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RECUPERACIÓN DE CULTIVOS TRADICIONALES
Galicia posee un enorme patrimonio varietal tanto hortofrutícola como de cereales y otros vegetales. Como sucedió con las razas autóctonas ganaderas, fueron perdiendo terreno por la implantación de variedades foráneas, mucho más productivas. El CIAM (Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo) de la Xunta preserva en su banco de germoplasma de Galicia ese patrimonio y se ocupa de que esas variedades que antes poblaban el campo gallego sigan vivas. Sementares, un proyecto nacido en otoño de 2021, es la única empresa gallega que se dedica a producir semillas de variedades locales. Aunque en el inicio su pretensión era trabajar con cuatro o cinco variedades hortícolas, cuatro años después cuentan con un extenso catálogo que incluye variedades autóctonas de trigo, maíz, tomate, cebolla, pimiento, patata… Sementares desarrolla su actividad por toda Galicia. Tiene la sede social en A Coruña, laboratorio, cámara y planta de envasado en Brión y almacén de cereales en Xinzo de Limia.
Fernando Pereira (Cáceres, 1980) es el director técnico de Sementares. Extremeño de nacimiento, vive en Galicia desde los cinco años. Doctor ingeniero agrónomo por la Universidad de Santiago, estudió la carrera en el Campus Terra, de Lugo. Su trayectoria profesional siempre estuvo vinculada a las variedades locales. Primero, con los trigos autóctonos para la elaboración de pan gallego, luego con la patata de siembra. “Me siento un privilegiado porque me ha tocado estar siempre al lado del agricultor que es para mí el centro del conocimiento. Con ellos fue con quienes más he aprendido, aprovechando la base que me dio mi formación universitaria”, explica Fernando Almeida.
Almeida subraya la importancia que tienen centros de investigación como el de Mabegondo en la preservación de las variedades locales, gracias a su banco de germoplasma, pero entiende que la manera de que esas variedades sigan vivas es en las fincas de los propios agricultores. “Lo más importante para mí es que las semillas se vendan, se revaloricen desde el agricultor al mercado.”
La gran ventaja de las variedades locales es, según Fernando Almeida, que mantienen intactos los genes que expresan aromas y sabor. “Las casas comerciales han priorizado el rendimiento agrícola, la conservación, para que se mantenga mucho tiempo en el lineal de los supermercados. Pienso, por ejemplo, en el tomate. Las variedades tradicionales de Galicia de tomate tienen la piel más blanda y una vida útil muy corta, lo que casi obliga a comercializarlas en un mercado local, pero ese hándicap lleva parejo que se conserven esos genes que dan unas mejores cualidades organolépticas. Hoy hay una mayor demanda de productos de la huerta que sepan como antes, de ahí que las casas comerciales intenten ahora revertir ese proceso que supuso la pérdida de aquellas cualidades”.
Recuperan la col coube de Ourense, el millo negro de Oubiña y la cebada en A Limia
Aroma y sabor no son las únicas cualidades de las variedades gallegas, según el director técnico de Sementares. “Nos encontramos con tomates, cebollas, brassicas (grelo, repollo, col), que están mejor adaptadas a las condiciones climáticas de Galicia porque si llevan generaciones cultivándose en este entorno es porque les han funcionado a los agricultores. En el caso de las brassicas que nuestros agricultores dicen que toleran mucho más las enfermedades fúngicas que otras híbridas que están en el mercado.”
Entre sus hortalizas destacan ocho variedades autóctonas de pimientos que cubren una amplia variedad de tipologías: los pimientos de Arnoia (verdón longo), Oímbra (amarelo doce), Couto (martiño, y Couto grande) o el de Guláns, son algunas de las ocho variedades que comercializan. “Trabajamos las variedades amparadas por las IGP, pero también otras como el pimiento de Guláns, que es el lamuyo gallego, muy carnoso y versátil en sus aplicaciones gastronómicas, que está teniendo mucho éxito por esa razón”, comenta Fernando.
En el género de las brassicas, destacan la col coube de Ourense, repollo de Bergantiños, la berza da Mariña y el grelo de Ordes, el más productivo por poseer un ciclo más largo. “Produce mucha nabiza y tiene la ventaja de que genera los grelos cuando ya no hay en el mercado, a finales de abril y mayo”, aclara Almeida, quien además apunta que se trata de variedades que tienen un elevado contenido de antioxidantes y glucosinolatos que los hacen muy importantes en la dieta por sus propiedades antioxidantes e incluso anticancerígenas. “No solo hablamos, pues, de sabor y aroma o de que estén mejor adaptadas a su cultivo en nuestro territorio. Son variedades que tienen propiedades funcionales, pues inciden favorablemente en la salud.”
Fernando Almeida había iniciado su actividad profesional trabajando con una asociación de agricultores de Xinzo de Limia con el trigo de la variedad callobre que demandaba la asociación gallega de panaderos para elaborar el pan tradicional gallego. Xinzo sigue siendo una de las comarcas agrícolas en las que desarrollan su actividad. Uno de los proyectos más relevantes llevado a cabo en A Limia fue el desarrollo de un proyecto de cebada cervecera con Estrella de Galicia y 17 agricultores de A Limia, con los que lograron la producción de 700 toneladas de cebada de alta calidad destinada a la producción de cerveza cien por cien gallega.
El desarrollo de proyectos en colaboración con empresas gallegas es otra de las facetas en las que se mueve Sementares. “Además del proyecto con Estrella de Galicia, tenemos colaboraciones con la conservera A Rosaleira y el grelo Ordes, Molino del Abuelo con el que llevamos a cabo un control de calidad del trigo panificable gallego desde la siembra y realizamos la evaluación de proteína, gluten, fuerza panadera y parámetros alveográficos que garantizan un pan de alta calidad. Con Patatas Meléndez realizamos producción de semilla certificada de patatas de las variedades Kennebec y Fina de Carballo, en terrenos controlados, libres de enfermedades para garantizar la calidad sanitaria y comercial.” En la actualidad es la única empresa en Galicia que produce patata de siembra certificada de las dos variedades de patata blanca que están autorizadas por la IGP Patata de Galicia.
Tomates, cebollas, grelos, repollo, pimientos… Galicia tiene un patrimonio vegetal propio que ahora vuelve al mercado gracias a la iniciativa de Sementares, una empresa fundada en 2021 que está incorporando cada año semillas de más hortalizas y cereales de variedades locales que habían desaparecido del mercado y vuelven a estar a disposición tanto de los agricultores profesionales como de aquellos que cultivan su huerto para autoconsumo.
En un contexto global de homogeneización varietal, la labor de Sementares representa un modelo de innovación desde la tradición, cuidando el pasado para asegurar un futuro agrícola resiliente, diverso y de calidad. “No solo somos productores de semillas, somos una iniciativa de gran valor estratégico, social y económico para Galicia porque contribuimos a la recuperación de la biodiversidad agrícola, fomentando la soberanía alimentaria de Galicia, la revalorización de productos de alta calidad gastronómica y nutricional, algunos de ellos reconocidos con el amparo de indicaciones geográficas protegidas y con ello estamos apoyando una agricultura que genera empleo rural cualificado porque trabaja con variedades que tienen un mayor valor económico”, defiende Fernando Almeida. Considera que el futuro agrícola de Galicia pasa necesariamente por la apuesta por sus variedades locales, aunque reconoce que todavía queda camino por recorrer, como por ejemplo, conseguir que estos productos de altísima calidad tengan la distribución adecuada para que llegue a todos los consumidores.
“Tenemos los mejores agricultores de España. En eso Galicia puede sentirse orgullosa y estamos viendo que, afortunadamente, hay zonas como en A Limia, en las que empieza a verse relevo generacional, con jóvenes muy ilusionados por desarrollar una agricultura más sostenible y de producción local. Pero Galicia tiene también un alto número de personas que practican la agricultura como hobby en sus huertos particulares y ellos también pueden beneficiarse del cultivo de estas variedades. De hecho nuestras semillas están presentes cada vez en un mayor número de agros para llegar a ese sector”, concluye Almeida. El cultivo de autoconsumo es, tal vez, una de las prácticas más arraigadas en el rural de Galicia y muchas de las variedades que se daban por extinguidas sobrevivieron gracias a esos agricultores aficionados.
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