Verín y Monterrei, paraíso de agua y vino
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Un paraíso natural regado de agua y vino. La comarca de Verín extiende su territorio por ocho municipios, atravesados por el camino mozárabe y el Támega y otros ríos que forman parte de la Cuenca del Duero
Verín, Monterrei ¿Cuál de los dos municipios da nombre a estas tierras de arraianos, de aguas minerales y de buenos vinos? La comarca recibe el nombre de Verín y la denominación de origen, Monterrei. La verdad es que es un detalle de muy poca importancia porque resulta imposible hablar de Monterrei y olvidar Verín, o viceversa. Los vínculos que hay entre ambos van más allá de la mera vecindad, están arraigados desde hace muchos siglos.
Hay quienes sostienen que Viriato, el pastor lusitano que plantó cara al imperio romano en Portugal, a costa de su vida, era natural de Verín. Es una leyenda, sin dudas, porque no se sabe donde había nacido. Pero ha dado pie a que haya una calle en Verín que lleve su nombre. La historia, sin embargo, ha sido tan pródiga en hechos y personajes en esta comarca que no se necesita de mitos para engrandecer su pasado.
Atento a todo cuanto acontece, desde un promontorio, se yergue el castillo de Monterrei. No es solo su construcción medieval la que le da valor artístico y monumental. Es su historia. Una historia vinculada a los condes de Monterrei y a una larga lucha, unas veces para defender la integridad de la frontera con Portugal, otra para defender la integridad del patrimonio de la propia estirpe. Que era una casa rica e influyente lo acreditan dos hechos: la llegada de la imprenta de la que salió el primer libro impreso en Galicia en 1494 y la fundación del colegio de los jesuitas en 1556, tan solo ocho años después de que la orden de San Ignacio de Loyola crease su primer centro docente en el mundo. El colegio de los jesuitas aspiró a ser universidad, aunque sus pretensiones fueron frenadas por la mitra compostelana. Llegó a tener más alumnos que la Universidad de Santiago y entre ellos se cuenta que estuvo Miguel de Cervantes. Antes que los jesuitas ya tenían convento en esta fortaleza los mercedarios, que se instalaron en ella en 1484, pero se trasladaron a Verín en el siglo siguiente.
El castillo, hoy convertido en Parador conserva buena parte de sus edificaciones: la iglesia, el palacio, el recinto amurallado, el palacio… su silueta sigue destacando por su magnificencia en el paisaje del valle. Es sin duda la gran joya arquitectónica de Monterrei, pero no la única. A poca distancia en coche se encuentra la pequeña iglesia de Santa María de Mixós, que encuentran los peregrinos de la Vía de la Plata que siguen a Ourense por la variante que va desde Verín a Laza. Mixós se encuentra en la parroquia de San Mamede y lo que vemos hoy es un pequeño templo de una nave, aunque originariamente era de tres. Su construcción siguió las líneas del prerrománico asturiano cruzado con mozárabe y el visigodo.
Los balnearios
Monterrei también tuvo su esplendor termal, gracias al Balneario de Requeixo, que se encuentra en Vilaza, que cerró en 1961. Sus aguas, bicarbonatado sódicas tienen el mismo origen que las de Verín, Chaves, Vidago y Pedras Salgadas, la falla do Corgo, que discurre como un río subterráneo siguiendo en algunos tramos en paralelo al Támega.
Requeixo es el único balneario de Monterrei, pero Verín añade otros cuatro al patrimonio termal de la comarca. Sousas fue el primero. El Conde de Amarante, construye un pabellón de bebida en su manantial en 1815 y en 1859 obtiene la declaración de utilidad pública. Las Aguas de Verín, que era como se llamaban entonces contaba con médico director que compartía con el balneario de Caldeliñas, fueron las dos primeras instalaciones. Les siguió las de Fontenova, cuya declaración de utilidad pública se materializa en 1904 y ya en 1906 obtendrían similar declaración las fuentes de Cabreiroá. José García Barbón, convirtió esta última en el gran balneario de Verín, con pabellón de bebida, hotel, un espléndido jardín (todavía se pueden visitar sus instalaciones y la zona verde) y el único tranvía que hubo en Galicia de “tracción a sangre”, tirado por mulas. El agua convirtió a Verín en una villa floreciente que albergaba cientos de agüistas durante la temporada y llenaban sus pensiones y hoteles. Hoy la riqueza del agua no se ha ido, gracias a que siguen abiertas las plantas de embotellado de sus principales manantiales.
Verín es la cabecera de la comarca y su principal centro de servicios y actividades. Un paseo por sus calles nos dará pistas sobre su pasado histórico. El Támega cruza su núcleo urbano y le da un aspecto señorial que se ve reforzado por una arquitectura urbana muy poco rural. Casas blasonadas como la Casa del Escudo, edificios singulares como la Capilla de San Lázaro, que fue hospital de peregrinos, o el convento de los Mercedarios.
El vino
Pero la comarca de Verín abarca un territorio mucho más amplio que estos dos municipios: Castrelo de Val, Laza, Cualedro, Riós, Vilardevós y Oímbra. Comarca y denominación de origen comparten el mismo número de municipios. El vino, como el agua es otra de las señas de identidad de esta tierra en la que el Támega nos recuerda que estamos en la cuenca del Duero. Y no es casualidad que mucha gente defina los vinos de sus viñedos como la Ribera del Duero gallega, sobre todo por la extraordinaria calidad de sus tintos, aunque las modas actuales le den más protagonismo a los blancos en los que domina la uva godello.
Aunque la DO Monterrei es la más joven de las gallegas, una entidad treintañera, la viticultura es una actividad secular.
La ruta de los lagares rupestres que se puede seguir en Oímbra es un buen testimonio de ello. En el itinerario se pueden visitar ocho lagares y una bodega. Y es muy probable que la viticultura de Monterrei llegase a América de manos del V conde de Monterrei cuando fue nombrado virrey de Nueva España. De hecho, coincide su llegada al virreinato con la fundación de la bodega más antigua de América en su territorio, Casa Madero en Coahuila.
La denominación de origen tiene dos subzonas: el valle y la ladera. En la primera, la de las tierras más llanas, el viñedo es el cultivo dominante, pero no el único. También encontraremos cereales y patatas en Castrelo de Val y productos de la huerta en Oímbra. Una huerta en la que destacan sobre todo sus pimientos autóctonos, de color verde pálido, que van tirando al rojo a medida que el verano se acerca al otoño, sabrosos y carnosos. En la ladera, hasta adentrarse en las áreas más montañosas, el bosque toma el relevo a la agricultura y los castaños son sus principales pobladores.
También es una comarca rica en ríos. El Támega, que nace en el Alto do Talariño, cerca de Alberguería, en Laza, es el principal. Sus casi 40 kilómetros de recorrido gallego discurren por la comarca, cruzando Laza, Castrelo de Val, Monterrei, Verín y Oímbra. Pero hay más. Casi todos, salvo el Camba, que nace en Castrelo de Val, y acaba tributando al Sil y al Miño, son afluentes del Douro o entregan sus aguas a afluentes de este río ibérico en su curso portugués, como el Mente, el Arzoá, el Arzádegos… Todo este paisaje define también la gastronomía que se puede degustar. Una gastronomía de montaña e interior pero a la que las buenas comunicaciones con la costa le aportan pescados y mariscos que llegan a las pocas horas de su subasta en las lonjas.
Las rutas de senderismo son numerosas. Desde la Ruta del Contrabando de Vilardevós a la de Os Carboeiros en Castrelo de Val. Por no mencionar el Camino Mozárabe o de la Vía de la Plata con todas sus variantes.
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