujeres que elaboran a mano, y de forma totalmente artesanal, cada máscara, piezas únicas que son el resultado de una correa de transmisión popular que ha ido preservando estas creaciones sin las que no entenderíamos el Entroido.
Los creadores de estas obras irrepetibles que forman parte de una de nuestras señas de identidad sólo piden “sucesores” para que su arte pueda continuar en el futuro.
El verinés Álvaro Ferreira es un entroideiro de cuna, como él mismo se define: “Nacín e crieime no casco vello de Verín”. Maestro artesano por la Xunta, afirma que su arte a la hora de elaborar caretas de cigarrón “vén da casa”. Pero a diferencia de otros artistas, lo suyo fue una habilidad autodidacta. “Con sete aniños collín un cacho dun tablón nunha obra preto de casa, comecei a cravarlle puntas e a facerme a miña primeira máscara”, detalla como si fuera ayer.
Desde entonces lleva más de 50 años tallando y creando de cero caretas de cigarrón, que también se encarga de pintar. Los últimos 30, además, ha estado impartiendo su saber a centenares de alumnos en el Obradoiro do Cigarrón que organiza cada año el Concello, lo que supone todo un “orgullo”. Su única espinita clavada es no haber encontrado a alguien a quien pasar el testigo: “As novas xeracións deberían seguir ensinando a nosa cultura e a de tódolos pobos”.
Santiago Martínez lleva haciendo caretas de pantalla desde que es un niño y ha hecho centenares de ellas. En su taller de Xinzo de Limia, Arte Arrebol, donde también participa Aurora Dacal, no sólo crean estas obras de arte sino que también dirigen un obradoiro.
Muchos alumnos pasan por el taller para hacer sus propias caretas, pero todos sienten un tremendo respeto por las que hace Santi. Sólo hacer el molde de una de estas piezas requiere de unas 40 horas, y luego aún hay que pintar y darle detalles. Desde hace algún tiempo reclaman la pérdida de la tradición y de la condición artesanal de estas figuras porque no se hacen a mano.
El lazano Aurelio Vila, pese a estar jubilado desde hace años, aún se afana en el taller que tiene en casa en tallar la careta de un peliqueiro, pese a que la edad y la artrosis ya no perdonan a sus maltrechas manos. Estuvo casi tres décadas emigrado en Suiza, en la zona de Sión, y fue curiosamente en unas vacaciones de vuelta a Laza cuando se lanzó a hacer su propia careta, después de ver a un tío de su esposa.
En medio siglo, Vila calcula que habrá hecho “máis de mil, algún ano cheguei a facer 35, e iso en apenas mes e medio coa axuda doutra persoa”. Este año tampoco ha fallado y ha hecho varias, ya preparadas con la mitra a la espera de ser pintadas.
Mari Domínguez Romay es una de las vecinas de Vilariño que aprendió, de manera autodidacta, a elaborar la máscara de boteiro, y es que ya no quedan artesanos que lleven a cabo esta tarea.
La parte inferior se elabora a partir de cartón, dándole forma de manera progresiva hasta adaptarlo a la medida de la cara. Posteriormente, se procede a pintarla, así como a incorporarle la parte superior que, pudiendo ser de diferentes materiales, en algunas ocasiones va ornamentada con flores de papel pinocho de difícil elaboración. La forma varía según la aldea del concello -en Mormentelos llevan “pucho”- y ocurre lo mismo con los materiales. En algunos lugares la máscara se cubre con piel de animales y se incorpora pelo de cabra a modo de barba; además, la tela sustituye al papel en la parte superior. Establecer un precio económico es complejo porque, como bien apunta esta vilariñesa, “o valor sentimental non ten prezo”.
David López tiene 35 años y es un artista de los felos, los protagonistas del Entroido en la comarca de Maceda. Lleva desde los 16 haciéndolos, cuando su tío abuelo, Manuel de Vilardecás, le enseñó el proceso.
Según comenta, apenas lleva unos años haciéndolos bien, “máis parecidas ás de meu tío, con máis relevo nas meixelas e outros detalles máis coidados”. David sigue utilizando las herramientas que heredó de su familia. A pesar de que hoy existen máquinas que facilitan mucho el proceso, él prefiere seguir haciéndolas a mano y “desfrutar de traballar a madeira”. Una sola máscara puede tardar varias semanas en estar finalizada.
Marcos Basteiro es uno de los vianeses que cuenta con los conocimientos para elaborar las máscaras de boteiro. Según explica, la mayor parte cuenta con madera de abedul como material principal, debido a que es fácil de trabajar, no tiene un peso elevado y es resistente y compacta -aunque también se usa el nogal-.
Por su parte, la parte superior está elaborada con varillas de hierro soldadas, aunque en la actualidad muchas de ellas cuentan con aluminio, aligerando así el peso de esta. Sobre eso, se coloca el papel de seda, “unha tarefa moi laboriosa”, señala, en la que doblarlo y recortarlo a la perfección es esencial.
Rubén Hervella lleva más de media vida haciendo los coloridos y llamativos “puchos” de las mázcaras de Manzaneda. Este joven artesano empezó arreglando un viejo pucho de su abuelo, de forma autodidacta y a hasta hoy. “Levo facendo puchos como 25 anos, comencei facendoo para min, dun pucho vello de meu avó”.
Están hechos con una base de cartón “que eu cubro despois con coiro, facendo que sexa blandiña e asente cómoda”, añade, ya que debe estar muy ajustada en la cabeza para poder danzar con ella sin que se mueva. Sobre esta base salían “baras de bimbio e papeis e trapos de colores”, hoy en día el papel pinocho picadito es el que cubre las barras de alambre. “O tempo que me leva realizalos vai en función do tamaño”, al igual que su precio, pero el amor que Rubén le pone se ve reflejado en los más de 10 hechos sólo en este año.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último