La extracción del Ivy alarma a científicos y ecologistas

POSIBLE DAÑO ECOLÓGICO

La recuperación del carguero hundido frente a las Cíes genera rechazo por el impacto ambiental

Dos buzos sobre el ancla del Ivy, hundido frente las costas de Baiona en enero de 1976.
Dos buzos sobre el ancla del Ivy, hundido frente las costas de Baiona en enero de 1976. | Fernando Francisco

La confirmación oficial de que una empresa privada ha solicitado autorización para extraer los restos del carguero Ivy del fondo del mar, al sur de las Islas Cíes, desencadenó una oleada de críticas entre la comunidad científica, los colectivos ecologistas y el sector del buceo profesional. La publicación del inicio de los trámites en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 28 de mayo ha puesto en el centro del debate el futuro de un pecio que lleva casi medio siglo convertido en un ecosistema marino singular.

El Ivy encalló el 30 de enero de 1976 cerca de las islas Estelas, frente a las costas de Baiona, cargado con miles de toneladas de mineral de hierro. El naufragio se cobró la vida de cuatro de los más de treinta tripulantes. El casco fue dinamitado en su momento para despejar el tráfico marítimo, pero los restos que permanecieron en el lecho marino han experimentado, con el paso de las décadas, una transformación radical: lo que fue un buque mercante es hoy un arrecife artificial, hogar de pulpos, congrios, nécoras y bogavantes, mimetizado con el entorno sedimentario de la ría de Vigo.

Es precisamente esa transformación la que preocupa a los expertos. Mariano Lastra, catedrático del departamento de Ecología y Biología Animal e investigador del CIM de la Universidad de Vigo, advierte de que la retirada del pecio “sería un pequeño-gran desastre”. En un fondo fundamentalmente sedimentario como el de la ría, cualquier objeto depositado durante tanto tiempo actúa como refugio, zona de puesta y de reproducción para la fauna marina. “Funciona como si fuera un roquedo somero, y por lo tanto, mucho más rico en especies que su entorno. Es como una isla de biodiversidad”, señala Lastra. El investigador alerta también del riesgo de remover esa estructura después de décadas de sedimentación: la liberación de metales pesados y otras partículas a la columna de agua es un peligro real que, a su juicio, “tiene que estar muy bien estudiado y bien explicado” antes de que cualquier operación pueda autorizarse.

En la misma línea se pronuncia Xandro García, biólogo marino y miembro del colectivo ecologista Adega, que subraya que retirar el Ivy “no tiene sentido desde el punto de vista ecológico” y reclama un informe ambiental previo que evalúe con rigor las consecuencias.

La solicitud de extracción ha sido presentada por la empresa Técnica Administrativa Financiera, que deberá tramitar su petición ante la Armada, organismo competente en esta materia según el Reglamento de Extracciones.

“El beneficio no merece la pena por la destrucción”

Iñaki Ferreiro lleva veinticinco años buceando en la ría de Vigo y conoce el pecio del Ivy como pocos. Como responsable de Buceo Islas Cíes, ha sido testigo directo de la transformación del carguero en un ecosistema vivo, y por eso su valoración sobre la operación de extracción es tajante: “No tiene sentido. El beneficio no merece la pena por la destrucción que se va a llevar a cabo”.

Ferreiro cuestiona además la propia rentabilidad del proyecto. Algunas fuentes han cifrado en torno a los tres millones de euros el valor del mineral de hierro que podría recuperarse, pero el submarinista duda de esos cálculos.

“No creo que haya tantas toneladas como creen, y la forma de extraerlo es costosa”, afirma, apuntando a que el balance económico real podría ser mucho menos favorable de lo que la empresa promotora estima.

Más allá de la discusión sobre cifras, Ferreiro advierte de un riesgo que va más allá del propio pecio.

Los movimientos en ese fondo marino pueden liberar contaminantes que las corrientes desplazarían por la ría, una zona en la que operan polígonos de bateas y en la que el turismo tiene un peso económico notable. “Ese riesgo está ahí”, subraya.

Galicia tiene localizados 150 pecios de interés

La riqueza del litoral gallego bajo el agua es tan vasta como difícil de cuantificar. Los arqueólogos de la Xunta Ángel Carreira y Miguel San Claudio cifran en unos 150 los barcos o restos de barcos hundidos que han podido ser localizados y verificados, pero las referencias documentales apuntan a miles de navíos naufragados a lo largo de los siglos. La mayoría no han podido ser encontrados, bien por encontrarse en zonas de gran profundidad, bien porque las embarcaciones de madera u otros materiales orgánicos se han degradado completamente con el tiempo y la acción del mar.

Entre los que sí han podido rastrearse, una parte relevante ha llegado a conocimiento de los arqueólogos gracias a pescadores y mariscadores, que los rescatan accidentalmente en sus redes o los descubren durante las faenas de extracción de navaja o vieira. “En un lugar como Galicia, la gente del mar es una fuente muy importante de información”, subrayan desde el departamento de Patrimonio.

El Ivy, sin embargo, queda fuera del perímetro de protección patrimonial establecido tanto por la Unesco, que fija el umbral de interés arqueológico en los cien años de antigüedad.

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