Muere Leopoldo González, un policía de los que hacen piña
OBITUARIO
Familiares y amigos despidían ayer a Leopoldo González. Se marcha alguien que es, sin duda, de esos hombres que dejan huella: por su manera de trabajar, por su forma de tratar a los demás y por ese compañerismo tranquilo que no hace ruido, pero sostiene lo importante, especialmente en tiempos en los que ser policía nacional era no solo una vocación, sino también un compromiso diario con el equilibrio -tan delicado- entre seguridad y libertad, en una etapa en la que la democracia se iba afianzando paso a paso.
Leopoldo fue un policía serio, que cumplió escrupulosamente con su labor de ayuda al ciudadano. Serio en su forma de trabajar: responsable, constante, de los que entienden el uniforme como servicio y respeto. Y, a la vez, correcto… muy correcto. De trato cordial, cercano, educado. Bondadoso y buena persona, de esos que hacen fácil la convivencia y dejan un recuerdo limpio. De esos que no necesitan levantar la voz para hacerse notar, porque su manera de estar ya impone: con calma, con firmeza y con humanidad.
Su recorrido profesional está en la historia diaria de muchos compañeros que prestaron servicio con él y saben bien cómo era: serio, correcto y siempre dispuesto, haciendo piña. Leopoldo llegó a Ourense en 1979. Los cinco primeros años los pasó destinado en el cuartel de la Policía Nacional, en la calle Cardenal Quevedo. A partir de 1984, continuó en la Comisaría Provincial, en la ubicación que se conoce actualmente, en la zona de As Lagoas, donde, sobre todo, aquellos policías hoy ya jubilados que le han arropado en su último adiós lo recuerdan con especial cariño.
Antes de asentarse en Ourense, sus destinos también hablan de recorrido y experiencia. Pasó por Barcelona y por Redondela, en diferentes etapas y responsabilidades, tanto como policía como cabo primero. Ese camino, hecho de cambios, adaptación y oficio, lo fue formando hasta convertirlo en lo que muchos han conocido: alguien fiable, de los que dan seguridad por cómo trabajan y por cómo se comportan.
En Ourense se desarrolló la mayor parte de su andadura profesional, entre 1979 y 2003, hasta su cambio de situación administrativa al cumplir 55 años. Hoy, con 78, esa distancia no ha borrado su huella: porque hay personas que no se van del todo del lugar donde trabajaron; se quedan en la memoria del equipo, en la forma de hacer las cosas y en los pequeños códigos compartidos.
Durante años, Leopoldo desempeñó su labor en la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana. Y en los últimos 14 años, asumió destino en la Brigada Provincial de Información, donde la discreción, el rigor y la responsabilidad se vuelven casi una forma de vida. Ahí, donde tantas veces el trabajo no se ve pero pesa, Leopoldo volvió a demostrar lo que era: un profesional de los que sostienen el servicio sin pedir foco ni aplauso.
Y si algo emociona especialmente al recordarlo es comprobar cómo su forma de ser dejó huella también en casa. En su hija, Ana, persona muy valorada y querida en la Comisaría Provincial de Ourense, dio continuidad al legado de Leopoldo: el del trato correcto, el del compañerismo, el de la entrega tranquila y constante. No se trata solo de llevar un apellido, sino de mantener una manera de estar y de trabajar que los demás reconocen y agradecen; en el caso de Ana, además, de forma muy especial, por su desempeño y la labor que viene desarrollando como presidenta de la Asociación Auriens.
Leopoldo hacía piña. Esa expresión tan nuestra define a la perfección lo que es el compañerismo, lo que es ser un buen compañero: alguien que une, que no divide; alguien que suma, que no compite; alguien que entiende que, en este oficio, la confianza entre compañeros vale oro. Por eso, ayer, al despedirlo, se notó gratitud: por tantos años de trabajo bien hecho y por su manera de estar, siempre correcta, siempre cordial.
A Leopoldo le deseamos un descanso feliz y merecido. Y, sobre todo, que su familia lo recuerde -y lo siga teniendo cerca- como lo que siempre fue: una persona buena, muy cordial, y un hombre que hacía piña con los suyos.
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