Wenceslao Yáñez: “Tras una desaparición aprendes a sobrevivir, la esperanza nunca la pierdes”
HIJO DESAPARECIDO
La desaparición de su hijo en Ferrol en 2012 marcó la vida de Wenceslao Yáñez, que hoy acompaña desde SOS Desaparecidos a otras familias gallegas que atraviesan la misma incertidumbre.
Wenceslao Yáñez (Ferrol, 1960) ha vivido una de las peores situaciones por las que puede pasar un ser humano. Su hijo desapareció en noviembre de 2012 en Ferrol, cuando solo tenía 28 años. La última vez que lo vio le dijo que iba a hacer unas fotografías y nunca más lo volvió a ver. Ahora Wenceslao ayuda desde SOS Desaparecidos a las familias gallegas que pasan por la misma situación que él.
Pregunta. ¿Cómo es el funcionamiento de la asociación?
Respuesta. Nuestra función principal es la ayuda a las familias para difundir la búsqueda de su ser querido. Además, aportamos apoyo psicológico si lo necesitan y contamos con la colaboración de abogados y jueces para asesorarlas. En el momento en el que nos llama una familia o vemos nosotros en redes sociales que hay una persona desaparecida, nos ponemos en contacto con ellos y lo que hacemos es pedirles siempre copia de la denuncia de la desaparición. Sin ella nosotros no activamos ninguna alerta, a no ser que sea por requerimiento de las Fuerzas de Seguridad. Nos pasan la denuncia, la foto, hacemos el cartel y le damos difusión. Cualquier llamada que nos llegue la pasamos directamente a las Fuerzas de Seguridad de donde dependa la denuncia. Ese es, por encima, nuestro trabajo.
P. ¿Cómo puede lidiar una familia con una desaparición, especialmente las de larga duración?
R. Es complicado. Lo sé por experiencia propia, llevo con mi hijo desaparecido desde el 2012. Aprendes a sobrevivir. Lo vas llevando como puedes, y aunque se alargue en el tiempo, la esperanza nunca se pierde. Tienes que aprender a lidiar con eso. Nosotros mantenemos el contacto con las familias. Con los casos de larga duración, todos los años recordamos al familiar y muchas veces llamamos a sus allegados para preguntarles cómo van. Aprendes a sobrevivir.
P. ¿Se les puede ayudar de alguna manera en el plano psicológico?
R. Es muy complicado. Nadie que no haya pasado por esto sabe lo que están viviendo las familias. Psicológicamente, en teoría, las Fuerzas de Seguridad deberían aportar ayuda cuando desaparece una persona. Quizás te lo comentan al principio, pero en ese momento, cuando presentas la denuncia, lo único que quieres es que busquen a esa persona. No se te pasa por la cabeza que te haga falta ayuda psicológica. Después ya nunca más te comentan nada de eso.
P. En la última década, ¿qué cambios ha notado en el tema de desapariciones?
R. Se va mejorando mucho. Me acuerdo de que cuando desapareció mi hijo presentamos la denuncia y una semana después aún no lo estaban buscando. Fuimos a Protección Civil, porque yo conocía al presidente, con una foto, ya que mi hijo iba a sacar fotografías, le gustaba mucho y pensamos que se podía haber caído al mar. Salieron con la zódiac a buscarlo y yo pensé que los habían activado. Me dijeron que salían por voluntad propia porque lo vieron difundido. Antes te decían que había que esperar 24 o 72 horas para presentar la denuncia. Ahora está demostrado que eso es un atraso. Por protocolo, las Fuerzas de Seguridad del Estado te tienen que recoger la denuncia inmediatamente cuando ves que esa persona desapareció de su hábito normal. El tiempo corre en contra de esa persona.
P. ¿El perfil de desaparecidos suele ser de gente mayor y joven?
R. Hay de todo. Entre la gente joven hay muchos desaparecidos de centros de menores que sabemos que son fugas. Son menores de 12 a 15 años y, aunque sea una huida voluntaria, en algún momento puede pasar a ser involuntaria. A un joven es muy fácil engañarlo. Dependiendo de con quién se cruce, se han dado casos de fugas que acaban en fallecimiento por cruzarse con las personas equivocadas. La mayor parte aquí en Galicia es gente mayor. También hay personas de mediana edad que desaparecen y no se localizan, y no sabes el motivo. Alguien puede irse de casa voluntariamente; por ejemplo, alguien mayor discute con su pareja y se marcha. Puedes pensar que se fue por la discusión, pero no sabes qué se le pasa por la cabeza en ese momento ni lo que puede hacer.
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