Día de feria, día de fiesta en Galicia
LA REVISTA
En Galicia se celebran cada semana más de 130 mercados tradicionales que han sobrevivido a la globalización y siguen siendo el principal punto de suministro en el rural más vaciado de negocios
Para la última semana de agosto hay previstas un total de 137 ferias y mercadillos en Galicia. La mayoría se desarrollan en los campos de la feria, establecidos para ese fin tanto en villas y ciudades como en pequeños núcleos rurales. Nacidas como mercado temporal para facilitar las transacciones comerciales e intercambio de mercancías durante la Edad Media, la aparición de establecimientos fijos como comercios, tiendas y plazas de abasto las han ido alejando de las ciudades, pero en el ámbito rural siguen siendo un punto de venta imprescindible, sobre todo en aquellas localidades en las que apenas quedan establecimientos comerciales. Cuando llega el verano se convierten también en un atractivo turístico.
Además de ferias anuales, las hay mensuales, como la de Vilar de Barrio el 9 de cada mes; quincenales, como es el caso de O Carballiño (15 y último día del mes), Cartelle (4 y 18), Castro Caldelas (3 y 18), Redondela (6 y 21)... Otras son decenales, como en Ourense, donde se celebra los días 7, 17 y 26, o incluso semanales, como ocurre en Sabarís (Baiona), todos los lunes.
Las ferias tenían un doble objetivo: atraer a tratantes procedentes de diferentes puntos con el fin de que adquiriesen la producción local y acercar a la localidad las mercancías que traían los feriantes ambulantes de otras zonas. Algunas de las fiestas gastronómicas actuales tienen su origen en las ferias, como la de la carne de Montederramo. La feria tradicional de los días 12 y 28 de cada mes convirtió la fecha del 12 de octubre en la fiesta de exaltación de su producto estrella, la carne de ternera. En el caso de A Cañiza, con feria los días 6 y 20 de cada mes, el jamón, que era uno de sus productos estrella, pasó a celebrar su fiesta anual el 15 de agosto, desde 1968.
Las ferias actuales ofrecen todo un abanico de productos. Desde ropa, calzado y complementos, a juguetes, frutas y verduras y otros productos de alimentación, plantas y árboles, artesanía… En algunas ferias se añade también la venta de pequeña maquinaria y herramientas, e incluso la reparación de las mismas. La mayoría de los feriantes suelen acudir siempre a las mismas ferias. Tienen sus propias rutas y se mueven a lo largo de todo el mes, de uno a otro lugar con su mercancía, aportando una cierta garantía, de modo que si algo sale defectuoso o no cumple con las expectativas, lo reemplazan y el comprador puede volver a la feria siguiente para hacérselo saber.
Regateo
El regateo es una de las señas de identidad de las ferias. Es algo que forma parte intrínseca de este tipo de mercados. Esto se veía especialmente en los mercados de ganado, donde comprador y vendedor se tanteaban primero antes de empezar a negociar el precio. Resultaba curioso ver cómo el vendedor de una ternera mostraba poco interés en venderla, como si la hubiera llevado a la feria solo de paseo, mientras su interlocutor afirmaba que, en realidad, él no había ido a la feria a comprar, sino a ver, a pesar de llevar una faltriquera llena de dinero. A esto había que añadir la picaresca y la desconfianza entre unos y otros.
Aunque la feria se presenta como la oportunidad de adquirir productos de proximidad, también hay puestos en los que la mercancía llega de China. Sin embargo, hay ferias y mercados que se han especializado en la comercialización de productos de su entorno, como sucede con el de la Biosfera de Allariz, que se emplaza todos los sábados en la antigua plaza de abastos de la villa alaricana, con productos de alimentación como quesos, carne, miel, frutas y hortalizas que tienen su origen en el territorio de la reserva de la biosfera del área de Allariz, que comprende, además de este municipio, los de A Bola, Vilar de Santos y Rairíz de Veiga, o en el mercado del Xurés de Bande, el primer domingo de cada mes, donde se ponen a la venta los productos cultivados, criados y elaborados en el entorno del Parque Natural de la Baixa Limia-Xurés.
El primer domingo de cada mes se celebra en la Praza Maior de Ourense el mercado de antigüedades. Las antigüedades constituyen otro de los reclamos en muchas ferias, aunque este tipo de transacciones suelen producirse fundamentalmente en ferias especializadas. En Galicia hay ferias de este tipo en Santiago de Compostela (jueves y sábados) y otras de carácter anual como las de Sarria, Padrón, Betanzos o A Estrada.
Pulpo y carne
No hay feria que se precie que no tenga al menos una pulpeira. La mayoría son pulpeiras y pulpeiros de O Carballiño que extienden su ámbito de actuación por todas las ferias de Galicia y han adaptado la cocción del pulpo al gusto de cada lugar. En las ferias de Ourense el pulpo está en su punto. Para las de la provincia de Lugo, donde prefieren el pulpo “triscante”, se corta un poco más duro. En cambio, en la costa son partidarios de un punto más blando.
Tampoco falta la carne. Carne ó caldeiro en la mayoría de las ferias del interior, churrasco y chorizos en las del litoral y en otras, un mix en el que se compaginan la parrilla y la cocción. De las tres ferias mensuales de Ourense, las dos primeras van acompañadas del acompañamiento gastronómico en el recinto del campo de la feria.
En algunas de estas citas que se despliegan por todo el territorio gallego se comen recetas específicas, como la “carne arreglada” en la feria de Cartelle, y en otras no faltan puestos de venta de empanadas. El dulce por excelencia son las rosquillas de feria. La receta, de mediados del siglo XIX, nació a poca distancia del antiguo balneario de Berán, en Leiro, desde donde eran llevadas a las ferias del Ribeiro.
Luego llegaron a Ponteareas, a la confitería Regino, y de esta salieron a otras confiterías de esa villa y a otras localidades como Gondomar. Con su ligero sabor a anís y su glaseado exterior, las rosquillas de feria tienen la textura ideal para comerlas tal cual o mojarlas en café o en vino. Hoy día también nos encontramos en las ferias con las churrerías ambulantes que, con las pulpeiras, fueron las verdaderas precursoras de las modernas foodtrucks que también se suelen ver en algunos mercadillos.
Portugal
Y al otro lado de la frontera, hay una decena de ferias que destacan sobre todas las demás. En Valença do Minho, todos los miércoles. Es la misma fecha que ocupa el mercado semanal de Chaves, los dos mayores núcleos urbanos fronterizos con Galicia. Vila Nova de Cerveira, los sábados, es una de las más concurridas y permanece abierta hasta bien entrada la tarde.
En Ponte de Lima, el primero y tercer lunes de cada mes. En Braga es los martes y el tercer domingo de cada mes hay una específica de antigüedades. Y Barcelos, todos los jueves, al igual que la de Monçao. Montalegre celebra el mercado quincenal el segundo y cuarto jueves de cada mes pero durante los meses de julio y agosto se amplía a todos los jueves del mes.
En Melgaço la cita es los viernes. Todas ellas cuentan con una gran variedad de puestos en los que se ponen en venta todo tipo de mercancías: alimentación, calzado, herramientas, artículos de jardinería, artesanía y, sobre todo, el magnífico textil portugués: toallas, sábanas y mantelerías. Los artículos de origen asiático también están presentes en las ferias portuguesas, pero una industria que ha sobrevivido a la globalización hace que el textil del hogar, fabricado en algodón, siga teniendo un gran peso en las ferias de nuestro país vecino.
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