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Y comer
Tengo un congelador, de fabricación nacional, que funciona ininterrumpidamente desde 1987. Un prodigio de la ingeniería y mecánica nacional. En su honor, suelo medir el tiempo en asuntos gastronómicos con las iniciales AC y DC (no es el grupo de rock, ni tampoco los dos tipos de corriente eléctrica): antes del congelador o después del congelador. El Reguera es uno de los restaurantes AC. Lo recuerdo desde niño. Hará cosa de veinte años, tal vez alguno más, cambió de local. Desde entonces se encuentra a quince o veinte metros del que primigenio. Pero ese fue todo su cambio: siguen los mismos camareros (todo un ejemplo en un sector tan cambiante y tan sometido a las difíciles consecuencias de la pandemia) y la misma carta: salpicón de rape, merluza, lenguado y sus carnes: solomillo, entrecot, que es el que vemos en la fotografía, milanesa , filete y chuletón, que desde siempre dicen que es de Moaña. En definitiva, calificar al Reguera de clásico, no es sino hacer honor a la verdad, porque ningún otro establecimiento hostelero de Vigo se mantiene después de tantas décadas tan fiel a su cocina y cuenta con el mismo personal para ofrecérsela al público.
Las restricciones que impone la pandemia ha desnaturalizado su ambiente familiar, al menos ahora, Pero era habitual verlo frecuentado por un público asiduo, atraído por una cocina sencilla, sin grandes complicaciones, pero con productos de buena calidad. El entrecot, estaba sabroso, hecho en su punto, con mucho calor que lo tostó ligeramente por fuera, pero lo dejó jugoso, tierno y rosado por dentro.
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