Karmelo Bizkarra: "Los celos y las mentiras enferman a las personas"

Karmelo Bizkarra reivindica en el Foro La Región la importancia del trabajo emocional para la curación

Imagen del doctor Karmelo Bizkarra.
Imagen del doctor Karmelo Bizkarra.

Karmelo Bizkarra, que fundó el innovador Centro de Salud Vital Zuhaizpe, ubicado en Navarra, protagonizará el próximo Foro La Región, que acoge el Centro Cultural Marcos Valcárcel mañana jueves a las 20,30 horas. Durante su ponencia, el médico vasco aportará su visión sobre la salud: Bizkarra reivindica la importancia del trabajo emocional para la curación, y llama a tomar conciencia de lo que aportan los alimentos al organismo.

¿Qué es la salud para usted?

Para mí, es la armonía entre lo que vivo y lo que quiero vivir. Y entre lo que siento, lo que pienso y lo que hago. Y es que muchas veces enfermamos porque no existe tal armonía. Mi línea es la de la medicina higienista, término que proviene del nombre de la diosa griega Higía, deidad de la curación. Abordo el arte de curar a través del arte de vivir, porque si vivo de determinada manera, y esto me provoca una patología, seguiré enfermo mientras no cambie mi actuar. El mejor remedio es evitar la causa de la dolencia, pero muchas veces nos contentamos con aliviar los síntomas, y entonces se dice que el enfermo está curado. Pero curar es otra cosa. La palabra doctor viene del verbo latín ‘docere’, que significa enseñar. Por lo tanto, yo, como doctor, debo aconsejar a mis pacientes para favorecer la posibilidad de autocuración que está presente dentro de todos nosotros: los huesos rotos se curan gracias al “médico” que habita en nuestro interior.

Su ponencia de mañana lleva por nombre “Medicina con alma”. Entonces, ¿cómo define al alma?

Es una parte de nosotros: el alma es el intermediario entre el cuerpo, finito y temporal, y la esencia nuclear de mi espíritu. En conclusión, es lo que nos permite ser alguien sintiente y pensante. Y aquí cobra importancia la emoción. Sin ella, lo que nos queda es solo sobrevivir. Y, en estas condiciones, la gente enferma. La emoción da calidad y color a la vida. Sin ella, nos marchitamos. Además, la emoción nos permite relacionarnos con las demás personas y la naturaleza. El término viene del latín y se deriva del verbo emovere, que se forma sobre movere, que a su vez significa ‘retirar, desalojar de un sitio’. Por tanto, debemos buscar el equilibrio entre el sentimiento (interno), la emoción (lo que sacamos al exterior), y el afecto (nuestras relaciones con los demás). Y no solo hay un alma individual. También está ahí el alma de la naturaleza, como apreciaban las culturas antiguas.

¿Qué papel juegan las relaciones interpersonales en la salud?

Yo me conozco a mí mismo porque convivo, sin los demás no tendría un espejo en el que reflejarme. Y el autoconocimiento forma parte de la curación: a medida que me conozco, estoy alineado con lo que siento y hago, y entonces me curo. Si pienso algo, siento otra cosa y hago lo contrario, la mentira me enferma. Para mí, está más enferma una persona egoísta, celosa o envidiosa que alguien que tiene un catarro, y además tengo claro que quien tiene ganas de vivir se cura antes.

Usted defiende la importancia de la forma y el color de los alimentos. Al final, de algún modo, sí que había que “comer con los ojos”.

Debemos comer color para favorecer la recuperación del cuerpo. En este sentido, las coles gallegas son muy potentes, y el maíz es otro gran producto. También la zanahoria, que contiene muchos antioxidantes que retrasan nuestro envejecimiento. A veces no valoramos lo suficiente los alimentos de nuestra tierra, que son además para los que está más acostumbrado nuestro organismo. Además, hay que recordar que no solo tomamos proteínas y vitaminas, y que no todo se mide con las calorías. Hay que ampliar la mirada. Cuando me como una sandía, adquiero antioxidantes y también todo aquello que hace que la sandía sea una sandía y no otra fruta. La medicina actual está anclada en el pasado, y considera al cuerpo una máquina de combustión, cuando lo que hacemos es transformar la energía de la comida que tomamos, el agua que bebemos, el sol sobre nosotros y el aire que respiramos.

Y también sostiene que la dieta debe ajustarse a la personalidad.

Si a un niño muy movido le metes el azúcar de las galletas y la bollería, es como si le dieras un chute de café. Por lo tanto, a un chico nervioso, mejor darle verduras, cereales integrales... Las verduras de raíz son además muy necesarias para los niños en desarrollo, porque ayudan a conformar la cabeza y todo el sistema nervioso.

Hay quienes se ven obligados a comer para calmar su ansiedad.

Las patologías tienen historia y hablan de la biografía de la persona. Muchas veces, intentamos tapar con comida las carencias que tenemos en la vida, los sentimientos de soledad y miedo. Cuando nos llenamos de nosotros mismos, no necesitamos atiborrarnos de comida. Lo que debe hacer la persona es ampliar el abanico de cosas que le hacen disfrutar, y practicar deporte, realizar prácticas de meditación…

¿Cuál es su postura sobre el ayuno?

Es un camino olvidado hacia la salud. Lo llevan a cabo los animales en la naturaleza, y también los niños cuando están enfermos, por instinto. Por supuesto, debe estar supervisado por un médico, pero alimentarse durante un día a base de frutas y verduras ayuda a limpiar el cuerpo.

A menudo, la persona enferma es “forzada” a comer por su propia familia.

Es un error frecuente que aumenta el sufrimiento. Comer, cuando no hay hambre, significa forzar una ingesta que el sistema no puede digerir.

¿Qué concepto tiene de Galicia?

Toda mi familia política es gallega, y siempre se me acogió muy bien aquí. Llené el auditorio de Ponteareas con 500 personas hace tres años, y espero un buen recibimiento ahora en Ourense.

Máster en la Universidad de Santiago

Karmelo Bizkarra, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco en el año 1979, fue docente durante más de una década en el master de Medicina Naturista y Complementarias de la USC, y también impartió clase en otros cursos de posgrado de las universidades de Les Heures (Barcelona) y Zaragoza. Además, colaboró en numerosas revistas especializadas y publicó varios libros que versan sobre salud, terapia emocional y nutrición.

Su formación fue constante a lo largo de su trayectoria. Y es que, como reconoce el propio Bizkarra, “terminé la carrera en el 79, en Bilbao, y me di cuenta de que había estudiado muchos síntomas, diagnósticos y tratamientos de la enfermedad, pero había aprendido muy poco de salud, que se logra o no según sea nuestra forma de vida. Es importante expresar las emociones y afectos. Si no lo hacemos, hablarán a través de nuestra enfermedad”, advierte.

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