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nha vida de Ultratumba” es el proyecto artístico que incluye una exposición fotográfica y un fotolibro sobre la figura y obra de Chus Taboada, vocalista de las bandas de punk gallegas Voces de Ultratumba y La Traición y realizadora del Fanzine Escupe. “El punk es una forma de enfrentarse a la vida. Romper moldes desde el ‘se supone que’ para quedarse donde uno quiere estar, aunque los demás solo puedan observarlo con repulsión o admiración”, alega Maritxu Alonso, creadora responsable de una iniciativa a través de la cual se pone en valor la figura de una pionera del punk como es Taboada y la de todas las mujeres que participaron en el género y que, machismo de por medio, quedaron en el ostracismo.
¿Por qué elegiste la figura de Chus Taboada para tu proyecto?
Porque al observar a Chus, una mujer tan activa en su época no solo con sus bandas Voces de Ultratumba y La Traición sino también como realizadora del Fanzine Escupe y organizadora de conciertos, me vi reconocida en ella, ya que también hago fanzines, organizo eventos y toco punk. Supongo que para ella el encuentro supuso el descubrimiento de otra generación más joven con las mismas inquietudes. Ese espejo fraguó una sólida amistad que dio lugar al proyecto “Unha vida de Utratumba”, donde a través de una extensa investigación en su archivo personal pudimos unir la fotografía y la palabra en un acercamiento intimista a su vida y obra.
¿Es una contradicción que el rock, con el mensaje que conlleva, haya discriminado nada menos que en los subversivos 80 a la mujer?
El machismo en la música, sobre todo en aquellos géneros que han enarbolado mensajes reivindicativos y rupturistas con el statu quo como el rock y el punk, conlleva una gran contradicción. Los manuales de la historia de la música que nos obligan a memorizar de carrerilla en el sistema educativo solo nos mencionan la historia que realizaron los hombres, pero no las mujeres. Las disidencias, es decir, las mujeres y todo el colectivo LGTBIQ+, a pesar de los impedimentos sociales, también hemos luchado por ocupar nuestro espacio y hemos creado, tocado y gritado, aunque nadie se haya interesado por registrar nuestras experiencias político-sonoras. Hoy en día continuamos teniendo que demostrar que podemos ser técnicamente más virtuosas y aún es un reto que se nos respete simplemente por ser mediocres; porque claro, también tenemos derecho a tocar y a hacerlo mal, como hacen millones de hombres día a día en los escenarios sin que nadie les diga nada.
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