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Ligera de equipaje, aunque cargada de libros y con la cámara fotográfica siempre a mano, Nieves Loperena se embarcó en una gran aventura por Europa. Viajar por once países, llevando las culturas gallega y española como pasaporte y empapándose de experiencias muy alejadas de los tópicos del turismo. Fue el primero, en 2025. Ahora ya planea un segundo tour con los países nórdicos como principal destino.
Inició su periplo profesional en Ourense, como fotógrafa de La Región hace casi cuarenta años. Luego saltó al mundo de la edición, fundando con Gonzalo Allegue la Editorial Nigra en 1991. Desde entonces su vida ha estado rodeada de libros, aunque nunca dejó la fotografía. Tras su etapa de editora, montó una librería de libros de segunda mano en Gaxate (A Lama) en una antigua escuela unitaria que rehabilitó para tal fin, y un mercado, de arte, libros y antigüedades en Sabarís (Baiona). Le siguió la “Furgo-libro”, una librería ambulante con la que recorría ferias de las provincias de Ourense y Pontevedra. En 2024 decidió celebrar su 60 cumpleaños con una nueva aventura. La “Libro-Caravan”, una autocaravana que adaptó para que se convirtiese en su casa itinerante y a la vez un escaparate de la literatura gallega y española en un viaje que la ha llevado a recorrer 13.000 kilómetros y once países de Europa.
Pregunta. ¿Cómo arranca esta nueva aventura?
Respuesta. En 2024 cumplí sesenta años y decidí tomarme un año sabático. Traspasé la furgo-libro que era lo que me ataba a las ferias a las que acudía habitualmente por las provincias de Ourense y Pontevedra y encargué una autocaravana que diseñaron a medida, para que me sirviese de vivienda y librería, con el fin de iniciar un viaje por Europa con libros en español y en gallego que pudieran ser de interés para españoles y estudiantes de español en las ciudades por las que me iba a mover.
P. ¿Y salió a la aventura?
R. Antes planifiqué el viaje. Bueno, primero, hice el camino de Santiago desde Roncesvalles. Y eso sí que lo hice a la aventura, aunque me recomendaban que me preparase, sobre todo porque yo no era una persona muy andarina. Pero decidí partir de cero, si la primera etapa solo era capaz de hacer cinco kilómetros, pues me paraba allí donde me cansara.
P. ¿Hizo cinco kilómetros?
R. ¡Qué va! El primer día hice tres. Pero no tenía prisa. Lo que quería era recorrer el camino, los ochocientos y pico kilómetros y llegar a Santiago el día de mi cumpleaños. Y así fue. Empecé el 1 de octubre y el 13 de noviembre estaba en la Plaza del Obradoiro.
P. Volviendo a la ruta por Europa, ¿Cómo la planificó?
R. Mi idea era moverme por aquellas ciudades en las que hubiese sedes del Instituto Cervantes, casas de España, facultades en las que se estudiase español y centros gallegos. Así que me puse en contacto con ellos, con desigual resultado porque, por ejemplo, el Instituto Cervantes no presta apoyo a actividades que no sean organizadas por ellos mismos. Bien es cierto que en algunos encontré apoyo individual de personal de la institución, incluso del propio director en el caso de la sede de Bucarest. Pero, como decía, fue siempre más por iniciativa personal que institucional. Cuando llegaba a los destinos también me ponía en contacto con las embajadas y los consulados. Para informar de mi llegada e incluso pedir si me ayudaban difundiendo mis actividades y tengo que decir que con las embajadas y consulados tuve una respuesta muy positiva siempre.
P. ¿Fue muy estricta a la hora de seguir la planificación?
R. Digamos que la planificación me permitía marcar un itinerario, aunque no estaba atada por esa planificación en cuanto a fechas ni nada. A veces me desviaba del camino, porque, en paralelo a esas paradas en las que abría mi “Libro-Caravan”, también hacía mis propias rutas para conocer lugares. La salida fue a finales de enero de 2025. Estuve viajando tres meses, hasta finales de abril.
P. ¿Cuál fue su primera parada?
R. Cuenca. Puede parecer una ruta un poco desviada para quien quiere salir hacia Europa desde Galicia, pero tenía interés en ir porque allí un amigo tenía clubs de lectura por los pueblitos de Cuenca. Luego ya subí por Zaragoza, crucé la frontera por Cataluña y me fui a Milán. Como era invierno, y de hecho pillé algunas nevadas fuertes en mi periplo dentro de España, había organizado para comenzar la ruta por Italia.
P. ¿Cómo fue esa primera experiencia en Milán?
R. Muy buena. Allí conté con la ayuda de la directora de la casa de España, Mónica, que era de Ourense y fue una experiencia muy positiva. En Italia me moví por distintas ciudades y pueblos y luego fui a Eslovenia, concretamente a Liubliana, una ciudad preciosa. Allí estuve dos días. Luego, a Croacia, a Zagreb. En Zagreb se acercó un croata que estaba aprendiendo español, un señor ya de cierta edad, que me invitó a cenar en su casa y allí fui. Así en plan anécdota, te diré que se llamaba Franco y era comunista. Hice muy buenas migas con él y su mujer y, de hecho, en verano vinieron a mi casa y estuvieron una semana.
P. ¿Cómo fue la experiencia, en general?
R. Muy buena. Como fueron muchos países, Hungría, Rumanía, Eslovaquia, Austria, Polonia, Alemania, Bélgica, Francia… hubo de todo. En Austria, por ejemplo, yo creo que fue la experiencia más fría. En Rumanía, en cambio, fue todo lo contrario. Es un país muy alegre, muy hospitalario, la estancia en Bucarest resultó muy positiva y me sentí muy bien acogida y luego el recorrido por el país, muy interesante, viajé por Transilvania y otras regiones.
P. Además de la Casa de España, el Cervantes… ¿contactó con algún grupo o colectivo de gallegos?
R. Había intentado contactar con varios centros gallegos, pero, la verdad es que no los vi muy receptivos. Supongo que son organizaciones que están dedicadas a otros asuntos. Sin embargo, tengo que decir que sí tuve una gratísima experiencia con un colectivo gallego en este viaje, concretamente en Berlín. Se trata de De Berlin Son, una asociación cultural gallega muy activa en Berlín. Allí además de la venta de libros, organizaron un evento de música y contacontos en uno de los parques de la ciudad y estuvo muy animada la cosa.
P. ¿Dónde fue la última parada?
R. En Pornic, Francia, cerca de Nantes. Es una pequeña ciudad en la costa Atlántica que está hermanada con Baiona y yo conocía a la gente de una asociación de allí, gente encantadora, con la que despedí el viaje, brindando con champagne.
P. ¿Cuántos kilómetros fueron en total?
R. Trece mil kilómetros por once países. Un viaje inolvidable en el que me sentí muy segura en todo momento, muy tranquila y muy bien acogida. Un viaje sin más incidentes que el atasco de las ruedas de la autocaravana al salir del jardín casa por la lluvia y las multas que me pusieron en Austria, donde era imposible aparcar.
P. ¿Y la venta de libros qué tal resultó?
R. Me encontre mucha gente interesada, tanto españoles como locales que hablaban español o estaban aprendiendo el idioma. Vendí en la mayor parte de las ciudades. Pero, vaya, son libros. Quiero decir que con eso no se cubren los gastos de un recorrido así. Me ayudó a pagar buena parte del gasoil. Tampoco contaba que diese para más.
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