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GRAN IMPORTANCIA ECONÓMICA
El 27 de julio de 1945, una semana después de haber sido nombrado ministro de Agricultura, Carlos Rein firma la orden por la que se declara protegida como denominación de origen el nombre geográfico de Valdeorras. El 2 de agosto se publica dicha orden ministerial que da un plazo de quince días para la constitución del consejo regulador y tres meses para que se realice el estudio correspondiente al área geográfica, características de los vinos, variedades de uva, etcétera. Al año siguiente, hace ochenta, saldrá la primera cosecha amparada por la denominación de origen Valdeorras. El primer presidente de la DO será el ingeniero jefe de la Jefatura Agronómica de Ourense por decisión del ministerio. La democracia llegaría después a la elección de los miembros del consejo regulador. En la actualidad su presidente es Marcos Prada Ginzo, gerente de Adega Melillas.
Valdeorras se convierte así en la segunda denominación de origen protegida de Galicia, tras el Ribeiro, que la obtuvo en 1932. Pero adelantó a la decana de las regiones vinícolas gallegas a la hora de tener aprobado el reglamento oficial. Ambas lo consiguieron por sendas órdenes ministeriales del 31 de julio de 1957, pero el de Valdeorras fue publicado siete días antes en el Boletín Oficial del Estado, el 29 de agosto de ese mismo año.
El paisaje nos revela una historia milenaria dedicada al cultivo de la vid en Valdeorras. Hace ochenta años salía la primera cosecha amparada como denominación de origen protegida. Ocho décadas de largo camino hacia lo que hoy es un éxito indiscutible gracias a una variedad que salvaron de su extinción hace más de medio siglo. 42 bodegas, cerca de un millar de viticultores y 1.200 hectáreas de viñedo hacen posible ese éxito gracias también al duro trabajo de sus predecesores.
Estas fechas, sin embargo, no suponen el punto de partida de Valdeorras, pues el cultivo del vino y su reconocimiento como región vinícola ya venía de antiguo. Los bancales de O Bolo lo acreditan, al igual que los lagares rupestres de Larouco, las bodegas en cuevas de A Rúa, Vilamartín, Larouco, O Barco… Todo ello nos habla de una tradición vitivinícola centenaria, incluso milenaria, que vivió momentos de esplendor y de tragedia, a veces en la misma década, como ocurrió en el siglo XIX, cuando los vinos de Valdeorras llegaban a toda España a través del ferrocarril, los espumosos, tintos y tostados ganaban medallas en las exposiciones internacionales, en la década de 1880, la misma en la que empezó a colarse la filoxera causando un drama terrible en un cultivo que ya entonces tenía una gran importancia económica en la región.
Las cooperativas vitivinícolas tuvieron una gran trascendencia en el desarrollo de la viticultura a partir de la década de 1960. Jesús Nazareno, la de O Barco, que hoy conocemos como Vinos Barco, fue la primera, constituida en 1958, sacó su primera cosecha en 1962. Es la única que sobrevive. En 1963 se constituyó Nuestra Señora de Los Remedios de Larouco, que cerró la pasada década y en 1964, Virgen de las Viñas, de A Rúa que en 2024 dejó de recibir uva. Son años en los que la superficie dedicada a viñedo en Valdeorras supera las siete mil hectáreas y la producción de vino es mayoritariamente tinto. “Hablamos de una época en la que el vino era considerado un alimento y lo que se priorizaba era la cantidad y eso se conseguía con el cultivo de variedades de corte mediterráneo, como la palomino y garnacha, que habían llegado después de la filoxera”, explica Jorge Mazaira, director técnico del consejo regulador de Valdeorras desde hace treinta años. Palomino y Garnacha eran entonces las variedades más cultivadas en Galicia por su alto rendimiento por hectárea y su resistencia a las enfermedades. Ese modelo productivo de mucho vino a bajo precio se sostendría hasta la década de 1990 en Galicia. Pero en 1974 se produjo en Valdeorras lo que Mazaira considera la gran revolución en la viticultura. “El plan de Reestructuración del Viñedo de Valdeorras, conocido como Plan Revival, supuso un cambio de paradigma, porque planteó la recuperación de variedades de mayor valor, que habían casi desaparecido después de la filoxera. Y entre ellas, la apuesta se decantó por la godello. Fue una apuesta muy arriesgada”.
El Plan Revival se desarrolló por iniciativa de Horacio Gómez Presa, entonces responsable de área en la oficina de Extensión Agraria de O Barco. La presencia del godello en el viñedo valdeorrés era ínfima: menor del 0,005 por ciento de superficie cultivada. En la vendimia de 2025, representó el 95 por ciento de las variedades blancas y alrededor del 80 por ciento de la totalidad. Para llegar a este triunfo indiscutible del godello, Valdeorras llevó a cabo una larga transición a lo largo de más de cincuenta años. “Piensa –explica Mazaira–, que en la década de 1970 el cultivo de uvas tintas representaba casi un ochenta por ciento. No por una decisión de los viticultores de Valdeorras, sino porque era lo que reclamaba el mercado en Galicia, en España y me atrevería a decir que en todo el mundo. Primero con el predominio de la garnacha tintorera, luego se fueron incorporando variedades autóctonas como la mencía. De hecho, la primera gran reconversión que se hace en Valdeorras es con la extensión de la mencía, porque el mercado empezaba a demandar tintos más sutiles.” La cooperativa de A Rúa será la pionera, al lanzar al mercado en 1982 el primer monovarietal de mencía, Pingadelo.
Los tintos de Valdeorras empiezan a cosechar premios. El director técnico del consejo regulador, Jorge Mazaira recuerda el papel que en ese movimiento tuvieron las cooperativas. “Medulio”, elaborado por la cooperativa de Larouco fue el uno de los primeros tintos en alcanzar un Acio de Ouro en una cata de vinos de Galicia. “Menciño”, de la Cooperativa de O Barco, ganó el Acio de Ouro al mejor tinto de Galicia en 2019. En ese primer puesto del podio también estuvieron “Alán de Val” (2024), Joaquín Rebolledo (2008 y 2012) y Quinta da Peza (2014).
Poco a poco el blanco se fue imponiendo, pero en 2000 todavía dominaban las variedades foráneas: palomino y garnacha tintorera representaban el 60 por ciento de la producción, con 4,5 millones de kilos, pero la godello ya superaba 1,6 millones de kilos y la mencía se acercaba al millón. En 2011 la godello alcanza los 2,7 millones de kilos y la mencía, 2,2 millones, frente a los 900.000 kilos de palomino. En 2024 la godello supera por primera vez la cifra de los seis millones de kilos.
Al buen rumbo que ha llevado Valdeorras a lo largo de estos años han contribuido muchas personas. Desde el médico y viticultor José Núñez Núñez, que fue uno de los que contribuyó a la implantación del injerto sobre pies de vides americanas, resistentes a la filoxera y así recuperar la viticultura valdeorresa, hasta “cientos de viticultores anónimos que han hecho posible la gran revolución del viñedo con la plantación de variedades autóctonas”, subraya Mazaira, un esfuerzo en el que también hay que situar a bodegueros que fueron pioneros en esa tarea, como el propio Horacio Fernández, los hermanos Guitián y Joaquín Rebolledo, por citar algunos.
En 1974 la uva godello representaba menos del 0,005 por ciento de la superficie cultivada
La calidad de los vinos de Valdeorras, llamó la atención de expertos enólogos y viticultores que apostaron por tener aquí sus bodegas y viñedos como Telmo Rodríguez y Rodrigo Ordoñez, o Rafael Palacios que no solo adquirió viñedos y fundó bodega sino que también se estableció en Valdeorras. Tras ellos vinieron grupos bodegueros de Ribera del Duero y Rioja, unos creando nuevas bodegas, otros, comprando instalaciones y marcas ya existentes. Si estas incorporaciones pudieron causar algún recelo inicial en los viticultores y bodegueros valdeorreses, pronto desapareció por su importante aportación, tanto en la sustitución de un relevo generacional insuficiente como en la apertura de nuevos mercados internacionales que aseguraron gracias al desarrollo de una política comercial que venía respaldada por grandes grupos ya consolidados.
Valdeorras es hoy una denominación de éxito, gracias al tirón del godello, una variedad que cultivan con mimo.
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