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A punto de cumplir 91 años, Manuel Fernández Velo (Ourense, 1935) más conocido por “Muíños”, mantiene viva la memoria de toda una vida dedicada a la música, trabajando en salas como Auria, de la que fue músico desde su inauguración, o en lujosos hoteles en Teherán, cuando todavía era la capital de la Persia del Sha Reza Palhevi, para regresar luego a Ourense y desde orquestas como Os Meigas y, sobre todo, Espiga recorrería las principales salas de fiestas de Galicia hasta los primeros años de este siglo. Apasionado de la música desde niño, primero con la bandurria, luego el violín, el contrabajo, guitarra… prácticamente todos los instrumentos pasaron por sus manos, desde que empezó a los diez años. Echamos un vistazo a su taller, una mezcla de obrador de luthier y de reparador de componentes electrónicos y musicales. Entre las piezas se mezclan los recuerdos de casi ocho décadas de su dedicación a la música, entre ellos, el violín con el que aprendió a tocar ese instrumento con doce años.
Pregunta. ¿De dónde le viene a usted esa pasión por la música?
Respuesta. Mi padre también era músico, tocaba en la banda de Ourense. Era músico y barbero. Y yo también fui músico y barbero, desde los diez años. Empecé tocando la bandurria, de oído. Me gustaba mucho. Pero mi padre no quería que anduviese por ahí tocándola. Quería que aprendiese música de verdad, no de oído. De hecho, empecé a aprender solfeo con él. Pero yo no quería tocar en la banda, que era lo que pensaba él, así que, cuando me dijo que aprendiese a tocar un instrumento yo le dije que sí, pero que quería tocar el violín. Como en las bandas no hay cuerda… Yo tenía por entonces, doce años.
P. ¿Y qué dijo su padre?
R. Mi padre estaba encantado. Porque el violín era un instrumento serio, de música clásica. A mí me gustaba el piano, pero en casa no teníamos piano y el violín era más fácil tenerlo.
P. ¿Cómo fue su formación?
R. Entonces no había conservatorio de música en Ourense, así que fue con profesores particulares. Como te decía, el solfeo ya lo sabía de aprender con mi padre. Para el violín, mi primer profesor fue Vitorino Rodríguez Arias, que era teniente de la Guardia Civil y practicante, además de músico.
P. ¿Y siguió en la barbería?
R. Claro. Allí trabajaba y ensayaba. Ya te puedes imaginar a los pobres clientes escuchando a un rapaz practicando con el violín… Y gracias a las propinas yo siempre tenía dinero en el bolsillo. Lo bueno del violín es que esa formación me dio pie para luego ir a otros instrumentos de cuerda, como la guitarra y el contrabajo. Con el bagaje que tenía del violín, conseguí aprender a tocar el contrabajo en una semana. Además, entonces era un instrumento que empezaba a destacar.
P. ¿En qué momento tomó la decisión de vivir de la música?
R. Al regresar del servicio militar. Hasta entonces tocaba en rondallas, con amigos, eran cosas en plan aficionado. Pero al regreso de la mili, fue cuando se inauguró la sala de fiestas Auria y yo entré a formar parte de su orquesta como contrabajista y empecé a aprender a tocar el saxo con Berto al que llamábamos el padre de los músicos de Ourense. Él y su hermano formaban parte de la Orquesta Continental y con ellos estudié violín, contrabajo… Tocaban muchos instrumentos. Berto era muy bueno en el contrabajo y su hermano, Adolfo, tocaba el violín y era muy bueno, con el clarinete. Tenía un sonido… Los dos, los hermanos Cudeiro, eran muy buenos músicos y muy buenos profesores. Y nunca me cobraron ni un duro por las clases. Yo como era muy manitas y empezaba a trabajar como luthier, también les arreglaba los instrumentos, les encerdaba los arcos de los violines…
Cuando fui a casa de Miguel Ríos le llevé café Sical de regalo
P. ¿Cuántos años estuvo en la orquesta de Auria?
R. Cinco años, creo recordar. Allí éramos la orquesta que acompañaba en los espectáculos. Un ballet, una actuación musical… claro, teníamos que ser músicos de atril, es decir de los que leen la partitura con facilidad, porque las actuaciones llegaban, ensayaban por la mañana y por la tarde ya debutaban y para eso se necesita músicos que tengan un buen dominio del solfeo. No basta ser un buen músico de oído. Recuerdo cuando vino, con 17 años a actuar Miguel Ríos. Que entonces tenía el nombre artístico de Mike Ríos, el rey del Twist. Y como yo era quien le preparaba los micros y todo el equipo, congeniamos. Tanto que me recomendó un luthier de Madrid que preparaba unas guitarras estupendas, en la Plaza de la Cebada con otro chaval que era radiotécnico que se ocupaba de la parte eléctrica de la guitarra. “Si quieres comprar una, antes avísame que voy contigo”, me dijo, y me dio la dirección de su casa. Y así hice. Fui a su casa. No sé qué me daba ir de vacío, así que le llevé de regalo un kilo de café Sical. Y allá fuimos, a ver al luthier.
P. ¿Y compró la guitarra?
R. Compré la guitarra y el primer bajo eléctrico que llegó a Galicia. Me lo enseñaron, todavía estaba sin pintar, lo probé y dije “éste ya va para Ourense”.
P. ¿Cuál fue su primera orquesta ya independiente?
R. La primera fue Los Meigas. Con ella hicimos bastantes actuaciones y tocábamos en una sala que se llamaba La Bilbaína. Después mi mujer y yo nos fuimos a Alemania a trabajar durante un año. Y cuando regresé entré en con una orquesta de Monforte.
P. Hábleme de su etapa como músico en Teherán. ¿Por qué se fue para allá?
R. Me fui porque era un trabajo muy bien pagado. Tenía mi hija nueve años, así que así de memoria, creo que me fui para allá en 1973, para actuar en el cabaret Baccara como contrabajista. Allí me enteré del atentado a Carrero Blanco. Fue algo que me impresionó mucho. ¡Cómo está España!, pensamos, porque todos los músicos éramos de aquí. Allí se vivía bien. Incluso ya había pensado llevarme a la familia para allá. Pero fue cuando empezó a ponerse la cosa fea allí con la revolución islámica, decidí regresar.
P. ¿Cómo era su trabajo en el cabaret?
R. Empezábamos tocando música mientras los clientes cenaban. Luego, venía el espectáculo, al que hacíamos el acompañamiento musical. Luego se abría el baile y tocábamos un repertorio de baile. Así que estábamos desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana. Luego nos fuimos a otro más pequeño, el “Arlequín”. Y en ese estuve hasta que regresamos a España.
P. ¿fue cuando montó “Espiga”?
R. En realidad ya la teníamos medio montada desde Teherán. Ya había elegido los músicos. Estuve con Espiga veinticinco años, hasta que me jubilé, con sesenta y siete años, hace casi veinticuatro. Actuábamos en las salas de fiesta de toda Galicia. Hacíamos más de doscientas actuaciones al año. Éramos, creo yo, de las orquestas que tenía más actuaciones. Trabajábamos muy bien porque éramos un grupo de muy buenos músicos. La música me dio muchas satisfacciones en la vida.
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