La Denominación de Origen Ribeira Sacra cumple treinta años

LA REVISTA

La viticultura heroica a orillas de los ríos Miño, Sil, Cabe y Bibei determina un paisaje que no se entendería sin la presencia de los bancales en los que reinan la mencía y otras variedades tintas

Los bancales de viñedo situados en el pueblo de Belesar, en Chantada, cuelgan literalmente en pronunciadas pendientes sobre el Miño.
Los bancales de viñedo situados en el pueblo de Belesar, en Chantada, cuelgan literalmente en pronunciadas pendientes sobre el Miño. | José Paz, Lucía Otero y Francisco J. Gil

El martes 3 de septiembre de 1996 el entonces conselleiro de Agricultura, Tomás Pérez Vidal, firmaba la orden por la que se aprobaba el reglamento de la denominación de origen Ribeira Sacra. La decisión entraría en vigor ocho días después, con la publicación en el Diario Oficial de Galicia (DOG) del 11 de septiembre. Se cumplen ahora treinta años de ese hito en la historia de unos vinos, los de la Ribeira Sacra, que tenían tras de sí siglos de elaboración de vinos a partir del cultivo en parcelas que en la mayor parte del mundo estarían abandonadas. De hecho, forma parte del 5 por ciento del viñedo mundial que puede ser calificado de viticultura heroica.

Un año más tarde (11 de septiembre de 1997), el Ministerio de Agricultura ratificaba el documento, un mero trámite ya que la competencia en materia de denominaciones de origen estaba transferida a la Xunta de Galicia. Fue la última región vinícola en lograr el estatus de denominación de origen en Galicia, y no por ser la más rezagada en reivindicarlo. Todo lo contrario, llevaban desde los primeros años de la década de 1980 reclamando su reconocimiento, con poco éxito, a pesar de la gran presión que se ejercía, incluso popular, desde las ferias del vino de Amandi, en Sober, Chantada y Quiroga, que luego se convertirían en tres de las cinco subzonas en las que extiende un territorio repartido por veinte municipios de las provincias de Lugo y Ourense. Los ríos Miño, Sil, Cabe y Bibei y sus valles, muchas veces convertidos en angostas gargantas, conforman la estructura de un territorio cuya singularidad frente al resto de las regiones vinícolas de Galicia está definido por un paisaje en el que buena parte del viñedo se organiza en bancales para lograr hacer cultivables tan pronunciadas pendientes y por un dominio de las variedades tintas sobre las blancas.

Las ferias fueron el detonante que empezó a movilizar a la gente”, recuerda José Manuel García, que fue el primer presidente de la denominación de origen. “En 1981 empezó la de Amandi, en Sober. Unos meses antes, en diciembre de 1980 había sido la primera de Quiroga y en 1983 comenzó la de Chantada. Unos años después”, prosigue García, “dimos un paso más, porque hacer una feria una vez al año no era suficiente y empezamos a tener reuniones, personas de Chantada, Quiroga, Sober, llamamos también a viticultores del otro lado del Sil, en la provincia de Ourense”.

Las reuniones se llevaban a cabo en la Escuela de Capacitación Agraria de Monforte. “Uno de los participantes que más documentación aportó fue Manuel Castro Fernández, a quien todos conocíamos por su apodo, “O aviador”, ya que había trabajado en Iberia y fue el inventor de un radiolocalizador para aviones. No tenía coche y venía en taxi desde Castro Caldelas”.

La lucha por crear una denominación de origen estaba en la base de esas reuniones, pero la Administración fue reacia, en principio a otorgar ese estatus. “Yo creo que no creía en Ribeira Sacra como por ejemplo en Rías Baixas o Monterrei. No es que nos pusiera palos en las ruedas, pero tampoco nos ayudó”. En 1991 se reconoce la IGP Viños da Terra Ribeira Sacra y en julio de 1993 se aprueba su reglamento. “Ya era un reglamento pensado para una denominación de origen, con la definición territorial de todas las subzonas y todos los elementos que luego incorporaría el de la DO”.

El 30 de mayo la Xunta reconoce la DO Ribeira Sacra y se constituye el primer consejo regulador que redactará el reglamento con el que finalmente se aprueba en septiembre de 1996.

Ocho años antes, en septiembre de 1988 hace su primera vendimia la bodega Rectoral de Amandi. Manuel Vázquez Pérez (1939-2009) convirtió su bodega en la gran locomotora de la Ribeira Sacra. Su hijo, Manuel Vázquez Vázquez, que tomó el relevo al frente del grupo Bodegas Gallegas tras la muerte de su padre nos recuerda cómo fueron aquellos inicios. “Mi padre no solo fue uno de los promotores de la denominación de origen. Hizo su primera vendimia antes incluso de tener terminada la bodega. Rectoral de Amandi se terminó en 1990 y los primeros vinos embotellados en ella llegaron al mercado en 1991. Pero él elaboró su primer vino con la vendimia de 1988, poniendo unos depósitos en el patio de una casa y vendió sus primeras botellas en la Feria del Vino de Amandi de 1989”.

El patio que sirvió de bodega provisional era de José Manuel García, que trabajaría codo con codo con Manolo Arnoya en el lanzamiento de la bodega. El porqué de Amandi, cuando él era de Arnoya nos lo explica su hijo: “Mi madre es natural de Sober y conoció el vino que se hacía allí desde hacía generaciones por las visitas que hacía. Así tomó contacto con lo que luego sería la Ribeira Sacra. Él creyó en aquel vino y participó en el desarrollo de la denominación de origen que fue un proyecto colectivo en el que se implicaron viticultores, bodegas, técnicos…”

Bancales del Bibei en Manzaneda.
Bancales del Bibei en Manzaneda. | José Paz, Lucía Otero y Francisco J. Gil

Difícilmente se podría concebir que Ribeira Sacra llegase al nivel de conocimiento que posee en la actualidad sin Rectoral de Amandi. “Fue un impulso colectivo en el que todo el mundo hizo una labor complementaria que logró darle a la Ribeira Sacra la relevancia que tiene en la actualidad”, señala Manuel Vázquez. “Pero sí que es cierto que mi padre, a través de Rectoral de Amandi, lo que quiso darle fue impulso a la dimensión, para que la gente pudiera ver un futuro y en vez de vender simplemente los excedentes, como se hacía hasta entonces, que los viticultores viesen una estabilidad para poder vender profesionalmente la uva, no solo la que les sobraba y con la dimensión que teníamos tuvimos acceso a más mercados, aprovechamos los canales que ya teníamos y eso vino bien para bodegas más pequeñas que aprovechaban esa estela para poder darse a conocer. Había hueco para todos. No había sentimiento de competencia sino una estrecha colaboración”.

El paisaje es un elemento fundamental para conocer las características de los vinos de la Ribeira Sacra, pero Manuel Vázquez reconoce que el vino es la esencia misma del paisaje. “El turismo empezó a desarrollarse a partir del vino y el propio paisaje está definido por la viticultura, los viñedos en bancales, con todas las dificultades que entraña el cultivo a mano. Si se abandonase la viticultura, los bancales se verían borrados por la maleza y sería simplemente monte y perdería gran parte de su atractivo”.

Antonio Lombardía, presidente del consejo regulador desde 2023 retrata los retos de futuro de la Ribeira Sacra. “Somos fundamentalmente una DO de viticultores, porque hay un compromiso con el territorio. Cada viticultor que abandona es un desastre para el paisaje. Por eso es necesario conseguir una mayor rentabilidad de las parcelas sobre todo en los bancales”.

Si se abandona el viñedo en bancales, la Ribeira Sacra sería un paisaje de maleza

El presidente del consejo regulador cree que ese incremento en la rentabilidad parte de dos principios: una mayor ayuda por parte de la Xunta y mejores precios para las uvas. “La Xunta ya concede ayudas de 2.000 euros por hectárea para preservar el paisaje de los bancales. Algo ayuda, pero no estaría mal que fuese un poco mayor la aportación. Y para pagar mejor la uva, la clave es que las bodegas apuesten por vinos que generen más valor, dejando un poco de lado los vinos de chateo, buscando perfiles más acordes con el territorio en el que se elaboran. Desde la DO también hemos tomado medidas, como el recorte del rendimiento por hectárea. Hemos pasado de 9.500 kilos por hectárea en los tintos a 7.500 kilos buscando más calidad”.

Cree que la tendencia de los mercados va en favor de la Ribeira Sacra, “porque el consumidor prefiere vinos más suaves, más afrutados, menos tánicos, más fáciles de beber y eso nosotros lo tenemos de manera natural” sostiene Lombardía. “Y, de hecho, mientras la mayoría de las denominaciones de origen donde predominan los vinos tintos están notando una caída en sus ventas, nosotros llevamos dos años creciendo y eso es por el perfil de nuestros vinos.”

Cuando nació la DO el 95 por ciento de su viñedo era tinto. Cada vez hay viñedo de uvas blancas, sobre todo godello, pero Antonio Lombardía afirma que seguirá siendo una DO de tintos. “Hay una gran demanda de nuestros blancos y yo creo que llegará un momento en que habrá un 70 por ciento de tinto y un 30 de blanco. Los blancos, cultivados en los valles, ayudarán a mantener esos tintos de viticultura más extrema, que son los que definen el paisaje de la Ribeira Sacra”.

Contenido patrocinado

stats