Muere James Sallis, novelista y poeta estadounidense

OBITUARIO

James Sallis.
James Sallis.

James Sallis, novelista, poeta, crítico y una de las voces más singulares del noir contemporáneo, murió a los 81 años en su casa de Phoenix, Arizona, tras una larga enfermedad que llevaba tiempo alejándolo de la vida pública. Su obra, marcada por una mirada lúcida y compasiva hacia los márgenes, deja una huella profunda en la literatura estadounidense de las últimas décadas.

Nacido en Arkansas en 1944, Sallis creció entre bibliotecas públicas, trabajos precarios y una fascinación temprana por la música, especialmente el jazz, que más tarde impregnaría su escritura con un ritmo propio, quebrado y melancólico. Antes de dedicarse por completo a la literatura, trabajó como profesor, traductor, músico y crítico, oficios que alimentaron una sensibilidad abierta a lo híbrido y lo fragmentario.

Su nombre comenzó a resonar con fuerza en los años 90 gracias a la serie protagonizada por Lew Griffin, detective, poeta y superviviente de sí mismo, un personaje que encarnaba muchas de las obsesiones del autor: la identidad como territorio movedizo, la memoria como herida, la violencia cotidiana que se esconde en los gestos más simples. Con Griffin, Sallis demostró que el género negro podía ser también un espacio para la introspección, la experimentación formal y la reflexión moral.

Reconocimiento

El reconocimiento internacional llegó con Drive, una novela breve y afilada que años después inspiraría la adaptación cinematográfica de Nicolas Winding Refn. Aunque la película lo convirtió en un nombre conocido para el gran público, Sallis siguió escribiendo desde la misma posición de siempre: lejos del ruido, fiel a una literatura que prefería las sombras a los focos.

Su obra posterior, desde las novelas de John Turner hasta sus libros de relatos y ensayos, mantuvo esa mezcla de dureza y ternura que lo caracterizaba.

Quienes lo conocieron destacan su discreción, su ironía suave y su generosidad con los escritores jóvenes. En entrevistas, hablaba poco de sí mismo y mucho de los demás: de los músicos que admiraba, de los autores que lo formaron, de los personajes que lo acompañaban incluso cuando no estaba escribiendo. Para él, la literatura era una forma de resistencia íntima, un modo de observar el mundo sin apartar la mirada.

James Sallis deja una obra vasta y coherente, un territorio literario donde conviven sus detectives cansados, músicos de todo perdidos y sin esperanza, pueblos que parecen sueños y ciudades que funcionan como tristes espejos rotos.

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