Tres instalaciones mineras en Galicia, un peligro medioambiental

PRESAS Y ESCOMBRERAS

Cuatro instalaciones mineras de Galicia, entre ellas presas y escombreras, figuran como "peligrosas" para el medio ambiente tras varios derrumbes y alertas ecologistas. Los residuos de Monte Neme, Touro y Pedrafita, listados en un inventario de Transición Ecológica.

Balsas mineras en la zona de explotación de áridos en Monte Neme, entre Carballo y Malpica (A Coruña).
Balsas mineras en la zona de explotación de áridos en Monte Neme, entre Carballo y Malpica (A Coruña).

Tres presas (estructuras dentro de balsas) y una escombrera de residuos mineros de Galicia están consideradas como “peligrosas” a nivel medioambiental por un inventario de instalaciones del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), creado en 2012 y actualizado por última vez en 2022.

Entre estas instalaciones, dos (una escombrera y una presa) están en terrenos de la antigua explotación de Monte Neme, que ha sufrido dos derrumbes: uno en 2014 y otro en enero de este año. La lista la completan una presa en Touro (A Coruña), una mina cerrada en los años ochenta y que Cobre San Rafael trabaja para reabrir, y otra en Rubiais, en Pedrafita do Cebreiro (Lugo).

El inventario, según el Boletín Oficial del Estado (BOE), determina aquellas instalaciones con un “impacto medioambiental negativo grave” o que puedan convertirse, a medio o corto plazo, en “una amenaza para la salud de las personas o para el medio ambiente”. Además, todos los emplazamientos que recoge están abandonados.

Precisamente, en su mayoría han sido objeto de advertencia de entidades ecologistas, como Ecoloxistas en Acción, que avisa de su potencial contaminante y de la posibilidad de “acumulación de líquido”, que puede derivar en “una avalancha de agua” en caso de rotura.

El listado fue de obligada creación por una directiva europea de 2006, transpuesta por el Real Decreto de 2009, y se elaboró por primera vez en 2012, con posteriores actualizaciones. Fuentes del Ministerio precisaron que la normativa comunitaria “no recoge otras obligaciones para con este inventario”, como podrían ser garantizar su restauración o protocolizar actuaciones frente a posibles desbordamientos por lluvias.

Datos del IGME

Para su elaboración, se partió de datos de las autoridades mineras autonómicas y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), dependiente del CSIC, que en 1989 realizó el Inventario Nacional de Balsas y Escombreras para el Gobierno. Este recoge la existencia de 26 presas y 16 balsas en Galicia, lo que suma un total de 42, de las cuales 24 están abandonadas.

En relación con la evaluación del riesgo de estas instalaciones, el Miteco remite a un documento oficial de 200 páginas que explica la metodología a seguir. Este establece que, para identificar un escenario de riesgo, deben coincidir tres circunstancias: la existencia de un contaminante, un medio de exposición (como agua o aire) y la presencia de, al menos, un posible receptor.

En este sentido, la Cámara Oficial Mineira de Galicia (COMG) defendió que, desde 2009, la normativa de construcción, vigilancia y clausura de estas balsas es “muy restrictiva” y está diseñada para evitar abandonos que puedan derivar en pasivos medioambientales.

Así, el organismo aseguró que, una vez rehabilitadas e integradas, estas zonas “pueden convertirse en pastos o montes que no se diferencian del entorno natural”.

Sin embargo, el portavoz de Ecoloxistas en Acción, Cristóbal López, advirtió de que muchos componentes, especialmente en la minería metálica, “son contaminantes” y se acumulan “como en un castillo de arena”. “Ahí hay filtraciones, como pasa en Touro y en San Finx”, criticó.

Red de ríos y regatos

El ecologista alertó de que, en Galicia, debido a su extensa red de ríos y regatos, “la contaminación acaba distribuyéndose por toda la zona hasta el mar”. Este es un aspecto que ha denunciado en varias ocasiones la Plataforma Veciñal Mina Touro-O Pino Non, que incluso el pasado febrero criticó que el proyecto de restauración ejecutado era “poco ambicioso” y “no tiene por objetivo la mejora de la calidad de las aguas”.

El desbordamiento de balsas mineras es un escenario posible, especialmente en periodos de lluvias persistentes. En Galicia existen precedentes como el incidente de San Finx en 1960 o el de Monte Neme este mismo año.

Las empresas evitan restaurar la zona

Cristóbal López defendió que la “norma general” es que, cuando llega el final del proyecto, la empresa minera quiebra antes de ejecutar la reposición o restauración de la zona y “no hace nada”. Además, según apuntó, la corporación no suele ser la matriz, sino una filial “creada para la ocasión” y con una inversión de capital “mínima”.

Por ejemplo, en Monte Neme, donde la Xunta, ante la ausencia de la empresa, tuvo que asumir las obras de restauración, con un presupuesto que supera el millón de euros. Estos trabajos arrancaron a mediados de diciembre y estaban ejecutándose cuando se produjo el colapso en enero, aunque el Gobierno gallego los desvinculó como causa de la rotura.

“Te das cuenta del desastre que es la minería; de cómo deja atrás su contaminación y se marcha sin restaurar”, lamentó el portavoz de Ecoloxistas en Acción, que instó a que, “antes que crear una mina nueva”, se “recuperen” las instalaciones abandonadas.

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