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Manuel Castro: virtuosismo en la bodega
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Tras el premio de mejor enólogo de vinos jóvenes de España, que le ha otorgado a Manuel Castro (Ourense, 1972) la Unión Española de Catadores hay más de tres décadas de dedicación profesional al mundo del vino, moviéndose por todas las regiones vinícolas de Galicia, el Bierzo e incluso por las tierras del chacolí. Ingeniero técnico agrícola, siempre compaginó el trabajo con el estudio y así añadió otros títulos como el de licenciado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, máster en Viticultura, Enología y Marketing del Vino… y desde hace más de veinte años es el enólogo de Viña Costeira y tiene sobre sus espaldas la responsabilidad de la elaboración del amplio catálogo de esta bodega que comprende tanto vinos blancos y tintos, como espumosos, un tostado y licores.
Pregunta. ¿cómo nació su vocación por el vino?
Respuesta. Es cierto que tengo antecedentes familiares, pero no puedo presentar esa imagen tan bucólica como para decir que me crie entre viñas. Mis padres no tenían nada que ver con el mundo del vino y ni siquiera mis abuelos. Tengo que remontarme a mis bisabuelos maternos, la familia Gurriarán en Valdeorras para encontrar la primera rama vitivinícola de mis ancestros. Ellos elaboraban vino a finales del siglo XIX y principios del veinte y todavía conservo aparatos y libros de aquellos tiempos. Quizá por ahí me vino la vena. A pesar de que mi abuelo Manuel Castro, sí que tenía viñas y elaboraba vino para casa, como tantos otros aquí en Galicia. Pero digamos en que en la parte profesional la cosa vino por parte de madre.
P. Así que algo de influencia familiar hubo.
R. También ayudó que cuando estaba estudiando ingeniería técnica agrícola en Lugo tenía un compañero que su padre era uno de los grandes enólogos de Galicia en su tiempo, Federico Ponce, una de las referencias, sobre todo en las décadas de 1970 y 1980 y cuando todavía éramos estudiantes íbamos a trabajara con él durante las vendimias. Primero solo en el laboratorio y ya con el título bajo el brazo nos echamos a la carretera e íbamos a las bodegas a seguir la elaboración de los vinos bajo los dictados del enólogo jefe. Y así fue como descubrí ese misterio que representa la transformación de la uva en vino. Cuando entras en este mundo, ya no quieres salir.
P. Federico Ponce creó toda una escuela de enólogos.
R. Y tanto. Trabajé varios años con él en su asesoría técnica, en los primeros tiempos en los procesos durante la vendimia y posvendimia. El siguiente paso fue trabajar para el grupo Bodegas y Bebidas, que en aquel momento tenía bodegas como Campo Viejo, Siglo en Rioja y que en Galicia poseían Pazo de Villarei en Rías Baixas y Alanís en el Ribeiro Esto fue alrededor de 1999. El grupo fue adquirido por Alliad Domecq en 2001, creo recordar y todavía estuve con ellos un tiempo, hasta noviembre de 2002, que fue cuando empecé a trabajar en Viña Costeira, una vez que había finiquitado la vendimia de ese año en Pazo Villarei y Alanís. Y desde entonces, aquí estoy.
P. Además de faenar por bodegas y viñedos del Ribeiro, ¿se movió por otras regiones vinícolas?
R. Al principio, hablo de la década de 1990, Ribeiro, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Monterrei, Bierzo… incluso en el chacolí de Vizcaya. El primer año que fui al País Vasco iba casi obligado, pero en cambio, el segundo año ya lo pedí yo.
P. En todos esos años, más de treinta, usted ha sido testigo de la gran transformación que se produjo en la viña y el vino en Galicia, sobre todo en el Ribeiro.
R. La verdad es que fue todo un renacer para el Ribeiro. Viví esa transformación con la que se fue sustituyendo la variedad palomino, que era la mayoritaria en el viñedo de esta denominación de origen, por la treixadura, albariño, godello, torrontés… Veías como los viticultores iban arrancando las cepas de palomino para sustituirlas por variedades autóctonas. El punto de inflexión fue el año 2011. El año de la gran cosecha de Galicia y al mismo tiempo el primero en el que las variedades autóctonas ya le estaban comiendo el terreno al palomino. Fue el renacer del ave fénix del Ribeiro.
P. ¿En qué sentido?
R. Bueno, el palomino es una variedad muy productiva que da vinos muy correctos que bien elaborados hacen un vino estupendo para el día a día, pero si quieres dar un paso más, sobre todo hacia la senda de la calidad, tienes que ir a las variedades autóctonas. Y Viña Costeira fue pionera, regalando cepas de variedades autóctonas a sus viticultores para que replantasen y gracias a esa y otras iniciativas hoy somos lo que somos: las uvas autóctonas dominan abrumadoramente y los vinos de calidad del Ribeiro se encuentran presentes no solo en todos los mercados, también en las cartas de los mejores restaurantes. Hoy todo el mundo identifica el Ribeiro a un vino blanco de calidad. Hace 25 años no era así.
P. Imagino que además de la uva hubo otros factores determinantes.
R. Fue una confluencia de muchos factores. Las uvas, la tecnología, el esfuerzo de las bodegas y el conocimiento, porque por el camino también hemos ido mejorando nuestra manera de trabajar, hemos ido afinando. Por eso cada año se pueden hacer mejores vinos y no me cabe la menor duda que es cierto de que la última cosecha siempre es la mejor, aunque a veces lo digamos medio en broma.
P. ¿Qué se siente al ser considerado el mejor enólogo de España?
R. Una gran satisfacción y un enorme agradecimiento. También es cierto que, si bien es un premio individual, a un enólogo, desde mi punto de vista se concede a un equipo. Al menos es como yo lo interpreto. Porque yo no soy nada sin los viticultores, sin el equipo de bodega, sin la propiedad y más en un caso como el nuestro que, al tratarse de una cooperativa, la propiedad son los viticultores.
P. Lleva usted sobre la espalda muchos premios a muchos vinos elaborados bajo su dirección, tanto clásicos como Costeira, Colección 68 como otros que usted ha creado, como tamborá o el más reciente, Nemiña.
R. Además, Nemiña ganó el gran baco de oro a la mejor nueva marca.
P. ¿Es importante innovar?
R. Sí. Llevamos varios años innovando bastante. De hecho, dentro del plan estratégico de Viña Costeira hay un capítulo importante dedicado a la innovación y es raro el año que no sacamos una nueva marca al mercado, tanto marcas propias, hechas aquí en el Ribeiro, como en Valdeorras o en bodegas con las que colaboramos. Es el caso de dos de Rías Baixas y no descartamos colaborar con otras bodegas de otras zonas. Desde mi punto de vista resulta imprescindible. Nuestro Costeira está ahí, todo el mundo lo conoce, pero esas nuevas marcas, aunque sean en cantidades más reducidas, a veces incluso parecen pequeños experimentos, ayudan mucho tanto para la imagen de la bodega como para vender porque es una forma de demostrar que este es un proyecto vivo y en constante evolución.
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