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AMPLIO OPERATIVO
El mar volvió a poner a prueba a la flota gallega, pero esta vez la reacción inmediata y un amplio operativo de rescate evitaron que el incidente acabase en tragedia. El palangrero “Nuevo Salmón”, con base en A Guarda, se hundió en la noche del jueves a 170 millas náuticas (unos 315 kilómetros) al este de la isla de San Miguel, en Azores. Sus once tripulantes lograron ponerse a salvo y fueron rescatados en una operación coordinada entre Portugal y España que movilizó aviones, helicópteros y un mercante que navegaba cerca de la zona.
La emergencia comenzó alrededor de las 21 horas locales del jueves, cuando el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Ponta Delgada (MRCC) recibió la señal de alerta. El “Nuevo Salmón” había sufrido una vía de agua que la tripulación no consiguió controlar pese a los intentos de achique. Al ver que el barco no se podía salvar, los marineros abandonaron la embarcación en dos balsas salvavidas, siguiendo los protocolos de seguridad.
Desde tierra, el MRCC activó un operativo en el que participaron también el Centro de Coordinación de Salvamento Aéreo de Lajes (RCC), un helicóptero EH-101 Merlin y un avión C-295 de la Fuerza Aérea Portuguesa. Al mismo tiempo, el mercante “MC Standard”, que se encontraba en las proximidades, acudió al aviso y fue el primero en recoger a los náufragos. Desde allí fueron trasladados a Ponta Delgada en helicóptero, donde se confirmó que todos se encontraban en buen estado y no necesitaron asistencia médica.
El “Nuevo Salmón” pertenecía a la empresa Pesquera Lelo Mar. Entre los once tripulantes había tres gallegos: los hermanos José Manuel (armador y patrón) y Antonio R. R. (motorista), así como el hijo de Antonio, segundo motorista. El resto de la tripulación era de nacionalidad indonesia. Según confirmaron tanto la armadora como la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu), pudieron hablar ya con sus familias, mientras se inician los trámites para su regreso a Galicia.
Construido en 1990, el palangrero contaba con 28 metros de eslora y capacidad para 107 toneladas, dedicado a la pesca de pez espada, una flota habitual en aguas próximas a Azores en esta época del año. El barco arrastraba además un pasado singular ocupando titulares: hace dos décadas, cuando estaba en otras manos, fue interceptado con 800 kilos de cocaína a bordo. La investigación apuntaba a que la carga podía alcanzar las dos toneladas, gran parte arrojadas al mar. Su entonces armador, el moañés Javier Hermelo, y otros 16 procesados fueron condenados a penas que sumaron 109 años de prisión. Tras aquel episodio, el buque salió a subasta en 2012 para posteriormente acabar en manos de la actual propiedad.
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