La conexión de vegetación sin control y clima seco favorece los incendios, coclusión de la jornada en Larouco
ECOBAS
Larouco reunió un grupo de expertos para analizar los fuegos estivales
Las causas de los incendios -desbroces, quemas intencionadas o cualquier otra- pasaron a ser secundarias cuando se conectan las energías verde, o de la vegetación, y la de la atmósfera, como resultado del cambio climático. Lo apuntó el ingeniero forestal Juan Picos momentos antes del comienzo de “Ciencia e comunidade. Arredor do lume na Zona 0. Impacto dos incendios forestais”, una jornada que organizaron el Concello de Larouco y Ecobas, colaborando la Universidade de Vigo, Ecoluris y la Xunta. Comenzó apuntando que las más de 30.000 hectáreas que ardieron en el incendio de Larouco lo sitúan como el más grande de Galicia, pero hubo otros peores. Recordó que en Bolivia llegó a arder un millón de hectáreas y que en Portugal, este año, el fuego arrasó 60.000.
“Se a enerxía verde está disponible pola meteoroloxía e a atmósfera tamén, esta conexión xera incendios moi enerxéticos”, explicó. Seguidamente, expuso otro factor que influyó en el incendio de Seadur (Larouco): la proximidad del fuego a los núcleos urbanos. “Os medios de extinción teñen que deixar o seu traballo normal e defender os núcleos”, dijo y añadió que “todos estes factores agrupáronse para xerar un escenario como o que vimos”.
Entre las medidas preventivas cabe reseñar que las zonas con viviendas no deben retraer recursos de los incendios y también “entender ben este tipo de lumes”, según indicó el ingeniero forestal. Recordó que en agosto “había zonas con moitos cortalumes que estaban nunha realidade que non son os incendios nos que estamos”.
Arrastres
Una de las consecuencias de los incendios son los problemas que los arrastres de terreno y ceniza causan en las traídas de agua. “Estamos en una zona especial de Galicia. La pluviometría está entre 700 y 1.000 litros al año y si es suave tiene riesgo pequeño, pero si caen lluvias pronunciadas hay un problema de erosión, sobre todo por el arrastre, y si la mezclamos con la ceniza tenemos un grave problema”, apuntó Rafael Carrera, creador de la asociación de traídas de aguas Coxapo.
En Valdeorras, la mayoría de los acuíferos son superficiales y la zona posee una hidrología muy especial. “Es una zona de clima atlántico-medierráneo”, añadió Carrera, quien indicó que, si a esa circunstancia, se le suma las consecuencias de los incendios, los riachuelos estarán más secos y la erosión será más profunda, por lo que apuntó que “hay que buscar soluciones de aguas subterráneas”, perforando pozos. También destacó la importancia de acolchar el terreno con paja, o “mulching”, pues “evita la erosión y, si hay raíces, se van a alimentar de lo que hay debajo. Las raíces son un filtro natural”.
La directora científica del centro interuniversitario de economía y empresa Ecobas, María Loureiro, definió el objetivo de la jornada: “Reflexionar sobre la actuación y resiliencia para evitar las consecuencias en un futuro”. A su vez, María Isabel Doval, investigadora del Campus de Ourense de la Universidad de Vigo, comentó que la iniciativa buscó analizar los “impactos físicos dos incendios forestais de Galicia, pero sobre todo de Larouco e non só a nivel degradación do chan, da erosión e da perda de biodiversidade, senón tamén ver cómo afectan hidrolóxicamente e a atmósfera. Estamos falando dunha nova xeración de grandes lumes” que afectan “á saúde, non só física, tamén emocional”.
La alcaldesa, Patricia Lamela, explicó que “case todo o monte que ardeu é privado e hai pouco que facer desde o Concello”, abogando por “avisar aos veciños de que hai que cortar os pinos. Imos ser máis duros coas franxas das carreteiras para os cortalumes”.
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