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LA GAITA COMO PASIÓNSU
Hace ya casi cincuenta años que José Ángel Hevia (Villaviciosa, 1967) se enamoró de la gaita. Su trayectoria está marcada de hitos como haber logrado con su disco “En tierra de nadie” vender 1.750.000 copias. El gaitero que más discos ha vendido en todo el mundo, más de tres millones, y con premios tan prestigiosos como el Platinum Europe Award. Asturiano que vivió cuatro años en la República Dominicana, fusionando la gaita con los sones latinos. En su repertorio hay alboradas y muñeiras, xotas asturianas, bachatas, boleros… haciendo de la gaita un instrumento universal y su éxito ha contribuido de forma decisiva a que ese sonido que tantas emociones arranca del público que lo escucha alcanzase una nueva edad de oro.
Pregunta. Fue usted un apasionado precoz de la gaita, creo.
Respuesta. Yo me enamoré de la gaita con cuatro o cinco años. Entonces, y felizmente ahora también, se vivía la gaita con mucho entusiasmo en las fiestas y las romerías y a mí me parecía que la gaita era una especie de animal que el hombre llevaba debajo del brazo porque cuando dejaba de soplar aquello seguía sonando y crecí en una familia con mucho apego a las tradiciones. Y crecí con aquel programa de televisión española de los años setenta que se llamaba raíces, de Manuel Garrido Palacios, en el que veías a músicos populares de toda España. Me los veía todos y me gustaban más los instrumentistas que los que cantaban.
P. ¿Cuándo llegó a sus manos la primera gaita?
R. Le pedí a los reyes una gaita, pero hubo que dar muchas pataletas para que me la trajeran porque entonces no había muchos artesanos que hicieran gaitas. A los diez u once años, empecé las clases con un extraordinario docente que era Armando Fernández Robledo. Iba a Gijón en el Alsa, dos días a la semana y regresaba a casa a las doce de la noche.
P. ¿Entonces ya tenía claro que se iba a dedicar a la música?
R. Estudié Filología Hispánica. Pero fue curiosamente en la etapa universitaria cuando me di cuenta de que iba a ser mi profesión. De crío tocaba la gaita como se toca la guitarra o el piano, sin aspiraciones laborales. Pero en la Universidad empecé a tener alumnos. Eran los primeros años ochenta y había una fuerte demanda de aprendizaje y apenas quedaban gaiteros mayores que dieran clase. Y yo con 18 años tenía alumnos de veintitantos. Me dediqué durante diez años a la enseñanza y a la fundación de bandas de gaiteros y en 1996 me vine a Madrid con la intención de gabar un disco.
P. Ya había grabado uno antes.
R. Así es. Habíamos grabado, mi hermana María José y yo un disco de música tradicional en 1991, “Hevia” que fue consecuencia de haber ganado el Certamen de Música Folk para Jóvenes Intérpretes del Instituto de la Juventud el año anterior. Yo tocaba la gaita y María José el tambor.
P. Y ¿cómo fue la experiencia del siguiente, “Tierra de nadie”?
R. El segundo disco ya era muy diferente, con un folk más evolucionado, con bajo, percusiones, batería, electrónica, etcétera. Y como te decía, llegué a Madrid con la pretensión de grabar en dos meses y luego dedicar otros dos a la promoción y con suerte, llegar a vender 20.000 discos. Yo era un iluso porque resultaba casi imposible vender tal cantidad de discos, sobre todo en este tipo de música.
P. Y arrasó, literalmente.
R. ¡Y tanto! Se vendieron un millón setecientas cincuenta mil copias de ese disco en cuarenta y tantos países. Ni la compañía discográfica ni el gaitero podían sospechar lo que iba a pasar con aquel disco ni aún en el mejor de los casos. Y cambió mi vida porque, desde entonces estamos prácticamente en gira. No soy de los que hace ochenta conciertos y luego descansa. Hago dos, vuelvo a casa, luego otros dos y así llevo veintiocho años.
P. Entre uno y otro creó la gaita electrónica ¿Cómo fue?
R. Llegué a Madrid en 1996 con una gaita electrónica en fase de prototipo y esos dos años en Madrid me sirvieron de mucho porque pasé por estudios de grabación y vi como se trabaja entonces con la técnica del sampling, que era tomar notas de un instrumento real, procesarlas y convertir aquello en un programa que se pudiera tocar con un controlador midi. Entonces eran controladores de teclado, todo lo más algún saxo, pero no existía gaita electrónica. Al hacer una gaita midi se abría un mundo de posibilidades. Porque podías tener la textura de una gaita o la de un acordeón con la respuesta y la técnica de un gaitero. Desde entonces yo utilizo la gaita electrónica para llegar allí donde no llega la gaita tradicional. Por ejemplo, en Busindre reel, uno de los temas del ese disco, tengo que cambiar nueve veces de programa durante los dos minutos y pico que dura el tema. Sin esa herramienta que es la gaita electrónica no podría tocarlo porque tendría que estar cambiando constantemente de gaitas. A partir de la he incorporado a mi discurso musical.
P. Imagino que algunos lo considerarían un hereje
R. Era normal que hubiese detractores porque poner electrónica a una gaita en 1994-96 era como meterle un turbo a un carro de bueyes. Aquello no casaba. Es deber de los puristas denostar este tipo de innovaciones. Pero pasados esos traumas inicialen hoy día la gaita electrónica se ve como lo que es: una herramienta que no va a sustituir nunca a la gaita tradicional como tampoco lo hizo la guitarra eléctrica con la acústica ni el piano eléctrico al piano.
Los músicos de hoy son los mejor preparados y con peor futuro"
P. Desde que empezó hasta ahora, ¿cómo ha cambiado la percepción de la gaita?
R. Mucho y no solo en la respuesta del público sino también en la preparación académica de los jóvenes gaiteros. Hoy día la gaita se estudia en el conservatorio. Nosotros éramos chusqueros del instrumento, hoy hay una tradición académica y una tradición escrita. Pero contrasta con una injusticia que se está dando. Los chavales invierten años de esfuerzo y de estudio, tenemos la generación mejor preparada pero no puede vivir de la música. Y ya no solo porque no se venden discos, ¿cómo va a convencer al público que pague una entrada en un teatro? Si no tienes el bagaje de un nombre consolidado es muy difícil lograr un concierto. Y si no haces conciertos, tampoco consigues ese bagaje. Es un drama.
P. El disco “Al son del indianu”, le llevó al Caribe.
R. Es un disco que grabé en 2018 con el que intenté seguir la estela de los gaiteros que se habían ido con la emigración desde 1850 hasta 1970. Y como ellos mi gaita ha acompañado los ritmos con los que se encontraron al cruzar el Atlántico.
P. Vive en Madrid. ¿Siente morriña?
R. Resido fuera de Asturias, pero en un estado mental al que llamamos Asturias. Vivo en ese estado mental y nunca me sentí emigrante.
P. Gallegos y asturianos compartimos muchas cosas.
R. Sí, muchas y ahora por mi pareja comparto el pulpo los domingos en Ourense, en A Rabaza y estoy encantado. Para mí el pulpo de Ourense es como una religión.
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