LA REVISTA
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Recuerdo este restaurante desde principios de la década de 1980. Se encuentra subiendo el monte de la Guía y domina desde su terraza buena parte del perfil de la ciudad de Vigo y su zona portuaria. Además de para comer, sirve para ver la evolución del urbanismo canalla, tan propio de Vigo y que consiste en que pese al desarrollo urbano en anfiteatro, los edificios se quitan las vistas unos a otros y a los miradores públicos. El ejemplo más reciente (y ridículo) lo tenemos en la estación de Urzaiz. Pese a que se soterraron las vías, el edificio le quita las vistas a los paseantes de la Vía Norte. Pero aquí venimos a hablar de restaurantes y Richote tiene esa virtud de servir de lugar para ver crecer la ciudad y, de paso, disfrutar de una cocina tradicional sin grandes complicaciones pero bien elaborada. Calamares, pulpo, chipirotes... lenguado, merluza, bacalao, que fue lo que comí yo y estaba bueno y bien presentado, y diferentes especialidades de carne, pasadas por la plancha o la parrilla, como la que tomó mi acompañante. Raciones, extraordinaramente abundantes. Tanto es así, que si se comparte un entrante y se toma un segundo, ya no queda hueco para el postre. Así que, hay que elegir. O primero o postre, o se comparten primero y segundo para hacer hueco para la sobremesa.
El servicio es muy amable y rápido y, si bien el comedor no destaca por ninguna cualidad especial, sí vale la pena su terraza en la que hay varios reservados cubiertos, por lo que resulta casi imprescindible reservar. En estos últimos días del verano y primeros del otoño resulta una opción muy interesante y a precio razonable.
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