El AVE, ¿una oportunidad perdida para Ourense?

Publicado: 03 feb 2026 - 03:10
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Espero que la memoria, esa compañera desleal y efímera, no me traicione como últimamente acostumbra y que la cronología inicial del relato que les propongo sea la correcta. Si no es así, pido disculpas de antemano y confío en no levantar excesivas suspicacias. Por tanto, con toda la cautela que la cuestión merece, me atrevo a sostener que fue en el 2010, es decir, hace más de quince años, cuando tuve mi primer contacto presencial con el equipo redactor del deseado y postergado nuevo PXOM de Ourense.

El encuentro pretendía ser una reunión de trabajo con el gobierno municipal presidido por el alcalde Francisco Rodríguez en la que se expusiesen las líneas maestras de la propuesta de planeamiento que el urbanista Ánxel Viña y allegados estaban elaborando para nuestra ciudad. Tengo que reconocer que, en lo que a mi concierne, fue un encuentro altamente ilustrativo de como la planificación incide en el desarrollo territorial, más allá de las consideraciones de estricto carácter residencial. En tal sentido, me llamó poderosamente la atención que el relato de Ánxel, por tanto, el enfoque de la propuesta de ordenación urbanística en curso, partiese de una dotación de inminente concreción por aquel entonces, aunque ajena a la lógica de un profano en la materia como yo, la Estación Intermodal del AVE. Es decir, la integración de la Alta Velocidad Ferroviaria en el Barrio de A Ponte se convertiría en el detonante de un proceso de reestructuración de la ciudad y su entorno que afectaría, entre otras cuestiones, a la movilidad interna de toda el área, a la accesibilidad a las grandes vías de comunicación y a la conectividad de los ámbitos de actividad empresarial, al tiempo que propiciaría la concreción de dotaciones educativas, culturales y sociales diversas.

Todo el mundo parecía entender, al igual que en el resto de Europa, que una Estación AVE era mucho más que un simple apeadero de viajeros de cierta procedencia y poder adquisitivo

En definitiva, la llegada del AVE alentaba una reinterpretación funcional de Ourense acorde a una población que aspiraba decididamente a adentrarse en el siglo XXI con plenas garantías de éxito. Y, sobre esta propuesta de desarrollo urbano, Norman Foster y Parners proyectaron en el 2011 la Estación Intermodal a construir. Por tanto, no era de extrañar que las expectativas generadas en nuestra ciudad hace quince años fuesen elevadas. Todo el mundo parecía entender, al igual que en el resto de Europa, que una Estación AVE era mucho más que un simple apeadero de viajeros de cierta procedencia y poder adquisitivo. Estábamos ante una oportunidad única que, de concretarse, conllevaría la intervención pública de mayor calado e impacto de nuestra historia. En consecuencia, la propuesta de Foster recogió las directrices previamente consideradas por los responsables de urbanismo del gobierno municipal.

No solo era cuestión de contemplar en la actuación dotaciones ferroviarias de vanguardia y la pertinente intermodalidad con otros medios de transporte. También había que restañar la vieja fractura que la trama viaria había generado en el Barrio de A Ponte, incorporar ámbitos de recreo, ocio y esparcimiento ciudadano, áreas culturales y deportivas, espacios de negocio y actividad empresarial, viviendas de promoción pública y, en definitiva, generar una nueva “centralidad” en Ourense. Es decir, A Ponte recuperaría en beneficio propio el protagonismo social y económico que tuvo en su día, pero también contribuiría significativamente al desarrollo de la ciudad y, por extensión, del conjunto de la provincia.

Nada de lo relatado era quimérico. A fin de cuentas, se pretendía reproducir la propuesta que cualquier ciudad AVE de nuestro entorno asumiría, y no hace falta desplazarse muy lejos para comprobar que el enfoque adoptado era el correcto. Pero algo se torció de forma inesperada y tengo la impresión de que a ello contribuyó el escepticismo de la alta dirección del Adif. Nunca existió plena sintonía y lo que se impulsaba en Chamartín se cuestionaba en Ourense-Empalme, bajo el argumento del difícil retorno de una abultada inversión en tiempos de crisis financiera. Siempre recordaré el día en que la presidenta del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias me espetó “Europa no nos permite endeudarnos”.

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