Ana Méndez, el arte de vender Galicia: "El vino es cultura y te atrapa"
Entrevista en profundidad a Ana Méndez, que cumple más de un año al frente de Galicia Calidade
Hace algo más de un año que está al frente de Galicia Calidade. Ana Méndez (Ourense, 1976) conoce muy bien los mercados nacional e internacional a los que tienen que enfrentarse los productos gallegos tras haber ocupado diferentes puestos de responsabilidad en el grupo bodeguero familiar, especialmente orientados a la acción comercial y el comercio exterior, aunque también tuvo mucho que ver en la creación de una línea de vinos monovarietales elaborados con uvas autóctonas que desde su lanzamiento no han cesado de recibir premios, el más reciente, esta misma semana, con un gran oro de Vinespaña para A Telleira Godello. Pero además de esas dos facetas, Ana también mantuvo una intensa actividad defendiendo el papel de la mujer en el mundo de la empresa.
¿El vino y la empresa eran sus objetivos, cuando pensaba qué estudiar?
Yo quería estudiar arte e historia. Era y sigo siendo una apasionada del arte. Mis padres me dijeron que sí, pero me pusieron como condición que primero estudiase algo que me pudiera valer por si algún día trabajaba en la bodega. Y decidí estudiar empresariales.
Y se fue a Madrid
Así es. El primer año echaba de menos Ourense y me quería venir. El segundo año ya empecé a hacer amigos y al final estaba totalmente integrada. Yo le recomiendo a todo el mundo que viva su etapa universitaria fuera de su ciudad porque eso te hace crecer, madurar. Estudiar fuera de casa es un gran aprendizaje. Si se tiene la oportunidad yo creo que es esencial. Y si no, viajar, de cualquier manera, con una mochila a la espalda o como cada uno pueda. Es muy enriquecedor.
¿Y los planes de estudiar arte después?
Ya antes de terminar la licenciatura me volví a Ourense para trabajar en la bodega. Yo quería quedarme en Madrid. Pero terminé el último año estudiando en Ourense mientras trabajaba y yendo a los exámenes. Así que se quedaron frustrados, al menos en esa parte, la de estudiar. Porque no he dejado, desde entonces de interesarme por el arte y de estudiarlo por mi cuenta.
¿Cómo fue su desembarco en la bodega?
Llegué sin saber nada de bodegas, ni de vinos y sin que me gustase el vino. Pero no me quedó más remedio que aprender. Y mi evolución en el aprendizaje del vino fue muy rápido porque el mundo del vino te engancha. Cuando empecé, y eso tengo que agradecérselo a mi padre, tuve que pasar prácticamente por todo el proceso. No fue llegar y sentarme en una mesa. Iba a la viña, aprendía, por ejemplo, cómo se podaba. Luego estuve en la zona de embotellado, el trabajo en bodega y luego ya me metí con mi padre en la parte comercial, que era quien la llevaba. Y ahí fue donde empecé un trabajo más en profundidad y especialmente en la parte de exportación. Ahí me di cuenta lo importante que habían sido los pasos anteriores, porque para poder vender vino, tanto en España como en los mercados internacionales, es fundamental saber qué es lo que estás vendiendo.
Usted tuvo un papel importante en el desarrollo de líneas de vinos novedosos. Pienso en Genus de Vinum, en marcas como A Telleira. Ahí ya había pasión por el vino. ¿Qué le llevó por esos caminos?
Se estaba produciendo un importante cambio de hábitos en lo que a beber se refiere. Veíamos que cada año descendía el consumo de vino, pero había una tendencia creciente hacia vinos de calidad, aquellos que se disfrutan en una comida compartida con amigos, y de hecho cuando salías a vender veías que te pedían cosas diferentes. Y eso a mí me hizo pensar que era importante apostar por nuestro valor diferencial, las variedades autóctonas, vinos más cuidados ya desde la viña y así nacieron esas marcas, que no excluyen a los consumidores de los vinos tradicionales de la bodega porque ambos estilos conviven perfectamente.
¿El vino es cultura, además de agricultura?
El vino es cultura, así es. Y te das cuenta a medida que vas avanzando en su conocimiento. Yo siempre le digo a la gente que no hay que tener un sentido especial ni un don innato para saber de vinos. Hay que probar, comparar, y a medida que vas aprendiendo, tu disfrute se hace cada vez mayor, porque amplías tu conocimiento. Cuando catas vas conociendo las variedades y avanzas incluso hasta saber si fue elaborado con uvas de una zona más fría, más cálida… no se nace con ese conocimiento, es una cultura que se va adquiriendo, por pura práctica.
Cuando empezó usted a vender vino mundo adelante habría pocas mujeres haciéndolo. ¿Cómo es ahora la relación entre vino y mujer?
El vino era un mundo fundamentalmente de hombres. Pero cada vez es mayor la implicación de la mujer en este campo. Lo vemos en el hecho de que cada vez hay más mujeres enólogas, también hay bodegueras y colleiteiras pero, sobre todo, sumilleres. Porque la mujer tiene una sensibilidad especial que encaja muy bien en el mundo de la sumillería y hay auténticas narices de oro que son mujeres. Pero en el tema comercial es complicado porque la hostelería y la distribución sigue siendo un mundo de hombres. Y ya no hablemos de la dificultad que entraña para conciliar la vida familiar, porque es una actividad que te obliga a viajar, a pasar muchas noches fuera de casa... es un trabajo muy duro y la vida familiar pasa a un cuarto o quinto plano.
En su salto del mundo del vino a Galicia Calidade, ¿qué es lo que le atrajo de este nuevo reto?
Galicia Calidade es quizá uno de los proyectos más bonitos a nivel institucional y más poderosos en ese campo que existe en el panorama español. Porque Galicia Calidade como sello de garantía tiene algo que no tiene ningún otro sello. Ni Tierra de Sabor ni Eusko Label, que es que va más allá de lo gastronómico.
Pero además es que tiene dos palabras en su nombre que lo hacen ser diferente. Primero, la palabra Galicia, que ya de por sí suena. Suena en España y suena a nivel internacional y te lleva directamente a un territorio que es conocido en todo el mundo. Y la segunda, Calidade, es casi una redundancia porque Galicia ya está asociada a la calidad. Pero Calidade refuerza ese vínculo. Es como repetir dos veces Galicia. Empezó hace veinticinco años con tres empresas que eran de las más potentes que había y hay en Galicia: Coren, Estrella de Galicia y la conservera Jealsa Rianxeira. Tres iconos del mundo de la alimentación en Galicia. Hoy ya son 150.
¿Qué objetivos se ha marcado al frente del sello?
El primero es un trabajo exhaustivo de prospección entre las empresas adheridas al sello porque han pasado veintincico años y el camino que siguen las empresas y los sectores va cambiando y también las necesidades queremos saber en qué les podemos ayudar para mejorar sus resultados. Al margen de que también en estos 25 años el propio sello ha crecido en valor, hay aspectos de promoción en los que podemos prestar un mejor servicio.
Es un trabajo complejo porque cada sector tiene sus propias características y las necesidades de unos son diferentes de las de otros. Pero sí que es cierto que hay un interés en que haya más actividad de promoción fuera de Galicia y, sobre todo, fuera de España. Otro de los objetivos es promover una mayor relación entre las propias empresas adheridas, para que aprovechen las sinergias que supone compartir el sello de calidad y puedan generar negocio entre ellas. Otro objetivo es implicar al sector textil y la moda. Es un sector muy internacionalizado y podemos ayudar mucho más y apoyar la fabricación en Galicia.
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