Amancio Prada, poesía que revive

La Revista

Su música hace revivir la poesía de clásicos y contemporáneos y su voz transmite al público la emoción que sintió el poeta cuando la escribió.

Amancio Prada.
Amancio Prada.

Este viernes canta por primera vez ante el público en Sevilla su último disco, dedicado a Bécquer. Es como un nuevo comienzo, en el que las Rimas del poeta sevillano renacen, con una música que los viste de emociones. Un trabajo que Amancio Prada (Dehesas, 1949) lleva haciendo desde que grabó su primer disco, “Vida e Morte”, en Francia, en 1974. Desde entonces Rosalía, Cunqueiro, San Juan de la Cruz, Lorca, Santa Teresa de Jesús, Agustín García Calvo, Jorge Manrique… ha hecho suyos sus poemas para luego convertirlos en canciones que hoy ya forman parte de nuestro patrimonio cultural.

1. Ha pasado de la era del vinilo a las plataformas. ¿Cómo ve el cambio?

Ahora prácticamente no hay tiendas de discos. Mucha gente ya no tiene lectores de CD. Se ha perdido esa parte física, tangible, pero las canciones se van al aire, donde estaban antes. A mí me parece maravilloso. Recuerdo que siempre peleaba con las compañías de discos para que distribuyesen no solo en España. Pensaba en la de gallegos que había en Argentina, que podían estar interesados en mis discos de Rosalía. Pero nunca llegué a conseguirlo. En cambio ahora, lo colocas en Spotify, Youtube Music, Amazon o Apple Music y ya están en todas partes.

2. Lo que no quita que usted siga cuidando mucho la estética del álbum, aunque sea un CD

Desde hace tiempo mantenemos un estilo propio de libros en forma de acordeón, en los que no caben todos los textos, pero sí una selección. Pero que el objeto en sí también sea algo hermoso, que te deleite contemplándolo, que tenga esa gratificación añadida. Pero al margen de eso, que los discos vuelen por la red me parece maravilloso.

Para mi un disco es algo que te estimula, te anima a seguir componiendo, dejando esos granos de trigo que algo alimentarán a alguien. Y se hace camino al cantar.

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3. ¿Cómo empezó su relación con Bécquer?

Cuando me fui a estudiar a Valladolid dirección de empresas agrarias, en 1967, me matriculé también en el conservatorio de música con idea de compaginar la música y la agricultura. En la residencia había un pabellón con un piano y allí iba a estudiar. Con los primeros acordes que aprendí, tenía entonces 18 años, compuse mi primera canción, con un poema de Bécquer, “Volverán las oscuras golondrinas”. Y allí se quedaron las golondrinas, porque luego cogí la guitarra, empecé con Rosalía. Y aunque me acompañó desde entonces, nunca la incorporé a mis conciertos. Porque la había compuesto para piano, hasta que años después, preparando un concierto en Córdoba, me acordé de las famosas golondrinas, tenía la guitarra en la mano, se me ocurrió un trémolo para llamarlas y la incorporé a mi repertorio.

4. ¿Y cuándo volvió a él?

El año pasado, la Universidad de Sevilla me invitó a dar un recital en colaboración con el Consulado General de Portugal que se titulaba Lisboa en Sevilla. Faltaba un mes para el concierto y pensé en añadir un poema más de Bécquer y di con “¡Qué solos se quedan los muertos!” y me caló. Y fue la más aplaudida. Al acabar, el director de las actividades culturales de la universidad me planteó un concierto para 2020, con motivo del 150 aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer. “Pero yo solo tengo dos canciones de Bécquer”, le dije. El me dijo que no importaba, que podría cantar algo de Rosalía, hacer un recital de románticos. El caso es que mientras volvía a casa en el tren ya venía pensando en ese recital y pronto empecé ya con el siguiente poema, “espíritu sin nombre”, que me parece una maravilla.

5. Y llegó el confinamiento

Sí. Y a mí me pilló en Urueña. Tengo una casa allí en extramuros de la villa medieval. Por las mañanas echaba mano de la guadaña y limpiaba caminos, o podaba. Me encanta trabajar la tierra. Ya lo hacía siendo niño. Por la mañana labraba la tierra y por la tarde, labraba el aire, pensando en las rimas de Bécquer. Y fueron saliendo, una tras otra, todas las canciones. Hay poetas a los que tienes que darle mil vueltas y otros, en los que la inspiración fluye de una manera pasmosa. Me pasó también con Cunqueiro.

6. ¿Cómo escogió los poemas?

No escoges los poemas. Son los poemas los que te escogen. Ellos te dicen “¡Fíjate en mí, que estoy en ti!” El poeta es un instrumento, una caja de resonancia de lo que ocurre a su alrededor. Luego, en la medida en que otros somos también resonancia, un arpa en el ángulo oscuro y tiene que venir un verso, una música, un rayo de luz… o una herida, para que te despiertes.

7. Primero fue Rosalía, ahora Bécquer. ¿Hay mucho en común entre ellos?

Me los imaginaba yendo de la mano, cantando las mismas canciones y diciendo los mismos poemas. Hay poemas de uno y otro que dicen prácticamente lo mismo. Y si vas a Gil y Carrasco, que murió jovencísimo, con treinta años y era de Villafranca del Bierzo habla también de los mismos temas, de los átomos, de la hiedra, del rocío… Con ellos me sentí envuelto en esa trinidad romántica.

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8. Cantar la poesía, ¿le da una nueva vida?

Desde luego la letra con música entra. Yo me aficioné a la poesía escuchando a Paco Ibáñez, a José Afonso y luego ya en Francia a Léo Ferré y a tantos otros… y luego me aficioné a la poesía popular cantando las canciones populares que son hermosísimas, muy destiladas. Porque son como cantos rodados de los que encontramos en las orillas de los ríos a los que la corriente ha ido redondeando y te dan ganas de meterlo en el bolsillo.

9. En su repertorio caben inspiraciones tan dispares como los románticos, Santa Teresa, San Juan de La Cruz, Chicho Sánchez Ferlosio…

Y Agustín García Calvo o Manuel Vicent, Manrique… y tantos que tengo en canciones inéditas por esa manía mía de hacer discos monográficos y muchos van quedando atrás. Por eso ahora estoy preparando un programa que estrenaré en febrero, en el Teatro de la Zarzuela, en Madrid, que hemos titulado “De huellas y voces” pero que será, libremente. Ese podría ser su subtítulo.

10.siempre con giras y discos dedicados a otros poetas y solo uno al poeta Amancio Prada.

Sí, Emboscados. La verdad es que es un concierto difícil de poner en marcha de nuevo por el número de músicos y su escenografía. Tengo algunas canciones sueltas sí. Pero lo cierto es que el disco que tenía pensado grabar esta primavera era el “Prada Prada”. Porque yo me apellido Prada Prada de Prado, Rodríguez Álvarez Gallego. Un Prada con letra y música.

Pero, ¡amigo!, se apareció Bécquer y yo le cedí el paso. Siempre pienso que para hacer lo mío tiempo habrá. Como si lo que hago no fuese mío. Al fin y al cabo, yo soy lo que canto.

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